Pandoras Invisibles

Veintitrés inmigrantes denuncian haber sido devueltos sin garantías por la Guardia Civil de Melilla, tras haber llegado a la playa de esta ciudad. Entre ellos, cuatro embarazadas y cuatro menores, de edades comprendidas entre uno y ocho años. Todos demandaron asilo ante los agentes españoles.

Archivo (AP Photo)

Sucedió la madrugada del veinticinco. Dicen que llegaron alrededor de las tres de la mañana a la costa de Melilla. El primer contacto fue con una mujer y dos hombres, que posteriormente identificaron como guardias civiles. Algunos estaban sorprendidos porque no sabían que en España una mujer pudiese formar parte de las fuerzas de seguridad.

Los agentes les pidieron calma y ellos se tranquilizaron. Les dieron un poco de agua para beber. Pidieron asilo, aunque según un pastor congoleño  “sabemos por otros compañeros que a la guardia civil les da igual el tema del asilo”.

La mujer togolesa no se encontraba bien, decían que era la fatiga del bosque, del trayecto y su embarazo de casi siete meses. De las cuatro embarazadas era la que más sufrió durante la devolución. Su primer hijo, de seis años, no la soltaba de la mano. “Necesitaba asistencia médica, tenía algunas pérdidas”, declara una compañera camerunesa.

Este hecho, pasado por alto por las autoridades españolas, no escapó a la gendarmería marroquí que  la envío de forma inmediata al hospital de Nador.

Son veintitrés inmigrantes, entre ellos trece mujeres y cuatro menores, devueltos sin garantías por la Guardia Civil de Melilla a Marruecos. Los niños, de corta edad, manifiestan pánico ante las personas uniformadas. “Cuando vemos un militar corremos, los de anoche también daban miedo”, dice un niño de ocho años.

Así, adultos y menores, fueron conducidos por la Guardia Civil hasta la valla que separa Melilla de Marruecos. Los gendarmes marroquíes no aceptaron al grupo, aunque según los inmigrantes, los agentes españoles estuvieron durante un buen rato negociando con ellos.

Después de esto, dieron vueltas y más vueltas. Finalmente, los inmigrantes fueron introducidos en una embarcación española y entregados a los marroquíes por la zona de costa. Esta vez sí que los gendarmes, tras otro tiempo de negociaciones, aceptaron la devolución.

Eran las siete y algo de la mañana. Los veintitrés acabaron detenidos en la comisaría de Nador, aunque al día siguiente las autoridades marroquíes liberaron a las mujeres y los menores.

Preguntan las víctimas de la devolución si lo que a ellos les ha sucedido son prácticas de las leyes españolas. Complicado explicar la realidad de unas fronteras donde los acuerdos bilaterales, las decisiones políticas, están por encima de los Convenios Internacionales y las propias leyes de los países.


  • El Comité contra la Tortura de Naciones Unidas obliga al Estado español a hacer justicia en el caso de Lauding Sonko, inmigrante senegalés muerto en 2007 a manos de la Guardia Civil, cuando intentaba cruzar a nado hacia Ceuta.

Archivo (AP Photo)El Estado, en su defensa, explicó que los hechos habían sido archivados por un juzgado de Ceuta, pero el Comité considera que “cabe al Estado parte explicar las circunstancias de la muerte del Sr. Sonko, toda vez que le han rescatado con del agua con vida. El Comité considera, asimismo, que independiente del hecho de que los guardias civiles hayan pinchado el flotador del Sr. Sonko o a qué distancia de la orilla lo hayan depositado, este fue dejado en condiciones que le causaran la muerte”. Ya que el comité observa que “los guardias civiles mantuvieron el  control sobre las personas a bordo y eran por tanto responsables de su integridad”.

