Pandoras Invisibles

El movimiento forma parte intrínseca del ser humano y  la libre circulación es uno de los derechos fundamentales nacidos del espíritu de supervivencia.

“Moverse es algo natural para nuestra etnia. Ni siquiera durante la colonización francesa dejamos de movernos buscando espacios mejores. Hemos recorrido desiertos una y otra vez. Buscábamos sal, agua, ganado. Después volvimos a movernos hacia el trabajo en las plantaciones. El movimiento forma parte de la costumbre. Mi sobrino viajaba buscando algo mejor, también decía que buscando libertad”, declara un familiar de uno de los desaparecidos en el Mar de Alborán.

El 29 de agosto sobre mediodía recibo una llamada. Al otro lado del teléfono una persona me informa que el 28 sobre las diez de la noche hora española,  una zódiac con 37 personas, entre ellas cuatro mujeres, había salido desde las costas próximas a Alhouceimas con destino a Andalucía.

Tres días después y con un dispositivo de rescate que ha buscado exhaustivamente en zona española y  marroquí, nada se sabe de los desaparecidos.

La mayoría de ellos procedían de Costa de Marfil y viajaban con su estatuto de refugiado envuelto en plástico para protegerlo del mar.

Otros provenían de Mali y Guinea. Uno de ellos era enfermero y dejaba su dossier de notas a buen recaudo con las instrucciones de enviárselo cuando estuviese en España.

Dos de las cuatro mujeres estaban embarazadas y harían dieciocho años en los próximos meses.

Un día antes, 57 inmigrantes subsaharianos y de Bangladesh estuvieron a punto de ahogarse cuando la zodiac había zozobrado. Fueron rescatados por dos barcos, que les encontraron sobre la embarcación que ya se había dado la vuelta. Algunos se hallaban con el agua al cuello y el resto comenzaban a sumergirse mientras la patera se hundía rápidamente. Ellos tuvieron suerte y su vida se salvó por minutos.

Del grupo, 10 fueron trasladados a Melilla y 47 a Alhuceimas, desde donde sufrieron inmediatamente una deportación al desierto.

El dolor y la incertidumbre son los efectos directos de la tragedia sobre los familiares y amigos.

El miedo y la pesadumbre son los efectos colaterales que se extienden a toda la comunidad migrante.

Al shock que se produce tras un drama como éste hay que unir el recrudecimiento de las medidas represivas tras la visita de Rubalcaba a territorio marroquí.

Veinticuatro personas fueron detenidas el  lunes 30 en los barrios de Mesnana y Aouama, en Tánger. La madrugada del martes 31 todo el grupo era trasladado  a Oujda para su deportación.

Lo más sangrante es que entre ellos se encuentran seis mujeres con sus bebés, una de ellas con gemelos de seis meses de edad y tres chicas embarazadas, dos de ellas menores.

Allí, en la ciudad fronteriza con Argelia, se reunirán con los detenidos de las redadas de esa misma fecha.

“Es la primera vez que algo así pasa en Oujda. La policía iba casa por casa buscando inmigrantes. Hasta ahora sólo los buscaban en la Facultad o bien en el campo. En mi casa han tocado a la puerta y mi casero les ha dicho que yo tenía los papeles en regla y que me dejasen tranquilo”, declara S. procedente de Costa de Marfil.

El domingo 29 más de cien inmigrantes habían sido detenidos en Ouja en una operación cuyo objetivo fue el campus universitario, los bosques colindantes a la ciudad y los refugios próximos a la frontera con Argelia.

“Los testimonios de los migrantes que han conseguido volver a Oujda el lunes después de un juego de ping-pong entre los militares marroquíes y argelinos, declaran haber sufrido una violencia y brutalidad desmesurada en su detención. Los testimonios hablan también de la utilización de perros policías, de cámaras y fotos para documentar la operación… las autoridades marroquíes han decidido, bajo mandato europeo, que las huellas digitales sean obligatorias y consten junto a la imagen de los inmigrantes… la base de datos Eurodac, que contendrá las huellas de los migrantes y será la prueba, si los migrantes desembarcan a Europa, para enviarlos automáticamente a Marruecos”, declara en un comunicado la organización marroquí ABCDS.

Asistimos de nuevo al mercadeo de la subcontratación del control fronterizo. Gadafi, con su habitual falta de pudor, sacaba los colores a nuestras cacareadas democracias y llamaba a las cosas por su nombre.

“Libia, con el apoyo de Italia, exige a Europa al menos 5.000 millones de euros anuales… Es en interés de Europa, porque si no, mañana, el avance de inmigrantes podría convertirla en África, en un nuevo continente negro”, dijo Gadafi.

Paguen religiosamente y haremos su trabajo sucio es, en resumen, lo que el líder libio declaró en Roma. Otros países del Norte de África no son tan expresivos pero juegan al mismo juego con Europa.

¿Es moral, legal y justo pagar cuando sabemos que con nuestro dinero se violan los derechos humanos?

El tráfico de armas, de drogas y la trata de personas son los tres grandes negocios que no dejan de transitar por nuestras fronteras. Los que más dinero dan y los que más se refuerzan día a día paradójicamente. La militarización y la externalización han fortalecido el poder de las redes de trata para explotación sexual.

Cuando nuestros estados hacen hincapié en frenar la libertad de circulación, en las avalanchas, en el miedo al mestizaje, los ciudadanos olvidamos que las fronteras no son más que un gran business del que se benefician los de siempre.

Cada cruce, cada movimiento migratorio, cada desaparecido es también una visibilización de un sistema injusto, torpe y asesino.


Frontera de Bel Younech y Ceuta.

El gobierno marroquí lanzaba un comunicado el seis de agosto denunciando una devolución irregular por parte de la guardia civil de Ceuta.

Las víctimas han sido de nuevo inmigrantes subsaharianos, en concreto ocho, que se encontraban en un grave estado de salud.

Ninguna de las entidades que trabajan en inmigración ha podido esconder su sorpresa ante esta declaración pública del reino vecino.

