Pandoras Invisibles

¡Qué suerte nacer en la zodiac y no aquí en Marruecos!

Es la frase más pronunciada por las  compañeras de la embarazada que dio a luz en la patera del Mar de Alborán hace unas semanas.

¿Suerte? Pensaba lo que tendría que ser los dolores de un parto en el oscuro de un inmenso mar y se me agarra un nudo, no de los de garganta, sino de ésos que las mujeres tenemos en pleno útero.

Pero para las nigerianas, Happiness (nombre de la niña nacida en el mar) es una afortunada, una niña con estrella.

En estos días de loterías de navidades la palabra suerte tiene un significado muy diferente en ese otro lado norte del Mar de Alborán.

Y es que ante tanta desigualdad ¡Qué difícil se nos hace la construcción de una suerte común donde todas nos sintamos reconocidas!

La semana pasada quería escribir sobre esa mujer, para mí heroína contemporánea, cuyo culmen de su viaje es dar a luz en una patera. La rabia que sentía en el estómago leyendo y escuchando a los medios de comunicación españoles me impidió hacerlo.

En España habían elegido a su héroe y evidentemente no podía ser una mujer africana. Para periódicos y radios un hombre vestido de verde, un guardia civil, era el protagonista de esta historia.

No es que quite el mérito de dar calor a un recién nacido, pero la vida de esa niña no dependía de ese hombre y él sólo estaba cumpliendo con su deber, haciendo su trabajo.

No digo que no debamos entrevistarle en todos los medios, pero ese espacio de tiempo debería haber estado dedicado a esas mujeres, a todas las que son mamás como la madre de Hapiness.

Tiempo para saber de dónde vienen, por qué vienen, a dónde van, qué pasará con ellas y para reconocerles esas ganas de salir adelante y buscar un futuro donde no lo hay.

Pero es que ese parto tiene algo de revolucionario que no queremos reconocer, que nos cuesta. El nacimiento de Hapiness es una gran victoria sobre un sistema injusto y lleno de desigualdades.

Nos encontramos más cómodos ensalzando los elementos propios de nuestra construcción social, pero por mucho que nuestros medios escenifiquen los hechos con mecanismos de nuestro control, con color verde militar, la realidad es muy diferente.

Lo cierto es que Hapiness y su madre son negras, como el oscuro mar de Alborán por la noche, y son ellas las que lo arriesgaron todo y son ellas las que dieron vida en medio de la oscuridad.

Este parto es la capacidad de la mujer por sobrevivir, el derecho al movimiento y la supervivencia en plena efervescencia.

No hemos querido desde nuestros medios darle el protagonismo que merecían sus historias porque no nos interesa que nos cuestionen desde dentro.

Muchas de esas mujeres vienen a Europa para sufrir explotación sexual y lo hacen porque nuestro sistema social la demanda, las quiere cada vez más jóvenes y llenan las calles de muchos polígonos industriales. Salieron de Nigeria, de Edo State, donde la pobreza se mitiga con la trata de sus mujeres y niñas.

Entregaron su cuerpo y su alma a una red que les prometió llevarlas a Europa. Saben algunas que el final será la prostitución pero tienen interiorizado que es la única salida que les queda, la única respuesta ofrecida por un sistema de oferta y demanda donde el origen, tránsito y destino migratorio juegan un rol en la destrucción de las mujeres como personas.

Así, durante todo el camino los derechos fundamentales de las mujeres y niñas son pisoteados, no sólo por las redes de trata, sino también por los estados, donde las víctimas no son reconocidas como tales y son perseguidas como delincuentes.

Si escuchásemos a las mujeres nos contarían las violaciones constantes, la violencia física y psicológica sufrida durante meses o años, las deportaciones en plena noche acompañadas de bebés llorando de miedo, tiritando de frío y muriendo de hambre. Tal vez nos contasen también, cómo otras niñas, otras Hapiness, han nacido en el bosque, en el desierto, o en un ghetto de ramas y plásticos.

Supongo que nos costaría aceptar que pocas serán reconocidas por nuestro estado como víctimas de trata. Aún a  pesar de nuestras flamantes leyes, serán tratadas como inmigrantes irregulares y volverán a sufrir vulneración de sus derechos.

Algunas, liberadas con expediente de expulsión, pasarán a poblar nuestras calles ofreciendo sus servicios sexuales.

Otras, deportadas a Nigeria por nuestro estado, volverán a ser recuperadas a pie de avión por las redes e iniciarán un segundo viaje donde estarán mucho más endeudadas y  volverán a ser explotadas.

Paradójicamente, la militarización de fronteras ha conseguido reforzar las redes de trata con fines de explotación en unos espacios permeables para las mercancías.

Esto sucede, porque en realidad, estas mujeres y niñas son una mercadería más, demandada por nuestra sociedad, que se convierte en otro de los negocios del espacio fronterizo.

Y dicho todo esto, sigo pensando que me hubiese gustado que las protagonistas indiscutibles de la noticia hubiesen sido Happiness, su mamá y sus historias de vida.

(7) Comentarios

  1. Cristobal Fábrega

    Gracias Helena por hacernos ver lo que no vemos, sentir lo que no sentimos, sufrir lo que no sufrimos. Gracias por ser la mensajera que, revolviendonos las tripas, nos haga luchar por un mundo mejor. Que Dios proteja a Happines y a su madre nacida en las aguas de Alboran una noche oscura de otoño.

  2. [...] ¡Qué suerte nacer en la patera! [...]

  3. Raquel G.

    Gracias una vez más Helena por contar la realidad de las víctimas de trata que otros medios se empeñan en esconder. Cuando me enteré del nacimiento de Happiness no podía dejar de pensar en lo que había sufrido la madre a bordo de la embarcación. Cuando tuve a mi niño pensaba en estas mujeres que habían parido en el camino, en el bosque, en el desierto… qué fortaleza y qué incertidumbre por el futuro de sus bebés y qué “suerte” la mía de estar tan bien atendida por mi familia y en un hospital.

  4. [...] This post was mentioned on Twitter by Rubén Díaz and Jordi Díaz Casaubón. Jordi Díaz Casaubón said: ufff, quanta raó…http://pandoras.periodismohumano.com/2010/12/23/la-suerte-de-nuestras-heroinas-contemporaneas/ [...]

  5. [...] La suerte de nuestras heroínas contemporáneas pandoras.periodismohumano.com/2010/12/23/la-suerte-de-nue…  por Lies hace 3 segundos [...]

  6. Moni

    Me encantó ese artículo, relato, verdad…aunque parezca un cuento, es real como la vida y duro desde su tristeza el hecho que describes..
    Importante recalcarlo para las personas que ni se dan cuenta, viendo las noticias, que esa madre y ese bebé son los verdaderos protagonistas o heroínas. ¿Alguien se paró a pensar cómo es parir en el mar? ¿Cómo es siquiera iniciar ese largo y tremendo viaje?
    Y, por fin, cómo es llegar y…no tener esperanza de que haya servido de algo realmente porque…les esperan policías, guardias civiles etc y centros de internamiento, órdenes de devoluciones, expulsiones y mucho más…
    Y ni siquiera un permiso de residencia o algún acuerdo que les diga: sí, hiciste todo esto y más y ahora te tendemos la mano…

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