Además, el Comité considera la imposición de “sufrimiento físico y mental antes de su muerte, agravada por la particular vulnerabilidad del autor como migrante”. El Comité condena al Estado español por violación de los artículos 16 y 12 de la Convención Contra la Tortura y Otros Tratos o Penas Crueles, Inhumanos y Degradantes. El comité “insta al Estado parte a efectuar una investigación adecuada e imparcial de los hechos que se produjeron el 26 de septiembre de 2007, a perseguir y condenar a las personas responsables de esos actos y a conceder una reparación integral que incluya una indemnización adecuada a la  familia del Sr. Sonko… el Comité desea recibir en un plazo de 90 días, a partir de la fecha de transmisión de la presente decisióm, información sobre toda medida que hay adoptado en respuesta a las observaciones formuladas supra”.

El caso de Lauding, que acabó en una tragedia irreparable, forma parte de una lista interminable de devoluciones ilegales e inhumanas efectuadas en la frontera de Ceuta.

El protocolo de devoluciones aplicado por la Guardia Civil a Sonko consistía en recoger a los inmigrantes mientras estaban nadando, subirlos al barco, y volver a tirarles al agua, para que volviesen a nadar en dirección a la playa marroquí. Muchas personas que habían sufrido esta práctica llegaban extenuadas, con hipotermias y eran detenidas por la gendarmería marroquí. Se quejaban también los inmigrantes que los guardias civiles les hacían fotos antes de volver a obligarles a nadar.

Así fue devuelto dos veces Smael, tras haber pedido asilo. Una de las veces casi pierde la vida y tuvo que recibir asistencia médica en Castillejo, ciudad fronteriza con Ceuta. “No me extrañó la muerte de Sonko, lo que me sorprende es que no hayan muerto muchos más, aunque claro no cuentan las personas desaparecidas a las que sus familias siguen buscando. La familia de Sonko al menos tiene la suerte de saber lo que pasó con él y dónde está enterrado”, Smael habla desde un profundo dolor porque en una de esas “deportaciones” de nuestras fuerzas de seguridad estuvo desaparecido para amigos y familiares durante quince días.

Lo peor de todo esto es que la muerte de Sonko no fue provocada por unos guardias civiles actuando de forma arbitraria, sino por un cuerpo de seguridad que cumplía órdenes de la Delegación de Gobierno de Ceuta. Esta práctica era institucional, lo que dificultó las investigaciones del caso Sonko y provocó que nuestra justicia ordenase el archivo de las actuaciones derivadas del fallecimiento de Launding.

Sonko fue trasladado al cementerio de Santa Catalina de la ciudad autónoma y enterrado como un número. Otros compañeros en el bosque de Ben Younes, próximo a Ceuta, habían guardado algunas de sus pertenencias. Entre ellas, había unas pulseras y la carta de inscripción consular. Con ese documento se logró poner nombre y apellidos a la víctima. Tras diversas averiguaciones se contactó con su familia en Senegal y con otros familiares residentes en Almería.

Sonko no estaba solo aquella madrugada del 26 de septiembre de 2007, las tres personas que le acompañaban, dos hombres jóvenes y una mujer de cincuenta y dos años, fueron deportadas al desierto, en la zona de Argelia, tras ser detenidas por las autoridades marroquíes. Así, se perdían los testigos de un hecho delictivo.

Buscarles no fue fácil pero no hubo ninguna dificultad en que colaborasen en dar su testimonio sobre los hechos, mostrando una gran valentía y solidaridad con su compañero muerto.

El relato de los testigos y también víctimas de tortura, daba luz a lo que había sucedido esa madrugada.

“El barco que nos ha sacado del agua se ha dirigido hacia la costa marroquí. Los guardias nos han empujado al agua. Antes de ello, uno de los guardias ha sacado un cuchillo y pinchado los salvavidas de los hombres. El chico costamarfileño vomitaba porque estaba muy cansado y gritaba que por favor no le tiraran que quería pedir asilo, que era refugiado. En ese momento uno de los guardias civiles le ha dado un golpe en la nuca y también le han tirado al agua. El costamarfileño se las ha arreglado para llegar a la playa.

El senegalés gritaba que no sabía nadar, y gritaba constantemente que no sabía nadar, y los guardias le han tirado al agua y reían, parecía como si pensaran que todo era una broma.  Al principio se ha agarrado a algo del barco, pero los guardias le han soltado del barco a la fuerza. Ya en el agua, el chico senegalés ha  bajado y subido a la superficie tres veces y a la tercera  ya no gritaba y entonces uno de los guardias, se ha tirado al agua para sacarle.