Organizaciones sociales, organismos internacionales e incluso el Defensor del Pueblo Español habían abierto investigaciones sobre lo que sucedía en las fronteras de Ceuta y Melilla.

Ahora sorprendía que fuese el propio Marruecos quien admitiese estas prácticas.

Este tipo de devoluciones, deportaciones o expulsiones irregulares (imposible calificarlas legalmente puesto que se oponen al derecho internacional e incluso a nuestra ley de extranjería) se vienen efectuando desde hace años con el beneplácito de las autoridades de ambos países, España y Marruecos.

La base legal que han argumentado siempre era el Acuerdo de Buena Vecindad de 1992, que contemplaba la devolución a tierras marroquíes de los inmigrantes que hubiesen salido de ese territorio.

Nunca llegó a aplicarse a inmigrantes subsaharianos llegados a las costas andaluzas o canarias, pero sí se ejecuta de forma expeditiva en las fronteras de Ceuta y Melilla.

Años hemos pasado sin la aplicación de un acto administrativo que controlase a las personas devueltas, y que protegiese los derechos de menores, mujeres embarazadas, enfermos o demandantes de asilo.

Años sin la intervención de la policía nacional que posee las competencias en materia de extranjería.

Años “arreglándose” entre la guardia civil de Ceuta y Melilla y las Fuerzas de Seguridad del Reino de Marruecos.

Años sin garantías para los derechos humanos de los inmigrantes.

Inmigrante herido después de una deportación-expulsión y atendido en Marruecos

Entre marzo de 2003 y junio de 2005 se acreditaron 351 expulsiones con estos métodos, entre ellos gente herida y algunos desaparecidos.

Sonko no tuvo la misma suerte y murió el 25 de septiembre de 2007, como “efecto colateral” de estas malas practicas. Así lo relataba en su día Jene F., compañero en aquel fatídico viaje.

«Fuimos atrapados por la guardia civil que nos hizo subir a su barco. Eran tres guardias civiles.

A unos 100 metros de la playa marroquí, la guardia civil dió a la mujer camerunesa un chaleco salvavidas para que pudiera llegar a la orilla de la playa. La guardia civil pinchó el resto de los chalecos con un cuchillo y nos obligó al resto a tirarnos al agua para llegar a la playa marroquí.

El migrante costamarfileño no quiso tirarse al agua y recibió un golpe en la nuca y cayó al mar. El senegalés se agarró a una barra de hierro del barco de la guardia civil y gritaba que él no sabía nadar. Los guardias civiles no tuvieron en cuenta sus palabras y le soltaron los dedos para hacerle caer al agua y que volviera como pudiera a la playa marroquí, pero por desgracia él se ahogó en la superficie de las aguas delante de la guardia civil, protagonistas de tan macabra escena.

Una vez que la guardia civil se dio cuenta del ahogamiento del chico senegalés, se tiraron al agua para ponerle a salvo. Le llevaron rapidamente a tierra firme y también corrieron a socorrer al costamarfileño. Intentaron reanimarlos a los dos pero el senegalés ya estaba muerto ».

Los inmigrantes habían usado aquel día el método de life-jacket y se lanzaban al agua a nadar en parejas. Las deportaciones de la guardia civil añadían un gran riesgo a esta forma de cruce.

Increíble ha sido también el posicionamiento de la Fiscalía General del Estado que ante la denuncia de estos hechos se pronunció en 2009 de la siguiente forma, «cúmpleme comunicarle que esta pretendida «devolución de hecho» y fuera de los cauces legales, en absoluto se ha producido, sino que la actuación de los agentes de la Guardia Civil se ha limitado al rescate y salvaguardia de dos sujetos que intentaban cruzar a nado desde una playa de Marruecos a otra de Ceuta y a petición de las propias autoridades del norte de Africa. Esta actuación no es la primera vez que se lleva a cabo… ».

En la actualidad pequeñas lanchas neumáticas a remo salen desde el mes de marzo en las playas marroquíes buscando las costas ceutíes o gaditanas.

Desde esa fecha dieciocho personas han desaparecido tragadas por el estrecho o en expulsiones sin control.

«Me devolvieron de la lancha, íbamos cuatro, la zodiac de la Guardia Civil casi nos hace volcarnos. Allí en la costa marroquí, nos detuvieron los gendarmes. ¿Cómo nos vamos a ver?. Somos mercancía y moneda de cambio de las relaciones bilaterales de España y Marruecos. Por encima del Derecho Internacional y de los Derechos Humanos, están los intereses económicos y estratégicos que unen a ambos países. Esto lo sabemos. Somos inmigrantes y pobres, pero no estúpidos », declara Issa, devuelto hace una semana a las costas de Bel Younech por la Guardia Civil de Ceuta.


Cuando el estado español deporta en viernes, las organizaciones sociales tienen menos tiempo de reaccionar y utilizar los resortes legales para evitar las violaciones de los derechos humanos.

Freedom con diecisiete años de edad (cumplía dieciocho el próximo mes de octubre), asmática crónica y presunta víctima de trata, fue deportada a Nigeria  el viernes 30 de julio.

Fue abandonada en una ciudad que no conoce a bastante distancia de su pueblo natal.

Freedom se encuentra actualmente hospitalizada con fuertes dolores en el pecho. En el Centro de Internamiento de Málaga no recibió el tratamiento médico para su enfermedad.

Es la segunda crisis que sufre este año, la primera fue en Marruecos, durante la primavera. Paradójicamente en el Reino de Marruecos y en Nigeria ha recibido una asistencia sanitaria  más adecuada  que en el estado español.

Llegó a nuestras costas en patera. Se declaró menor de edad pero las pruebas radiológicas forenses, tremendamente cuestionadas por su fiabilidad, determinaron que tenía cumplidos los dieciocho años. No pudo documentar que no era así.

De familia pobre, monoparental, apenas sabe leer y escribir.

Pidió asilo porque huía de su país de un matrimonio forzado. Su historia no convenció a nuestras autoridades.

