Pandoras Invisibles

Durante esta semana los medios africanos y los compañeros de GuinGuinBali se hacían eco de la historia de La Venus Negra.

Abdellatif Kechiche había presentado en Venecia una película basada en la historia de esta mujer africana que fue exhibida en Europa, como si de un animal se tratase, debido a las dimensiones extraordinarias de sus nalgas y genitales.

El relato me ha hecho recordar un vídeo que había visto hacía dos meses. Me lo mostraba un joven marroquí en su teléfono móvil.

Una nigeriana bailaba semidesnuda, exhibiendo un enorme trasero, en una casa particular de Marruecos, mientras varios hombres coreaban insultos y se mofaban de ella.

“Mírala, pobrecilla, igual que un animal”, me dijo el muchacho entre triste y socarrón. Le producía pena esa mujer, para él a todas luces inferior, y a la vez  bromeaba con el grotesco espectáculo.

La chica, engalanada en exceso y con una gran peluca de pelo largo, liso y rubio, se movía de una forma  ágil y hermosa. Me dio la sensación de que su entereza ponía algo de dignidad a aquel vídeo rocambolesco.

Me ofreció el chaval pasar a mi móvil la grabación, cosa que rechacé. Sentí que cada vez que alguien veía ese vídeo volvía a repetirse el maltrato, de alguna manera, la víctima era agraviada una y mil veces.

Después, buscando a la chica, me enteré de que formaba parte de una red de trata.

Al igual que aquella Venus Negra esta mujer de peluca rubia también es una esclava.

Saartjie fue llevada a Londres en 1810 y se barajan dos teorías. Algunos dicen que mediante engaño por medio de los vínculos emocionales con un médico europeo. Otros, que directamente fue trasladada como esclava.

Beauty fue llevada a Marruecos camino a Europa en 2010 con una red de trata y está bajo la protección de un “marido”.

Me puse a pensar en el doloroso destino que había querido que justo 200 años después nuestras sociedades siguiesen transportando mujeres esclavas.

La Asociación Abolicionista Africana intentó que Saartjie se liberase de su yugo, pero al parecer el que ella dijese que disfrutaba de la mitad de las ganancias no permitió que se la considerase esclava.

Algo parecido pasa hoy en día cuando en algunos Centros de Internamiento de Extranjeros a las mujeres se les pregunta si ellas sabían que ejercerían la prostitución al llegar a España, o algunas veces, en casos extremos, se les cuestiona si ellas son putas porque quieren. En el caso de que la respuesta no sea contundente, tampoco serán consideradas víctimas.

Durante cinco años La Venus Negra se exhibió en el centro de Londres, tenía un público y una clientela.

En nuestra sociedad actual también hay una demanda de esclavas, una responsabilidad de aquel que consume lo que las redes le ofrecen.

Cuando Saartjie murió conservaron los genitales y el cerebro en formol para ser estudiados por un zoologista y paleontólogo francés. Es curioso, lo poco que hemos avanzado en la cuestión de la diversidad.

Andalucía Acoge publicaba un informe donde se denunciaban las pruebas de determinación de la edad para menores migrantes. En concreto, una niña nigeriana había sido declarada mayor de edad y en su informe radiológico se especificaba “edad ósea de 18 años, según los criterios establecidos por Greulich y Pyle para varones de raza blanca en la costa este de USA”.

Dos siglos después, la diferencia no sólo no acaba de  integrarse en nuestro imaginario social sino que, además, incluso es obviada por nuestras leyes democráticas.

El director de la película habla de La Venus Negra como un personaje misterioso.

Tal vez hubiese encontrado luces a ese misterio través de otras mujeres esclavas que hoy en día comparten nuestros espacios sin que seamos conscientes.

200 años que parece que fueron ayer.