Ya en la costa, en el lado marroquí de Ben Youness, estábamos los cuatro en la playa. El costamarfileño había perdido el conocimiento por el esfuerzo y estaba medio ahogado. El senegalés estaba muerto.

La gendarmería marroquí se ha quedado con nosotros pero le ha dicho a la Guardia Civil que el muerto era de ellos, que ellos lo habían provocado.

Del lado español ha llegado la ambulancia. La guardia civil ha abierto la puerta de la frontera y dos camilleros han entrado unos metros, dos guardias han metido al senegalés sobre la camilla y le han transportado hasta la ambulancia española junto con los guardias.

Hemos pasado tres días en el puesto de la gendarmería a unos cincuenta kilómetros de Tánger, después nos han tirado a la frontera de Argelia”.

Después de identificada a la víctima y obtenidas las pruebas, la profesionalidad, la paciencia y el tesón del gran abogado Alberto Revuelta han hecho ver la luz de la justicia después de cuatro años. Mostrando así que el trabajo con migrantes debe salir del asistencialismo, tan cómodo para el Estado, y asentarse en la lucha por los derechos humanos y la recuperación de la ciudadanía.

Las fronteras  no pueden ser territorios sin ley de nuestra monarquía bananera. En Ceuta y en Melilla debe aplicarse la ley de procedimiento administrativo de negación de entrada y respetarse los Convenios Internacionales firmados por el Estado español.

Esperemos que esta condena sirva de precedente y logre frenar las vulneraciones diarias de derechos que se producen allí donde es fácil hacer desaparecer a las víctimas.


Inmigrante (Arturo Rodríguez / AP)

Una de las lectoras de Periodismo Humano, publicaba en Facebook el siguiente comentario “se me acaba de parar el corazón”. Lo que le había hecho expresar tan maravillosamente un sentimiento de rechazo había sido esta información que había ido contando durante el día:

Hoy una patera con muchas embarazadas e hijos pasó horas a la deriva en el Estrecho de Gibraltar. Finalmente fueron localizados por el servicio de rescate español en aguas marroquíes. Estas son las últimas noticias conocemos de mano de nuestra compañera Helena Maleno: “Todos/as los ciudadanos/as rescatados de la patera en el estrecho, incluídos mujeres embarazadas y bebés, están en manos de la policía esperando la deportación. En el puerto de Tánger las fuerzas de seguridad marroquíes usaron la fuerza para sacarles del barco español que les había rescatado, les pegaron, les pegaron… después siguieron pegando… hay que recordar una hora antes estaban a punto de morir ahogados y presentaban síntomas de hipotermia. Me dice una de ellas “Que dios te bendiga y que bendiga también a los que nos salvaron, pero yo estoy tan cansada”… Buenas noches.

Sentí que Beauty (nombre ficticio), una de las inmigrantes de la patera,  había conectado con una de nuestras lectoras y que me haría ilusión contárselo, si la veía después de ser deportada.

Recuerdo cuando vi a Beauty en su país de origen. Hacía un calor horroroso dentro y fuera del pequeño habitáculo donde se hacinaba con la familia. Le regalé unos zapatos de tacón de colores chillones y ella me ofreció una bebida, mientras hablábamos de su vida. Una familia estupenda, llena de niñas sonrientes. Beauty es una mujer muy fuerte y pensé que si sobrevivía en esa situación sería capaz de hacer cualquier cosa.

Recuerdo cuando vi a Beauty la última vez. Fue en otro pequeño habitáculo de Tánger, luciendo su embarazo y con la cara un poco apagada. Estaba enferma y con asma, aunque contaba, que probablemente daría a luz a una niña a la que aún no había puesto nombre.

Desde ayer a hoy he hablado mucho por teléfono con Beauty. Me llamó para decirme que ella también estaba en la patera que había salido de Tánger rumbo a Tarifa, que habían navegado poco porque el motor se había parado, que el mar estaba muy mal, que incluso había llovido.