El paso por Marruecos indica que estaba dentro de una red de trata con fines de explotación que le facilitó el trayecto a Europa. Antes ya había sido explotada sexualmente durante un año en Libia.

Freedom  tenía miedo, mucho miedo, pánico decía ella, pero le costaba decir la verdad de lo que le había sucedido durante su trayecto migratorio.

En el CIE  apenas hablaba con nadie, decía que la policía chapurreaba el inglés y que todas sus compañeras se expresaban en castellano.

La soledad, la incomprensión y el miedo que una presunta víctima de trata puede sentir en un centro de internamiento, más similar a una cárcel, no es el medio adecuado para protegerla.

Entiendo perfectamente que una persona en esas condiciones de privación de libertad no sea capaz de expresarse.

El día que visité a Freedom en el CIE me impresionaron las  puertas con barrotes de hierro. Nunca pensé que aquello fuese tan parecido a una cárcel y  a otros centros que se encuentran en países sin democracia.

Después vino el detector, el control. No me dejaron entrar el bolso, todas las pertenencias quedaban en manos de la policía.

Así desposeída de todo, incluso de mi documentación, me dejaron entrar en la  sala de visitas. Había más familiares.

Una mujer discutía con el policía que la acusaba de intentar introducir un mechero, mientras ella le decía que no lo había visto. En la promoción de tabaco que había en el estanco regalaban un encendedor y la señora no había pensado que pudiese ser un arma letal para las autoridades del CIE.

Parecía tan absurda la conversación, tan desmesurada la reacción del policía, todo ello ,además,  a través de otra puerta con barrotes. La misma que hacía un momento se había cerrado a mis espaldas.

Allí estábamos esperando a los “presos”.

Freedom entró y la puerta volvió a cerrarse. Pudimos estar juntas poco tiempo.

Ella siempre miraba la cámara mientras hablaba, un artefacto blanco que vigilaba nuestros movimientos. En treinta minutos la visita se había terminado, la de otros familiares también:  la mujer del chico marroquí y el hermano del senegalés.

A la vuelta los barrotes se cerraban a nuestro paso de nuevo.

Los CIEs son cárceles para inocentes, cárceles de presos que huyen de la violación de sus derechos fundamentales,  donde se mezclan víctimas de trata, refugiados, menores, personas en búsqueda de un futuro.

Adama, Salifo, Yakariya y Sumaoro esperan la asistencia de los abogados de CEAR en el Centro de Internamiento de Barcelona. Son costamarfileños, tres de ellos poseen el Estatuto de Refugiado desde Marruecos.

Más de dos semanas tardaron las autoridades del CIE en permitirles la tramitación del asilo e hicieron falta una  serie de presiones del exterior.

A día de hoy no han permitido el acceso de CEAR para su asistencia letrada. Según el CIE los interesados no lo han manifestado.

Adama, Salifo, Yakariya y Sumaoro llaman cada día por teléfono para explicar que nadie les escucha dentro de aquella prisión.

Tal vez la próxima vez que llamen se encuentren en otro país porque  hayan sido deportados en viernes como Freedom.


Son las once de la mañana hora española, la diez en Marruecos.

La escena se produce en la entrada de la frontera española de Ceuta, en la boca de lo que llaman “la jaula”, donde cada mañana cientos de porteadoras pasan llevando mercancía entre ambos países.

Los protagonistas son un hombre corpulento de unos cuarenta y tantos años y una mujer  de unos setenta.

Él la zarandea violentamente, le grita. Pienso que la señora puede caer al suelo en cualquier momento, es mayor, extremadamente delgada, me recuerda a mi abuela.

Hay otros hombres que animan al agresor.

Le gritan “!muy bien, haz tu trabajo!”.

Él responde, mientras le da el último empujón, “es el único lenguaje que entienden”.

Esta vez una de las rodillas se ha doblado y en un momento creo que la señora va a perder el equilibrio y caer al suelo.

Me estremece la escena.

Los agresores son miembros del cuerpo nacional de policía del estado español.

La agredida es una mujer marroquí que lleva a su espalda mercancía.

Aicha es también porteadora y le parece normal sufrir este  tipo de violencia.

“Es nuestro día a día. Me levanto a las cinco de la mañana. Hago la cola. Vuelvo a entrar cuantas veces sea necesario o pueda. A veces cierran los españoles sin motivo y te quedas entre los barrotes, pasan accidentes, muertes… otras es nuestra policía la que nos machaca con las porras”.

Las fronteras nunca son justas, pero las de Ceuta y Melilla parecen reírse del ser humano.

Se calcula que unos 1.500 millones de euros al año salen de estas dos ciudades en forma de mercancías que son vendidas en Marruecos.

Un negocio voraz del que se alimenta la economía de las dos ciudades y que genera múltiples beneficios en forma de sobornos en frontera.

El eslabón último de esta cadena son las porteadoras que diariamente se juegan la vida en “la jaula” o en los pasos alternativos.

Tienen que hacer el trayecto el mayor número de veces posible antes que la frontera cierre a las 13:00 horas. Por cada viaje las mujeres ganan entre uno y cuatro euros, para ello cargan a sus espaldas entre 50 y 100 kilos de peso.

Safia murió en la frontera de Melilla en enero de 2009, cuatro meses después dos porteadoras sufren la misma suerte en una avalancha en el paso de Biutz en Ceuta. Son algunas de las muertes pero  ha habido muchas otras.

Casi 15.000 porteadoras, en su mayoría mujeres, entran diariamente a Ceuta. Al igual que en el Barrio Chino de Melilla, las avalanchas y los accidentes son frecuentes.

La imagen es como la de una gran Ginkana o  un programa del Grand Prix.

Las porteadoras deben sortear la violencia policial, salir ilesas de las avalanchas, soportar los golpes, llevar la carga, pagar los sobornos, afrontar el frío o el calor extremo, sobrevivir en unas fronteras donde la mercancía es la dueña del ser humano.


Querida niña:

Hace poco que tu vida ha cambiado sin que tú lo sepas.

