Pandoras Invisibles

El ambiente en las fronteras libio-tunecinas de Ra´s Jädir y DeGhiba-Wazin es caótico y asfixiante. En la primera “gobiernan” las milicias de Zuwärah, que han introducido un control fronterizo donde reina la corrupción y la arbitrariedad. En la segunda, el paso constante de armas ha provocado enfrentamientos con la policía tunecina, que el día 28 de octubre, se saldaron con dos militares tunecinos heridos.

Un exrebelde libio golpea con su zapato un dibujo de Gadafi en la frontera de Ra´s Jädir con Túnez. 20 de Octubre de 2011. (AP Photo)

Tras el asesinato de Gadafi sale a escena una nueva Libia replegada sobre sus asuntos internos y volcada en un mayor control de fronteras. Un ejemplo patente es que el paso fluido de periodistas internacionales ha sido sustituido por un proceso más selectivo donde Libia exige documentos muchas veces imposibles de obtener. Esto coincide además con una salida de las noticias libias de la agenda mediática internacional.

“La revolución se ha acabado, hemos liberado Libia, da igual Saif el Islam, y otros, y ahora la nueva Libia tiene sus visados y sus cosas, no puede entrar la gente así como así en nuestro país”, declara uno de los controladores de la frontera mientras teclea en un ordenador.

En los controles libios es difícil saber quién es el responsable. Una amalgama de hombres vestidos de paisano o con uniformes de diferentes colores, procedentes de poblaciones cercanas se encargan de revisar la documentación. Algunos de los que están armados son adolescentes y se quejan de llevar varias noches sin dormir. Para mitigar el cansancio parecen en estado de embriaguez. “Están drogados. Mastican algo que les mantiene despiertos, pero están drogados, tenemos un gran problema con la droga que está circulando. A veces disparan al aire, o hacen incursiones en territorio tunecino. Dicen que son bandidos, pero no se puede saber, no sabemos diferenciar quién es autoridad y quién es bandido en el lado libio”, comenta un funcionario tunecino.

La violencia en las fronteras se mitiga con la corrupción y es que un buen soborno puede solucionar casi todos los problemas. Las mordidas varían entre 50 dinares (25 euros), que pagan ciudadanos europeos, en su mayoría periodistas, a 300 dinares (150 euros) que se les pide a otras nacionalidades, sobre todo las procedentes del norte de áfrica.

Los hay que no tienen ese dinero y se quedan estancados entre los tunecinos y libios sin posibilidad de moverse durante mucho tiempo. Dos familias han pasado cinco días sin poder salir de Libia porque Túnez se niega a recibirles. Entre las dos fronteras, con las maletas que les quedan de toda una vida de migrantes en Libia, están esperando ayuda para poder salir de esa situación. “Unos familiares van a intentar enviarnos algo de dinero, con el dinero podremos hacer algo, ya no nos queda nada, pero al menos estamos vivos, que no es poco”, comenta el cabeza de familia de origen chadiano.

Algunos ciudadanos extranjeros comienzan a volver a sus casas de Trípoli y encuentran dificultades para que se les reconozca las tarjetas de residencia expedidas durante el tiempo de Gadafi, esto hay que unirlo a la arbitrariedad en la concesión de visados que para su obtención tienen un proceso tan complicado como en el anterior régimen.

La media para viajar por transporte terrestre desde la capital de Túnez a Trípoli se puede convertir en 24 horas de angustia. “Estuvimos retenidos cinco horas entre las dos fronteras. No son buenos tiempos para ir a Libia, salvo que seas una gran empresa europea… El ciudadano de a pie extranjero no es nada respetado y si eres mujer mucho menos”, declara una española residente en Libia.

“Cruzar una mujer sola la frontera libia es una locura ahora, no hay ley ninguna y las mujeres en Libia no tienen ningún derecho, da igual de donde seas, no respetan ni a sus propias mujeres”, explica una joven libia que se ha sentido violentada en el control fronterizo. “Se aproximan a pocos centímetros de su cara, comienzan a hacer preguntas que corresponden a la intimidad y poco a poco van rebasando el límite del respeto”.