Beauty y sus compañeros se alegraron mucho cuando vieron el helicóptero español que les estaba buscando, al que poco después se uniría el barco de salvamento marítimo de Tarifa, que les rescató de una muerte segura.

Hablé con ella cuando ya estaba en el barco español, me contó que le habían dicho que iría a Tarifa, que se había herido en una pierna y que había vomitado mucho. Inmediatamente le pregunté por sus ataques de asma y me pidió que le enseñase cómo se decía asmática en castellano.

Beauty y los demás no llegaron a Tarifa porque Marruecos decidió hacerse cargo de ellos, ya que habían sido rescatados en sus aguas territoriales. A mi mente vinieron los naufragios del veintinueve de noviembre y de diciembre, muertes producidas en aguas de Marruecos por una nula o mala intervención.

En el puerto de Tánger las fuerzas de seguridad marroquíes usaron la fuerza para sacarles del barco español que les había rescatado. Les pegaron, les pegaron y después les siguieron pegando para sacarles mientras los rescatados hacían resistencia pacífica al negarse a salir. Dicen que durante la entrega de los inmigrantes, en el puerto de Tánger, había un representante de la policía española desplazado desde el consulado. Entre los treinta pasajeros de la patera, había ocho mujeres embarazadas y seis mamás con bebés de edades comprendidas entre los cuatro meses y los seis años. Hay que recordar que una hora antes estaban a punto de morir ahogados y presentaban síntomas de hipotermia. Las mujeres embarazadas fueron trasladadas al hospital, dándoles el alta inmediatamente y puestas a disposición judicial. Anoche, Beauty me decía “Que dios te bendiga y que bendiga también a los que nos salvaron, pero yo estoy tan cansada”.

La noche ha sido larga para los inmigrantes. El shock postraumático del accidente lo han pasado en un centro de la policía, esperando ser deportados a la frontera con Argelia.

Hablo por teléfono con una de las inmigrantes que fue rescatada de la patera de ayer. Se encuentra detenida con su hijo. El niño llora tan fuerte que casi no la oigo al teléfono, sólo escucho que el niño grita “¡Mama hungry! (“Mamá, hambre, en español”). Seis niños/as, desde los seis años a los cuatro meses, necesitan comer y que les den ropa para cambiarse “porque han vomitado, se han cagado encima y tienen frío”, dice una de las mamás.

La policía ha prometido que esta mañana traerían algo de comer.

Beauty dice que le duele mucho la pierna, que no tiene ventolín para hacer frente a las crisis de asma y que ha pedido asistencia médica.

A pesar de todo, cuenta que está bien, su voz suena fuerte esta mañana. “Si nos van a deportar que lo hagan cuanto antes, aunque deberían dejar libres a las mujeres embarazadas y a los bebés”


  • José desapareció el día de Nochebuena cuando se decidió a cruzar el estrecho de Gibraltar.
  • Lo último que se supo de él quedó grabado en el contestador de un teléfono. Entre ruido de olas, José pedía que se llamase a la Cruz Roja.

Parecería una metáfora navideña pero es una triste realidad.

José y diecinueve personas más están desaparecidas desde el pasado 24 de diciembre, cuando intentaron cumplir su sueño de llegar a Europa.

Se habían reunido entre todos y cotizado para comprar los materiales. Nada de intermediarios, ni pasadores, una especie de cooperativa, cuyos socios decidieron que aquella noche era la mejor.

“El mar engaña mucho. Después de misa, recogieron algunas pertenencias, yo no lo veía, el estrecho es muy complicado… fue la última vez que les vi”, declara un compañero.

Archivo (Arturo Rodríguez /AP Photo)

Los rumores circulan incesantes entre las comunidades migrantes.

“Parece que los senegaleses llamaron por teléfono a unos compañeros en Rabat porque habían tenido problemas en la patera. Les decían que llamasen a los servicios de rescate en España. Parece que llamaron. Eso es lo que dicen”, responde C. de nacionalidad nigeriana.

Lo que sí es cierto es que se encontraban en peligro y que llamaron pidiendo auxilio.