Tu madre te llevaba en su regazo mientras cruzabais un mar que la dejó sin vida.

Ahora tú tienes un futuro diferente del que aún no eres consciente.

Quería hablarte de tu madre y tal vez estas letras sobrevivan al tiempo y un día puedas encontrarlas.

Naciste en Trípoli, Libia. Cumpliste seis meses en este mes de julio. Te pusieron la primera vacuna en Marruecos.

La primera vez que vi a tu madre te llevaba pegada a su espalda y tú estabas dormida.

Tu mami me pareció linda, con un cuerpo menudo, casi adolescente, que movía con una tremenda gracia.

Al principio me pareció que tenía una mirada triste pero no era cierto. Cuando comencé a hablar con ella una gran sonrisa se dibujó en su cara.

La noté presumida y llena de esperanza. Te mostraba orgullosa.

Me quedó clavada en la memoria la imagen de su espalda en la que se dibujaba tu silueta mientras atravesaba la puerta. Esa fue la última vez que os pude ver.

No eres la única niña que llegó sola al otro lado del Estrecho.

Pensando en ti estos días me han venido a la mente varios pequeños que atravesaron solos la valla de Ceuta y Melilla, que llegaron a Barajas con unas personas y unos pasaportes que no eran suyos o que fueron rescatados del mar como tú.

Con el paso del tiempo os preguntareis cosas, buscareis a vuestras familias.  Espero  incluso que os atreváis a denunciar a los estados por todos los desaparecidos que la injusticia social deja en el camino.

Serán otros tiempos de los que formáis parte como futuro.

Querida niña,  si llegas a saber cómo fueron los últimos años de vida de tu madre posiblemente te asustarás y no entenderás nada. No la culpes, no te culpes, busca respuesta en un sistema que destroza a los pobres del mundo.

Quédate con su búsqueda de futuro, quédate con su sueño de esperanza, quédate con su linda imagen de cuerpo menudo, casi adolescente, llevándote a la espalda.


Me asquea, me molesta, me da rabia, me avergüenza,  la forma en que algunos medios han tratado las muertes de la última patera.

El insigne diario El País incluso se equivoca en los datos  y su artículo repite en varias ocasiones el calificativo de “sin papeles”, como si el no tener un documento de la maravillosa Europa hiciese a las personas muertas menos importantes.

Las víctimas han pasado como un dato más de la jornada, porque en el fondo lo que importa es la final del Mundial de Fútbol, la roja.

Un rojo, el de nuestra bandera, que para muchos medios es mucho más importante que el rojo de la sangre de mujeres y menores africanos.

Porque además no son nuestros muertos,  son los muertos de otros y además son “muertos sin papeles”.

Cuarenta y cinco personas salieron del tranquilo de Oujda, entre ellas diecisiete mujeres y cinco bebés. Rescataron a treinta siete, cinco cadáveres y treinta y dos personas aún con vida.

El trayecto fue difícil y la zodiac se fue desinflando por el camino, entre el peso y las altas temperaturas. Cuando el barco fue localizado por Salvamento Marítimo el agua ya había entrado y  algunas personas habían sido tragadas por el mar. Otras murieron cuando volcó la patera, al quedar atrapadas debajo de la misma.

Todo apunta a que las madres se ahogaron al intentar mantener con vida a sus hijos.

Trece muertos son el horroroso balance del accidente, tres bebés, nueve mujeres y un hombre.

En Granada queda una niña que ha perdido a su madre y su familia se encuentra al otro lado de la frontera.

Desde Oujda, Rabat, Libia y Nigeria se expande el dolor por lo que ha pasado.

Las llamadas no cesan preguntando nombres, datos sobre los menores, pidiendo explicaciones por lo sucedido.

Todo el mundo necesita saber si sus compañeras, sus amigas o sus familiares están vivos o muertos.

Pero todas las preguntas  tienen que esperar, esperar a que alguno de los supervivientes llame e informe.

Familiares que no pueden presentarse ante las autoridades españolas para obtener una información oficial, que no pueden reconocer a sus muertos porque son “sin papeles”.

Nunca me cansaré de repetirlo, detrás de esas mujeres y bebés muertos hay nombres, apellidos, familia, dolor, pobreza, violaciones de derechos humanos, sonrisas y esperanza. Detrás de las nueve muertas está la sombra de la trata con fines de explotación sexual, futuro casi seguro para las supervivientes.

La familia de Ousman desde Senegal y Francia le sigue buscando. Salió el siete de junio de la playa de Bel Younech en una pequeña zódiac junto a tres compañeros. Tres cuerpos se encontraron posteriormente, para la familia de Ousman está siendo una odisea poderle identificar.

También en el mes de junio, una zodiac rescatada en la isla de Alhouceimas por la Marina Real Marroquí había perdido a cinco de sus pasajeros. Horrible era escuchar los gritos desesperados a través de la línea telefónica, las súplicas de miedo mientras contaban que habían perdido a otro compañero.

Reivindico que todas las víctimas son también nuestros muertos, nuestras mujeres y que el rojo de su sangre que tiñe nuestros mares es un rojo mucho más importante que el de cualquier bandera.


El 24 de mayo pudimos hablar con Jean Jacques, que esperaba en el corredor de la muerte de una cárcel Libia.

Pudimos escuchar y contar su historia en la que pedía justicia.

Seis días después, el treinta de mayo, es posible que muriese ejecutado junto a otras 17 personas en Benghazi. No se ha divulgado las identidades de los asesinados pero los rumores de que estuviese en el grupo han llegado al norte de Camerún donde vive su madre.

La noticia se conoció a través de la propia prensa libia.

JJ siempre defendió su inocencia, condenado a muerte por estar en el lugar equivocado y por tener un juicio a todas luces injusto.

Su madre dice que JJ salió a buscar una vida mejor, que sobrevivió al infierno del desierto pero no a la justicia libia.