Los tunecinos también se quejan de sus vecinos libios. Los escarceos en la frontera entre las milicias libias y la policía tunecina forman parte del día a día.

“Un rebelde intentó robarme el chaleco antibalas y me dio con la culata del kalashnikof en la espalda”, declara una inspectora tunecina. Es la única mujer policía en la frontera, “me trajeron aquí para controlar el paso de las mujeres, porque muchas mujeres libias van totalmente tapadas y ningún hombre puede verlas y cachearlas. Imagínate que he encontrado armas escondidas debajo del niqab, así que es necesario que haya aquí una mujer, aunque es peligroso, cada vez más”.

El número de armas en Ben Gardane, ciudad fronteriza con Libia, una especie de Ciudad Juárez norteafricana, ha aumentado sensiblemente en los últimos tiempos. En la capital tunecina, en el último mes, se han producido tres redadas para incautar armas procedentes del conflicto libio.

“En Libia sobran armas y se venden baratas”, explica un bengardiano. Ben Gardane ha vivido del contrabando con el país vecino cuyas materias principales de estraperlo eran la gasolina y el textil, pero desde la guerra libia, las armas y las drogas se han incorporado como principales productos que circulan por la zona.

La embajada de Francia recuerda que el visado ha sido instaurado de nuevo en la nueva libia y que “las zonas fronterizas con Argelia, Túnez (en la parte sur), Níger, Chad y Sudán tienen un alto riesgo de inseguridad debido a la presencia de bandas armadas o elementos terroristas. Estas áreas se debe evitar absolutamente”. Bandas armadas que, según ciudadanos de la frontera, coinciden en ocasiones con miembros de las propias milicias de liberación.

“Están exultantes y sin control, es el síndrome del petróleo”, comenta un local. Se refiere con esta expresión a que el mundo dejó hacer a Gadafi todo lo que quiso y a sentirse por encima del bien y del mal, y añade ” a éstos les pasa lo mismo, hacen todo lo que quieren y harán todo lo que quieran siempre que el petróleo no le falte a los franceses, americanos y a los demás”.

“A veces disparan al aire o sobre la bandera tunecina, es su diversión. La inestabilidad en Libia nos preocupa mucho porque nos afecta de una manera importante”, declara una inspectora tunecina.

Y es que al CNT (Consejo Nacional de Transición) aún le es muy difícil controlar a las distintas brigadas que operan en el país, y cada una de ellas, impone su particular ley en su zona de influencia. Esta arbitrariedad de los thuwwar o grupos armados revolucionarios se hace más patente en el control de fronteras y en las detenciones a extranjeros, sobre todo los que tienen piel oscura.

La frontera terrestre, fuera de los pasos fronterizos oficiales, sigue siendo lugar por donde huyen ciudadanos, en su mayoría de África subsahariana. Muchos de ellos han sido víctimas de detenciones arbitrarias, lo que en el informe de Amnistía Internacional denomina como secuestros. Huyen sobre todo buscando Djanet, en la frontera argelina o Ghadamis, con la intención posteriormente de lograr llegar a Deb Deb, también en Argelia.

“No podía soportar más violaciones”, declara Peace, nigeriana.

Y es que el drama humanitario sigue siendo una realidad en la zona, aunque el fin del régimen haya hecho olvidar a los más de cinco mil refugiados que aún se hacinan en las fronteras y a otros tantos que dentro del territorio libio siguen escondidos a la espera de acontecimientos.


“Los argumentos son una falacia y, además, dejan en grave riesgo la presencia de mis colegas en el país, contra los que pueden de manera arbitraria y en cualquier momento volver a utilizarlos”, así lo anunciaba Luis de Vega en la última entrada de su blog desde Marruecos. Había sido desposeído de su acreditación como periodista y no podía seguir ejerciendo la corresponsalía en este país vecino y amigo de la democracia española.

Luis ha sido siempre uno de los buenos corresponsales que tiene nuestro país y uno de los mejores periodistas especializados en migraciones.