Ahora les lloran por los barrios. “Ayer nos dijeron que seguramente habían muerto todos, pero ¿dónde están los cuerpos?”, se lamenta A. entre lágrimas.

“Había una chica entre ellas pero no la conocemos. Cuando estás en la “aventura” intentamos saber de dónde viene cada uno, así, al menos, cuando alguien desaparece podemos llamar al barrio, en el país de origen, dar la alerta, buscarles”, declara N. con visible impotencia.

La única opción que les queda es seguir buscando, mientras los días van agotando la esperanza de las personas que amaban a José y al resto de sus compañeros de viaje.


Archivo (Javier Bauluz / Piraván)

¿Será que escribo con el corazón o con las entrañas?. Hecho políticamente incorrecto. ¿Será que me da por saco la asepsia y la objetividad de la profesión periodística?, abanderada cuando interesa. ¿Será que estoy ovulando o tal vez con el síndrome premenstrual?, como diría nuestra tradición machista.

No sé lo que será, pero la nota de EFE y EUROPAPRESS sobre el accidente de la patera de ayer ha hecho que salga de mi desconsuelo absoluto, de mis llantos interminables, para situarme en la rabia más tremenda, que descargo contra un sistema, el nuestro, que está podrido.

La patera salió de costas marroquíes entre las tres y media y cuatro de la madrugada del día 29 de noviembre. Para dar más datos y cifras, que siempre a los medios les gusta conocer, iban en ella diez bebés con sus mamás, cuatro embarazadas y cinco “solteras”, como los africanos llaman a las mujeres que van solas. El resto eran hombres.  Un total de aproximadamente sesenta personas.

Eso es lo que quiero remarcar, la palabra personas. Venidas de sitios muy diferentes, desde Nigeria, Congo, Camerún, Mali, pero sobre todo personas.

Hacia las cinco de la madrugada se dieron cuenta de que algo iba mal, la lancha estaba pinchada, debido al golpe con una roca. Llamaron a tierra, a un familiar, pedían socorro, eran conscientes de que estaban muy cerca de la costa marroquí, así que llamaron a la Marina de Marruecos.

A las nueve de la mañana y desesperados porque no obtenían respuesta de las autoridades marroquíes llamaron a Salvamento Marítimo en España.

“Sí, sí, decía uno de los familiares, si están al lado de Alhucemas, si ven las casas y los coches, pero es que los marroquíes no van a ir a buscarles, les llamamos a las cinco y nada. Alguien tiene que ir, que alguien haga algo y lo haga rápido, porque ha habido muertos, y están desesperados”

El “problema” era precisamente ése, que estaban en aguas marroquíes y que para que Salvamento pudiese actuar necesitaba el permiso de las autoridades de Marruecos.

Paradójicamente, desde el mes de julio está activa en aguas de la zona la Operación Indalo, un operativo policial coordinado por el Frontex o Agencia Europea para la gestión de la cooperación operativa en las fronteras exteriores de los Estados miembros de la Unión Europea. Uno de los objetivos principales de esta operación es recabar información para acabar con la entrada de inmigrantes, aunque también señalan que ellos salvan vidas, evitando el número excesivo de pateras. En esta operación además participan agentes marroquíes junto a otros de varias nacionalidades de la Unión Europea.

Pero ayer los dispositivos de coordinación parecían ir lentos y conseguir un permiso para entrar en aguas marroquíes, a pesar de las operaciones conjuntas y las buenas relaciones, toma tiempo.

Hacia las dos de la tarde, hora marroquí, la Salvamar Alcor llegó hasta el lugar donde se encontraba la zodiac, ya semihundida, pero unos minutos antes había llegado una patrullera marroquí,  que procedió al rescate de los supervivientes y de algunos cadáveres.

El tiempo que va desde las cinco de la madrugada hasta las dos de la tarde lo pasaron en la zodiac pidiendo auxilio, en contacto permanente con un móvil marroquí, que tenía cobertura porque estaban muy cerca de la costa.

“Vamos a morir, estamos sin motor, lo hemos tirado para evitar que el peso haga entrar más agua en la barca”.