Amnistía Internacional en su informe Libya of Tomorrow’: What Hope for Human Rights? denuncia que “la pena de muerte sigue aplicándose en Libia sobre todo con ciudadanos extranjeros. Los delitos que pueden merecer esta condena van desde el asesinato hasta el ejercicio de la libertad de expresión”.

En el mismo informe Amnistía destaca que en mayo de 2009 había 506 personas condenadas a muerte, el 50 por ciento extranjeros.

Hay una prisión bajo tierra, algunos van allí después de ser detenidos por intentar pasar a Italia. Tenía a un amigo que compartíamos habitación, y un día fue a tentar su suerte. Yo creía que estaba en Italia y un año y tres meses después apareció de nuevo. Estaba destrozado. Le habían dejado pudrirse en aquella prisión casi sin luz, sin juicio. En las prisiones Libias te dejan morir, es dios el único que puede salvarte”, Adama pasó años en Libia, perdió el contacto con muchos de sus amigos en la última deportación a la frontera con Níger hace unos meses.

El Parlamento Europeo en una resolución dictada el diecisiete de junio,  manifestaba una fuerte preocupación por la suerte de los emigrantes bloqueados en Libia, recordando:

“Que el artículo 19 párrafo 2 de la Carta de los derechos fundamentales de la Unión Europea prohíbe todo alejamiento, expulsión o extradición hacia un Estado donde existe un riesgo serio de que la persona pueda sufrir  pena de muerte,  tortura o a  otras penas o tratos inhumanos o degradantes”.

Además pedía el Parlamento “a los estados miembros que deporten migrantes hacia Libia, en cooperación con el Frontex, que pongan fin inmediatamente a estas operaciones porque existe grave riesgo de que la persona sea sometida a la pena de muerte, a la tortura o a otras penas o tratos inhumanos o degradantes”.

La Europa de las libertades no se atreve a enfadar a su socio africano. Les une la política de control de fronteras y la ejecución del Sistema Frontex, otra gran máquina de condenas a muerte. Así que Italia y los demás países han hecho caso omiso de la resolución del Parlamento.

El treinta de junio saltó de nuevo la alarma, Fortress Europe, Melting Pot y la ASGI (Associazione Per gli Studi Giuridici Immigrazione) denunciaban la deportación de 250 personas de origen Eritreo trasladadas desde el campo de detención de Misratah hasta Al Braq, a unos 80 kilómetros de Sebah.

Los Eritreos, demandantes de asilo, se negaron a ser identificados por un responsable de su país. Esto les costó su traslado en camiones “contenedores” .

Thomas Hammarberg, Consejero de derechos humanos del Consejo de Europa ha pedido a Italia que investigue la situación de los detenidos Eritreos.

“Nos deportan en camiones como si fuésemos mercancía. Dentro hace un calor insoportable porque el material de las paredes del contenedor arde, tienen  unas pequeñas ventanas para la respiración y  el interior del camión se convierte en un horno, después te abandonan en el desierto con un bidón de agua, muchos mueren, otros si tenemos algo de dinero podemos estar a merced de los pasadores que esperan para rescatarte por una módica cantidad. Ver muertos para nosotros es lo normal”, declara un ghaniense desde Agadez.

El maltrato de los migrantes en Libia es generalizado y no discrimina a menores, mujeres embarazadas, víctimas de trata, demandantes de asilo o enfermos.

Todos ven violados sistemáticamente los derechos humanos.

Jennifer llegó a Oujda hace cuatro días procedente de Libia. Es víctima de trata y ha pasado seis meses siendo explotada sexualmente en Trípoli. De Libia a la frontera de Marruecos las redes la han trasladado en una semana.

Después de que fuese deportada al desierto fue rescatada por la propia red que la explotaba.

Paradójicamente Jennifer ha tenido suerte de ser víctima de trata, los que la acompañaban en su deportación murieron en su mayoría.

“En Trípoli vivíamos encerradas en casas, por la noche nos sacaban y nos repartían por casas de hombres árabes y negros donde nos violaban toda la noche, te obligaban a acostarte con ellos. Por la mañana te devolvían a la casa para descansar”, declara Jennifer embarazada de uno de sus violadores.

Desde varias páginas web se llama a la movilización internacional por los migrantes deportados en el desierto Libio, pidiéndose:

-          Libertad y derecho de asilo para los 250 exiliados deportados.

-          Finalización de la violencia de la policía Libia contra los migrantes.

-          Modificaciones de los acuerdos entre Italia y Libia y finalización de las políticas de deportaciones a terceros países.

Podeis expresar vuestra repulsa hacia la violación de derechos en Libia desde las siguientes páginas:

http://www.migreurop.org/article1738.html

http://www.migreurop.org/article1737.html

http://www.meltingpot.org/articolo15683.html


Dice ser un Hermano Musulmán más del ejército de Alá, pero no parece ser así.

Licenciado en económicas, con un Máster en Europa, habla un francés perfecto.

También ha estudiado el español aunque no soy capaz de sacarle una sola palabra e incluso dice haber hecho un curso de catalán.

“Antes era un mal musulmán, no seguía el Corán. Gracias a Alá fue un profesor de la Universidad quien nos abrió los ojos, a mí y a varios amigos”.

Las Universidades del Magreb son focos de luchas ideológicas, muchas de ellas de izquierdas pero con una presencia cada vez mayor de militantes islámicos.

Habla muy serio, siempre andando unos pasos más adelante y mirando hacia la arena del suelo. No debe mirar a una mujer a la cara, ni hablar con ella a solas. Son cosas prohibidas para él.

“En el Corán está todo, la historia, la ciencia, las leyes y un estado no necesita nada más. Queremos hacer una gran nación musulmana, ahí tendrán todos su sitio, todos los musulmanes, no habrá lugar para el racismo como ahora se ve con los hermanos negros. Será un sitio donde se vivirá según las justas normas de Alá”.

Conseguir lo que quiere tiene un precio y es el momento de hablar de terrorismo y secuestros. Se niega a que les llamen terroristas, su guerra es una guerra santa, la yihad, el deber para un buen musulmán.