El único pecado que podríamos achacar a Luis es trabajar en una empresa como el ABC. Y digo ABC como podría decir PRISA o el MUNDO, o qué contar de nuestras televisiones.

La mayoría de los periodistas se encuentran presos en estructuras empresariales de comunicación que perdieron la visión de que la información es un derecho y no un negocio o un aparato de propaganda del sistema.

En varios comunicados el gobierno marroquí cargaba contra los medios españoles y utilizaban para justificarse algunas medias verdades, no en lo referente al trabajo de los corresponsales claro está, pero sí en la deriva de nuestros medios.

Demasiadas “vacas sagradas” escribiendo desde Madrid sin estar en el terreno o demasiados recortes para que periodistas profesionales puedan ejercer con dignidad desde allí donde sucede la noticia. Y muchos errores, demasiados, en la veracidad de los mensajes.

Luís ha pagado por la falta de libertad de información pero también ha sido uno de los chivos expiatorios de los errores de nuestras empresas y de la complicidad del gobierno español.

Soportó una campaña de descrédito orquestada desde los medios de comunicación marroquíes que le habían señalado como antiguo soldado en Irak y Comandante Supremo del Comando formado por los periodistas españoles que trabajan en Marruecos.

Así se ha venido trasladando a la población marroquí la idea de que los periodistas son sólo una pieza más del engranaje de un conflicto, la parte propagandística del enfrentamiento de dos pueblos.

El sentimiento anti-periodistas españoles, se extiende despacio pero eficaz, camuflado por el patriotismo marroquí, Ceuta, Melilla y el Sáhara.

Así, mientras nosotros, los ciudadanos de ambos países, perdemos el tiempo en intentar odiarnos, nuestros gobiernos se aman y tienen orgasmos, y dan sus frutos en forma de empresas conjuntas o de casas de ex presidentes españoles en playas tangerinas.

Entramado de intereses incluso en los proyectos de cooperación bilaterales sin ejecución desde hace años y de los que nuestros gobiernos regionales aprueban segundas fases, sin pedir cuentas de los millones de euros desembolsados con anterioridad.

Un engranaje de codicias que necesita para su sustento matar al mensajero que ya no es una gran empresa de comunicación que, a su manera, también mantiene el sistema.

Como  enemigo se señala a los periodistas, aquellos que ejercen, los pocos a los que les dejan ejercer o que al menos lo intentan.

Porque ellos en realidad son el reflejo de la libertad de información que ya no defienden las grandes empresas.

Construir ciudadanía a través del derecho a la información debe ser una obligación para el informador, ya sea en España o en otros países.

Los mensajes no pueden estar al servicio del neocolonialismo, ni de los intereses de los grandes medios, ni jugar al juego de gobiernos corruptos, aunque esto suponga para muchos periodistas amenazas, expulsiones e incluso, jugarse la vida en el intento.

Gracias a Luís y a otros muchas/os por su trabajo.


Frontera de Bel Younech y Ceuta.

El gobierno marroquí lanzaba un comunicado el seis de agosto denunciando una devolución irregular por parte de la guardia civil de Ceuta.

Las víctimas han sido de nuevo inmigrantes subsaharianos, en concreto ocho, que se encontraban en un grave estado de salud.

Ninguna de las entidades que trabajan en inmigración ha podido esconder su sorpresa ante esta declaración pública del reino vecino.

Organizaciones sociales, organismos internacionales e incluso el Defensor del Pueblo Español habían abierto investigaciones sobre lo que sucedía en las fronteras de Ceuta y Melilla.

Ahora sorprendía que fuese el propio Marruecos quien admitiese estas prácticas.

Este tipo de devoluciones, deportaciones o expulsiones irregulares (imposible calificarlas legalmente puesto que se oponen al derecho internacional e incluso a nuestra ley de extranjería) se vienen efectuando desde hace años con el beneplácito de las autoridades de ambos países, España y Marruecos.

La base legal que han argumentado siempre era el Acuerdo de Buena Vecindad de 1992, que contemplaba la devolución a tierras marroquíes de los inmigrantes que hubiesen salido de ese territorio.