“Hay gente sin chalecos salvavidas, ¿cuántos minutos van a tardar en rescatarnos?”

“¿Oyes?, ¿oyes cómo llora?. Es uno de los bebes, tiene tres meses. Las primeras que caen al agua son las mujeres y los niños, no tienen tanta fuerza”

“Hay gente muerta y más gente que va a morir, la barca está casi hundida… Estamos muy cerca de la costa, vemos las casas, vemos los coches, ¿porqué no viene nadie a buscarnos?”

Tras el rescate, producido nueve horas después de la primera llamada de auxilio, el teléfono de los rescatados dejó de estar operativo.

“No sabemos nada de ellos, nadie ha llamado. Normalmente esconden los teléfonos porque la policía marroquí se los quita. Estamos esperando que los deporten a la frontera de Argelia. Cuando los deporten podremos saber quiénes son los fallecidos. Normalmente lo hacen rápido porque no los tienen mucho tiempo en comisaría. Allí no hay asistencia médica, ni casi comida, así que pronto los enviarán al desierto”, declara un camerunés, familiar de una de las personas de la embarcación.

Ayer los dispositivos no funcionaron, la coordinación entre los dos países fue deficitaria, la operación Índalo fue un fracaso, y sólo tengo que destacar la impresionante labor del equipo de Salvamento Marítimo de Almería, dejándose la piel en cada rescate, trabajando más allá de las fronteras, allá donde se encuentran las personas.


  • Caravanas de coches apoyadas por el mazjden recorren las ciudades de Marruecos pidiendo a los “súbditos” del reino su participación en las elecciones del próximo 25 de noviembre.
  • A la vez, manifestaciones lideradas por el movimiento 20 de Febrero piden el boicot.
  • Las legislativas marroquíes han estado marcadas  por ambas iniciativas, enviando a un segundo plano los programas electorales de los partidos políticos.

Son las primeras legislativas tras la reforma que la monarquía alaouita impulsó en septiembre pasado, presionada por las protestas en las calles.

Considerado como un segundo referéndum a los cambios presentados por el Régimen, la tasa de participación es uno de los puntos que el sistema considera vitales. De hecho, es la primera vez que los marroquíes podrán votar presentando su carnet de identidad.

El nuevo Parlamento que salga de estas elecciones contará con 395 representantes, setenta más que en la anterior convocatoria, dejando en principio las nuevas setenta sillas a jóvenes y mujeres.

En las últimas elecciones, de los 13 millones de registrados en las listas electorales sólo acudieron a votar el 37%. A esto habría que añadir la consideración de que las personas en edad de votar en Marruecos ascienden a veinticuatro millones. Más de once millones no votarán al no estar en los registros electorales.

Entre los votantes, destaca el perfil de los jóvenes ya que 50% de los inscritos tienen menos de 35 años. Estos jóvenes presentan una tasa de desempleo de más del 30% y están cansados de los altos niveles de corrupción.

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El apoyo a la abstención o el boicot a las elecciones está liderada por el movimiento 20 de febrero, con el apoyo de Al-Adl wa´l Ihsan (Justicia y Caridad), Vía Democrática, PADS (Partido de la Vanguardia Democrática y Socialista) y PSU (Partido Socialista Unificado).

Human Rights Watch denuncia en un comunicado de fecha 23 de noviembre que alrededor de 100 personas han sido detenidas desde el 20 de octubre por cuestiones relacionadas con la campaña de boicot a la convocatoria del 25 de noviembre.

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Otro de los elementos que ha marcado la invisible campaña electoral ha sido la convicción de que el PJD, islamistas moderados, ganarán las elecciones.Dentro de sus filas esperan obtener unos 70 diputados y pasar a ser la primera fuerza política del país. La victoria de Ennadha en Túnez les ha hecho soñar con la posibilidad de gobernar, aupados por su trabajo en los barrios deprimidos y la fama de honestidad de sus candidatos. En 2007 alcanzaron los 47 diputados, convirtiéndose en segunda fuerza política después del Istiqlal, teniendo en cuenta que el reparto de las circunscripciones le afectó respecto a la representación, que podría haber sido mucho mayor. Sus opositores también les han otorgado como posibles ganadores y se han conformado en una Coalición por la Democracia para hacer frente a la “marea islamista”. Están presentes en dicha Coalición, el PAM (Partido Autenticidad y Modernidad), MP (Movimiento Popular), UC (Unión Constitucional), RNI (Asamblea Nacional de Independientes), que suman el 48% de representación en el Parlamento saliente.