“El Islam es una gran religión, desde Oriente Medio hasta Andalucía y Dakar, ese es el primer objetivo… La conversión al Islam es la solución para la gente que vive en esas tierras, los musulmanes somos un pueblo piadoso”.

Se le nota la rabia cuando se habla de la causa Palestina y el análisis de la política y la economía internacional que hace es tan exacto, tan medido, que hay momentos en los que no se puede evitar darle la razón.

Comparte sus días con Afghanos, Argelinos y Mauritanos. Su vestimenta es una mezcla entre talibán y señor del desierto, todo son colores tierra como si fuese un equipamiento de camuflaje en la arena del desierto.

“Los Hermanos Musulmanes negros  tienen una gran fe, rezan cada día y respetan el Ramadán. En el Norte de África muchos se han relajado, se han olvidado del Corán o durante el Ramadán comen a escondidas. Ahora empezamos a mirar y a respetar a los africanos. Los hermanos senegaleses, malienses y burquinabes viven una fé que tenemos que apoyar y alimentar”.

La mujer es otro tema que no le gusta, dice que el Islam quiere y respeta a la mujer y le da su sitio en una sociedad ideal gestionada por la sharia.

“Los españoles sois enemigos del Islam, luchais con tropas en Afghanistán, Mauritania, hasta perseguís a nuestras mujeres en España no dejándolas llevar el niqab y vivir su fe. Ante estas agresiones un musulmán no puede evitar responder. Además la recuperación de Al-Andalus es el sueño de la lucha de cualquier buen musulmán, pero como digo somos también un pueblo piadoso con los conversos”.

Es extraño escuchar cómo mezcla discursos de un estupendo orador con otros a los que no seremos capaces de encontrarle ninguna lógica.

Tiene incluso un punto increíblemente atractivo de ojos grandes color miel que haría las delicias de cualquier reponsable de campaña electoral europeo.

Pero su sitio no está en Europa, forma parte de los cuadros medios de un movimiento de lucha islámico que apuesta por tener entre sus filas a personas de exquisita formación y que día a día crece y se afianza en el Sahel.


Se diría que todos los resortes de nuestro sistema de protección funcionarían y la Princesa recibiría la asistencia médica, social, legal y psicológica necesaria para proteger sus derechos fundamentales como persona.
Es lo que está escrito en nuestras leyes y reglamentos, para lo que hay liberados fondos económicos públicos y de organizaciones sociales.
A. M. es una Princesa de diecisiete años y algunos meses, que procedente de la no tan lejana frontera de Argelia llegó al estado español el mes pasado.
En este lado del mar A.M. vivía con terror desde los catorce años, cuando su vida comenzó a ser la explotación sexual. Así recorrió desde Nigeria hasta Marruecos.
Ha tenido dos patrones.
Con uno ya había sufrido un aborto, en su segundo embarazo fue vendida a otro y éste último la hizo abortar para volver a embarazarla él mismo.
En este tercer embarazo perdió al feto de forma natural.
Así, la mochila con la que esta Princesa (que ya es vuestra) llegó a las costas españolas el mes pasado viene repleta de violaciones de derechos.
Seguro que esto lo intuyó la asistenta de Cruz Roja que le dio la primera acogida.
Pero pasó desapercibido para la Policía Nacional que procedió a incoarle un expediente de expulsión y decidió su traslado a un CIE (CENTRO INTERNAMIENTO DE EXTRANJEROS).
Según el Plan Nacional Contra la Trata, sólo las fuerzas de seguridad podrían identificar a víctimas de trata como nuestra Princesa.
En otros estados no sucede así y la colaboración con organizaciones sociales en los procesos de identificación permite el rescate de muchas más víctimas que la sola intervención policial.
También, las pruebas efectuadas dieron a nuestra Princesa una edad de 18 años.
La mayoría de las Princesas se declaran mayores de edad para no entrar en sistemas de protección. Pero para otras tampoco las pruebas de edad solucionan mucho, en la mayoría de las ocasiones también nuestros servicios las declaran mayores de edad.
Lamentablemente nuestra Princesa no puede hablar, el terror se lo impide. El desconocimiento y el miedo a los uniformes (tres veces fue violada por fuerzas de seguridad, la última a punto de intentar cruzar el mar) hacen el resto.
No ha querido expresarse ante la abogada, tal vez porque un CIE no sea el mejor espacio para la reflexión de una víctima de trata y porque cuatro años de esclavitud sexual no pueden contarse en una entrevista realizada en un centro cerrado.
Así lo reconoce Women´s Link Worldwide que ha presentado un escrito para solicitar el Período de Restablecimiento y Reflexión, entendiendo que hay indicios de trata en el caso de A.M.
El Convenio del Consejo de Europa en su artículo 13 indica que cuando existan motivos razonables para creer que una persona es víctima de trata se le deberá reconocer un período de restablecimiento y reflexión de al menos treinta días.
Así, la indefensión de nuestras Princesas, continúa en el estado español, donde se las reconoce como prostitutas o como inmigrantes indocumentadas, pero donde es difícil, largo y tortuoso el reconocimiento como víctimas de trata.
Desde las administraciones, la sociedad civil e incluso los medios de comunicación los mensajes confunden los tres términos: inmigración, prostitución y trata.
La definición de trata aparece en el Protocolo para prevenir, reprimir y sancionar la trata de personas, especialmente mujeres y niños, que complementa la Convención de las Naciones Unidas contra la Delincuencia Organizada Transnacional, adoptado en diciembre del año 2000. El artículo 3 del Protocolo establece que “Por trata de personas se entenderá la captación, el transporte, el traslado, la acogida o la recepción de personas, recurriendo a la amenaza o al uso de la fuerza u otras formas de coacción, al rapto, al fraude, al engaño, al abuso de poder o de una situación de vulnerabilidad o a la concesión, recepción de pagos o beneficios para obtener el consentimiento de una persona que tenga autoridad sobre otra, con fines de explotación. Esa explotación incluirá, como mínimo, la esclavitud o las prácticas análogas a la esclavitud, la servidumbre o la extracción de órganos”.
Los Estados tienen la obligación de proteger los derechos de las mujeres que han sido objeto de trata con fines de explotación y que se encuentran fuera de su país de origen. Los derechos que se violan cuando las mujeres son víctimas de trata -así como la obligación asociada de los Estados de proteger estos derechos- están presentes en numerosos tratados internacionales de derechos humanos, todos los cuales han sido firmados por España, declara Women´s Link Worldwide.
A. M. nuestra Princesa, está actualmente en un CIE, siguiendo los procesos legales de un inmigrante irregular.
Si su situación es alarmante es sólo un ejemplo de otras realidades igualmente injustas.
Hemos visto recientemente el desmantelamiento de una red de trata con fines de explotación sexual de Princesas procedentes de Brasil en la llamada operación carioca.
El tratamiento mediático es cuanto menos vergonzoso, ellos hablan de “trama de prostitución”, confundiéndolo con la trata. Así, a las víctimas se las califica todo el tiempo de prostitutas y meretrices y se habla de colaboración con las fuerzas de seguridad y la posterior expulsión de las víctimas.
En este caso también hay detenidos e imputados de las Fuerzas de Seguridad del Estado. La Guardia Civil incluso se quejaba del operativo policial que se había usado, pero hay que recordar que la trata de seres humanos es el tercer negocio más lucrativo junto con el tráfico de armas y el de drogas.
Estamos hablando de redes criminales transnacionales que operan en países de origen de las víctimas, en los de tránsito y también en destino.
Muchas de las princesas hablan en sus declaraciones de colaboración de fuerzas de seguridad con los tratantes.
A todos ellos nuestro código penal no permite imputarles un delito de trata, puesto que aún no está contemplado en nuestras leyes.
La Reforma del Código Penal del 29 de abril de 201, en su artículo 177 bis sí que contempla el delito de trata, pero aún está pendiente de aprobarse en el senado.
Aun queda mucho por hacer y lo primero debe ser liberar a A.M. del Centro de Internamiento y restituirle sus derechos.
Porque si A.M. llegara a ser deportada a su país, volvería de nuevo a recorrer el infierno con la red de trata. Como decía uno de los tratantes “si las repatrían no pasa nada porque traerlas de nuevo aumenta la deuda, a nosotros no nos perjudica”.