Nunca llegó a aplicarse a inmigrantes subsaharianos llegados a las costas andaluzas o canarias, pero sí se ejecuta de forma expeditiva en las fronteras de Ceuta y Melilla.

Años hemos pasado sin la aplicación de un acto administrativo que controlase a las personas devueltas, y que protegiese los derechos de menores, mujeres embarazadas, enfermos o demandantes de asilo.

Años sin la intervención de la policía nacional que posee las competencias en materia de extranjería.

Años “arreglándose” entre la guardia civil de Ceuta y Melilla y las Fuerzas de Seguridad del Reino de Marruecos.

Años sin garantías para los derechos humanos de los inmigrantes.

Inmigrante herido después de una deportación-expulsión y atendido en Marruecos

Entre marzo de 2003 y junio de 2005 se acreditaron 351 expulsiones con estos métodos, entre ellos gente herida y algunos desaparecidos.

Sonko no tuvo la misma suerte y murió el 25 de septiembre de 2007, como “efecto colateral” de estas malas practicas. Así lo relataba en su día Jene F., compañero en aquel fatídico viaje.

«Fuimos atrapados por la guardia civil que nos hizo subir a su barco. Eran tres guardias civiles.

A unos 100 metros de la playa marroquí, la guardia civil dió a la mujer camerunesa un chaleco salvavidas para que pudiera llegar a la orilla de la playa. La guardia civil pinchó el resto de los chalecos con un cuchillo y nos obligó al resto a tirarnos al agua para llegar a la playa marroquí.

El migrante costamarfileño no quiso tirarse al agua y recibió un golpe en la nuca y cayó al mar. El senegalés se agarró a una barra de hierro del barco de la guardia civil y gritaba que él no sabía nadar. Los guardias civiles no tuvieron en cuenta sus palabras y le soltaron los dedos para hacerle caer al agua y que volviera como pudiera a la playa marroquí, pero por desgracia él se ahogó en la superficie de las aguas delante de la guardia civil, protagonistas de tan macabra escena.

Una vez que la guardia civil se dio cuenta del ahogamiento del chico senegalés, se tiraron al agua para ponerle a salvo. Le llevaron rapidamente a tierra firme y también corrieron a socorrer al costamarfileño. Intentaron reanimarlos a los dos pero el senegalés ya estaba muerto ».

Los inmigrantes habían usado aquel día el método de life-jacket y se lanzaban al agua a nadar en parejas. Las deportaciones de la guardia civil añadían un gran riesgo a esta forma de cruce.

Increíble ha sido también el posicionamiento de la Fiscalía General del Estado que ante la denuncia de estos hechos se pronunció en 2009 de la siguiente forma, «cúmpleme comunicarle que esta pretendida «devolución de hecho» y fuera de los cauces legales, en absoluto se ha producido, sino que la actuación de los agentes de la Guardia Civil se ha limitado al rescate y salvaguardia de dos sujetos que intentaban cruzar a nado desde una playa de Marruecos a otra de Ceuta y a petición de las propias autoridades del norte de Africa. Esta actuación no es la primera vez que se lleva a cabo… ».

En la actualidad pequeñas lanchas neumáticas a remo salen desde el mes de marzo en las playas marroquíes buscando las costas ceutíes o gaditanas.

Desde esa fecha dieciocho personas han desaparecido tragadas por el estrecho o en expulsiones sin control.

«Me devolvieron de la lancha, íbamos cuatro, la zodiac de la Guardia Civil casi nos hace volcarnos. Allí en la costa marroquí, nos detuvieron los gendarmes. ¿Cómo nos vamos a ver?. Somos mercancía y moneda de cambio de las relaciones bilaterales de España y Marruecos. Por encima del Derecho Internacional y de los Derechos Humanos, están los intereses económicos y estratégicos que unen a ambos países. Esto lo sabemos. Somos inmigrantes y pobres, pero no estúpidos », declara Issa, devuelto hace una semana a las costas de Bel Younech por la Guardia Civil de Ceuta.