Pandoras Invisibles

Estaba deseando que llegase el verano.
El miércoles pasado una compañera me llamó por teléfono para decirme que el buen tiempo había llegado porque teníamos los primeros desaparecidos del verano.
Para la mayoría de nuestro entorno el verano significa moreno, operación biquini, terrazas y cervecitas.
Para otros, llamadas de madrugada, rescates, vivir con el corazón en un puño o perder amigos, parejas e hijos.

Salvamento marítimo de Almería (H.M.)

En mi tierra (siempre que puedo hago alarde de mis raíces almerienses) hay muchas cosas buenas, entre ellas el equipo humano de Salvamento Marítimo de Almería que este invierno perdió a tres miembros debido a un desgraciado accidente.

La diligencia profesional y la gran calidad de estas personas, cuya máxima es “simplemente salvar vidas” y evidentemente, arriesgar las propias en el intento, es un oasis de humanidad en medio del sistema SIVE.
El equipo dirigido por Miguel Zea atendió el verano pasado un total de 111 emergencias relacionadas con pateras. Veinte estaban formadas personas procedentes de Africa subsahariana, el resto eran argelinos.
La cifra de rescatados por Salvamento Marítimo de Almería ascendió a 2648, de los que 1641 procedían de Argelia.
La embarcación a la que se refería mi compañera procedía de Orán y naufragó el trece de abril frente a las costas del litoral almeriense. Los equipos de rescate nada pudieron hacer por los once desaparecidos.
Según los supervivientes el barco salió el domingo once a las diez de la noche. A media mañana del martes un golpe de mar les hizo zozobrar y sólo hubo tres supervivientes.
“El agua estaba a catorce grados y con esa temperatura el tiempo de supervivencia es entre cuatro y ocho horas. Además había malas condiciones de tiempo, con viento y demás… fue un buque mercante que vió a la gente nadando en el agua. Pusimos a trabajar al grupo de rescate formado por dos barcos y un helicóptero, después hubo también un avión buscando el resto de los supervivientes, pero es muy difícil, en una zona como aquella de 1400 metros de profundidad los cuerpos no salen jamás”, declara Miguel Zea.

Al menos 150 personas desaparecieron el verano pasado después de haber efectuado llamadas de auxilio a la Red Caminando Fronteras. Formaban parte de tres embarcaciones que nunca se encontraron, ninguno de los miembros de esas expedición es volvieron a dar señales de vida a familia o allegados.
Ousman estaba en una de esas pateras. Llamó por teléfono sobre las cuatro de la mañana hará un año por estas fechas.
Con la gente muerta o desaparecida recordamos sobre todo las últimas veces que les vimos. A mí se me ha quedado clavada mi última noche con Ousman, intento que no se me borre, que quede como algo latente en mi memoria en una especie de homenaje nacido de la impotencia y la rabia.
La última que le vi me estaba esperando en el barrio de Youssofia, en Rabat, frente al MiniPark. Dimos una vuelta hablando de la vida en el bosque de Bel Younech (próximo a Ceuta), hablamos de mil cosas, salvo que se iba de viaje claro.
Saludamos a un montón de gente para irnos hacia su casa, me había invitado a dormir en el barrio.
En el camino encontramos a un líder de una asociación de congoleños. Nos siguió, pensando que mi presencia en el barrio a esas horas de la noche obedecía a alguna estrategia rara de lucha. Ousman se reía del florecimento de organizaciones creadas en defensa de los migrantes en los últimos tiempos.
Pasé regular la noche en aquel colchón durmiendo con cientos de cucarachas diminutas y por la mañana desayunamos un té, pan y mantequilla.
Ousman me acompañó al tren.
Después de desaparecer su hermano comenzó a llamarme, a hacerme cientos de preguntas a las que ni yo ni nadie podrá darle respuesta.
En Orán, Argel, Rabat, Casablanca, Nador, Tánger, se nota la llegada del verano, las ganas de intentar cruzar, notas al excitación entre la gente pero también hueles el miedo a perderlo todo en el intento.
No se habla del viaje, a veces porque trae mala suerte, otras porque no hay que preocupar a las “familias” (a la de lazos sanguíneos del país de origen, a la de lazos de amistad del tránsito).
De aquel lado sur todo parece más humano en comparación con el lado norte, sus leyes, sus controles, sus Frontex.
De aquel lado sur son los Ousman, Lamine, Smael, Beauty, Lina, Abdelkader, Mohamed…. y sus últimas noches.

(4) Comentarios

  1. Estén siempre atentos a cuanto nos cuenta Helena. Oro puro. Aunque parezca mentira, sabe más de lo que nos dice. Pero también sabe más de lo que muchos desearían. Y además lo sabe de primera mano, algo esencial. No pierdan de vista sus Pandoras.

  2. Helena Maleno Garzón

    Gracias Luís, viniendo de tí es para mi un orgullo.
    Luís de Vega es uno de los grandes corresponsales de nuestro país y uno de los periodistas que más sabe de migraciones. Sus fotos son, además, de una fuerza y una belleza exquisitas.

    Sobre la una de la madrugada salió una embarcación desde las costas de Alhuceimas con 35 inmigrantes subsaharianos varones, entre ellos algunos menores. Han sido rescatados frente a la zona de Motril por un buque mercante. Todos están bien y van de camino a Málaga.

  3. Charlando hoy con Martin Aldalur acerca de su libro “Clandestinos” he llegado a la conclusión de que el problema de la inmigración no lo es tal y por tanto no hay nada que solucionar. La migración es como un rio y no hay que encauzarlo, hay que dejarlo fluir. Debemos trabajar en el destino y no en el origen. No a la externalización de las fronteras europeas, no a la pérdida de vidas humanas por un sueño¡!
    Trabajemos por la integración.

    Gran trabajo Helena :D

  4. Cristina

    Coincido plenamente con las palabras de Helena sobre el buen hacer del equipo de Salvamento Marítimo de Almería. Forman un equipo de trabajo del que a mi me gustaría formar parte, por su sensibilidad, por su buen hacer y por su objetivo “simplemente salvar vidas”.

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