Oujda y Víctor

Oujda es la capital de la Región Oriental de Marruecos. A catorce kilómetros de Argelia en su punto más corto respecto a la frontera.

Una meseta semidesértica, con inviernos donde se dan muertes por frío y veranos calurosísimos.

Viven del contrabando con Argelia, todo es objeto de mercado en esa frontera. El contrabando es bien visto, es riqueza  e incluso algunos lamentan que los productos chinos que son tan baratos puedan ser el final de los intercambios con el vecino argelino.

Y es que, a pesar de los conflictos entre los dos países, los oujdíes apoyarán a Argelia en este mundial y para ello el gobernador les ha prometido una pantalla gigante en una de las nuevas y modernas plazas de la ciudad.

La mayoría en España conocemos Oujda por ser el lugar mayoritario de entrada de migrantes subsaharianos en Marruecos y también por ser la zona donde las autoridades alaouitas efectúan la mayoría de sus deportaciones.

Los “africanos” no sólo viven en el campus universitario de Oujda, también están dispersos en diversos asentamientos en la frontera que ellos llaman tranquilos, algunos estables y otros móviles. Los migrantes dicen que en el campus están protegidos por la solidaridad de los estudiantes de la universidad  y cuentan historias, entre realidad y leyenda urbana, de cómo en medio de las redadas los universitarios vuelcan furgonetas de la policía para defender a sus hermanos migrantes.

Víctor sobrevive en esa frontera, es congoleño y tiene nueve años. Su casa está en un tranquilo estable, es una chabola, un ghetto (como lo llaman ellos) de plástico y ramas en medio de un bosquejo de pinos.

Ahí está su madre que salió huyendo de la violencia en la región de Kivu y tres hermanos más pequeños que él. La última niña era gemela de otra, que murió durante el parto, porque la asistencia médica no pudo llegar a tiempo.

Los inmigrantes tienen miedo a acceder por si mismos al hospital público de Oujda y  cualquier caso tiene que ser enviado a través de ONGs que están desbordadas por la situación.

Tiene Víctor unos ojos tremendamente grandes, es delgado, no va al colegio y sus días transcurren entre las necesidades y la violencia.

No dejo de mirarle porque por primera vez tras el 2008 le pongo cara. Víctor pasó a nado a Ceuta y fue devuelto a Marruecos, perdiéndole la pista en la segunda deportación que sufrió a Argelia.

Queja interpuesta al defensor del pueblo (PDF) por hechos acaecidos el 14 de octubre de 2008.

Que el día martes a las 19 horas marroquíes (21 horas españa), sobre la hora de la llamada al rezo de ruptura del ramadán, … (varón mayor de edad, de nacionalidad congoleña) y … (congoleño de siete años) entraron en el mar en la zona marroquí de castillejo para alcanzar la costa de ceuta y su objetivo era pedir asilo en tierras españolas.

Un familiar del pequeño… me avisa por teléfono de esta situación. Inmediatamente y ante la corta edad del pequeño y la peligrosidad del mar me pongo en contacto con el 112 a través de mi teléfono español … y aviso de estos efectos. El primer 112 que recoge la llamada es andalucía y me pasan al 112 de ceuta. El 112 de ceuta avisa que va a poner en conocimiento los datos a la guardia civil.

Momentos después recibo una llamada de la guardia civil de ceuta desde un número que comienza por 956. El que se identifica como un agente de la guardia civil me hace una serie de preguntas y me identifico. El guardia civil me informa que por el momento no hay nadie en el agua porque las cámaras térmicas no detectan a nadie y que tienen un parte de sus compañeros de que han encontrado dos subsaharianos en el agua pero que éstos ya han sido devueltos a marruecos.

Al día siguiente, miércoles a la mañana, recibo otra llamada desde un número oculto a mi teléfono español. otro hombre que se identifica como agente de la guardia civil me dice que me llama para verificar la llamada que hice ayer y me pregunta por el estado de salud del menor, le informo que el menor está detenido en la comisaría de castillejo, me vuelve a insistir sobre su estado de salud y cuándo le digo que parece que el menor fue devuelto por la guardia civil me dice que él no está al tanto y que me agradece que les avise porque el agua es muy peligrosa.

A  las siete de la tarde hora marroquí de miércoles 24 recibo una llamada del adulto que acompañaba al menor y que se identifica como … Me confirma que están en comisaría en tetuán y que esperan un autobús que les enviará a oujda para ser deportados a la frontera de argelia. Le pregunto por el niño y me dice que está durmiendo, que se encuentra muy cansado.

Está nervioso le hago algunas preguntas y me dice de forma apresurada que pasaron dos horas en el barco de la guardia civil, que había un guardia civil que hablaba bien francés y que quería llevar al menor, que tenía un shock térmico, al hospital, pero que el jefe de este guardia civil no les dejó. Que incluso le dijeron que le deportarían a él pero que no al menor. En ese momento la conversación se corta.

Qsta mañana, jueves 26, sobre las nueve hora marroquí, he hecho una nueva llamada al teléfono con el que ayer comuniqué con … He podido hablar y tomar nota de su relato. He aquí lo que me ha contado:

“Entramos al agua sobre las siete hora marroquí, cuando el imán llama al rezo para la ruptura del ayuno. Hemos nadado sobre 30 minutos desde la playa de castillejo y he pasado la barrera que entra al agua. En este momento nos ha recuperado una lancha de la guardia civil con tres guardias a bordo. Uno de ellos hablaba bien francés y era muy cortés.Eel que hablaba francés dice que va a tomarnos unas fotos para mostrárselas a su jefe. Nos hace fotos con la cámara digital. Me declaro congoleño y pido asilo.El niño tiene mucho frío y el guardia que habla francés dice que va a llamar a su jefe para llevar al niño al hospital. Le llama por teléfono varias vece y discuten, yo entiendo algunas palabras de español y después él me traduce y me dice que su jefe no acepta llevar al niño al hospital y que nos tienen que devolver a marruecos. El agente discute con su jefe. Estamos al menos dos horas en el barco. Yo me siento preocupado por la salud del niño.

El barco se acerca a la zona marroquí y en principio la policía marroquí no quiere aceptar al niño. Les dice a los agentes que tienen que llevar al niño al médico, pero tras varias discusiones me empujan a la arena y me entregan al niño. Nos llevan a comisaría a castillejo y trasladan al niño al hospital. Ahora nos envían deportados a oujda. Pedí asilo en reiteradas ocasiones, también dije que se llevaran al niño, que yo no era su responsable y que tenía miedo por lo que le pudiese pasar en marruecos, pero el jefe de ceuta no lo aceptó”.

Hablo con el niño por teléfono y me dice que tiene miedo.

Contestación a la queja del defensor del Pueblo con fecha 17 de noviembre de 2008

Estimada señora:

De conformidad con lo previsto en el artículo 18.1 de la Ley Orgánica 3/1981, de 6 de abril, del Defensor del Pueblo, se ha recibido el preceptivo informe solicitado por esta Institución a la Comandancia de la Guardia Civil en Ceuta, en el que, entre otras, se contienen las siguientes precisiones:

“Con relación a la supuesta solicitud de asilo, por parte del adulto rescatado en las aguas marroquíes, hemos de afirmar categóricamente que es incierta, ya que no existió tal solicitud. No obstante, de haberse realizado, al estar en aguas jurisdiccionales de Marruecos, correspondería atender tal solicitud al Consulado español en dicho país, lugar donde según la Ley corresponde su presentación (la Guardia Civil se encontraba en aguas marroquíes a los efectos de realizar un salvamento -servicio humanitario-).

Con relación a las supuestas fotografías que afirman que se les hicieron, hemos de decirle que, en el caso que nos ocupa, no se realizaron; no obstante, hemos de suponer que si no existe negativa por parte de los interceptados, hecho del que no se hace referencia, y siempre con fines policiales (identificación posterior en su caso, comprobación de su estado físico, determinación del lugar de interceptación, etc.) en principio no parece contravenir norma alguna y mucho menos atentar contra los derechos de las personas; otro caso sería el uso que se hiciera de las mismas, en caso de existir.

Con independencia de lo anterior, le significo que, de la conversación mantenida por el patrón de la embarcación con el adulto interceptado, éste afirmó ser el padre de menor que le acompañaba, circunstancia que igualmente recoge el diario El Faro de Ceuta en su edición del 14 de octubre actual. No parece de recibo que un adulto ponga en grave riesgo la vida de su hijo, con independencia del fin que ambicione, y al no lograrlo, pretenda derivar su responsabilidad hacia unas Fuerzas de Seguridad, que sólo hacen cumplir con sus obligaciones”.

Por todo lo anterior, se ha resuelto dar traslado de los hechos a la Fiscalía General del Estado para su conocimiento, así como a otros organismos de la Administración, solicitando la remisión de informes complementarios, de cuyo resultado se le dará traslado.

Estos fueron los documentos de lo que pasó en 2008 y frente a mí está Víctor que habla poco.

Le digo: “En España eres muy conocido”.

Entonces me mira con una sonrisa tímida y sincera.

“Eres muy valiente”, vuelvo a decirle.

Entonces se pone completamente derecho para mostrar su orgullo de poder soportar todas esas situaciones.

“Pero no le hables de la guardia de Ceuta, porque no lo soporta”, dice su madre.

Entonces retira la mirada y comienza a molestar a unas hormigas que hay en el suelo.

Al marcharnos veo que no me pierde de vista, así que le digo: ¿Qué quieres?.

Víctor responde: Por favor quiero una bicicleta.