El día de las elecciones se presenta también con la posibilidad de movilizaciones sociales y con la sombra alargada del fraude electoral, como ya denunciaron los movimientos sociales respecto al referéndum.



  • Los menores vuelven a sus tiendas en el campamento de refugiados de Choucha, Túnez. Parece que hoy no habrá colegio, ni actividades, tampoco funciona el hospital.
  • La OIM (Organización Internacional de Migraciones) ya ha cerrado allí sus puertas causando una sensación de desesperanza entre los 4.000 desplazados que aún viven en el campo, situado a diez kilómetros de la frontera libia.


Niños jugando alrededor de la fuente del campamento de Choucha a falta de colegio (H. M.)

El uno de noviembre ningún organismo internacional u organización de las que trabaja en el campamento hace acto de presencia por una alarma relacionada con la seguridad.

La desazón se hace presa de los refugiados. “No es la primera vez que esto sucede. Si la memoria no me falla es la tercera, y claro, en una de ellas hubo muertos”, comenta un refugiado costamarfileño.

Templo de Choucha (H. M.)

A continuación varios de ellos se unen para explicar lo que llaman el “suceso” del campo. “En el mes de mayo cortamos la carretera, protestábamos por las condiciones de vida y la falta de respuesta de las entidades internacionales. Eso hizo enfadar a la población tunecina y unos 500 habitantes del pueblo más próximo se personaron en el campo y quemaron algunas tiendas, y el hospital que habían instalado los marroquíes. El problema es que había gente dentro que murieron calcinados. Los militares tunecinos intervinieron lo que provocó varios heridos de bala entre nosotros”, declara S., de Eritrea.

Tres de ellos aún presentan secuelas producidas por las heridas. Uno camina con la ayuda de un trozo de madera porque aún no ha recuperado la movilidad completa de sus piernas. “En la tienda encontraron cuatro cadáveres calcinados y al limpiar encontraron otros dos”, dice un somalí. En realidad nadie se pone de acuerdo con las cifras, pero sí confirman que lo que sucedió marcó un antes y un después de su situación en el campo. ACNUR (Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados) también mostraba en un comunicado de 27 de mayo su versión sobre los hechos.

Los refugiados y desplazados por el conflicto libio no se sienten aceptados por las autoridades tunecinas que para circular fuera del entorno les exigen un salvoconducto militar con el que sólo pueden llegar hasta Ben Garden, ciudad próxima al campamento, pero no más allá en el territorio tunecino. Además saben que están a unos diez kilómetros de la frontera donde se desarrolla el conflicto libio, que continúa siendo escenario de situaciones de violencia.

“Oyes por la noche las explosiones, los tiros, la cosa no está estable y esto te hace sentir más inseguro, es como si de repente rememorases constantemente todo lo que te ha pasado. Es una cárcel a cielo abierto”, habla con angustia un costamarfileño.

El campamento está lleno de artistas, cantantes, pintores y un poeta que desde que llegó, hace ocho meses, refleja en un pequeño cuaderno su vida cotidiana. Uno de sus poemas, titulado Carnage (Carnicería) expresa lo que sintió aquel día de los enfrentamientos.

Fuir et retourner sur nos pas pour

secourir un blessé qui agonise dans

un marre de sang

dans le ciel noir qui s´assombrit sous

l´effet de la fumeé suffocante

j´entends la chanson mortuaire d´un

homme qui pleure son frère tué

Demain matin, comme d´accoutumée

le coq chantera

le jour paraitra à l´horizon

surement la vie continuera comme

si rien ne s´et passé.

Dans le cauchemar de cette vie

oú l´homme devient la proie de l´homme

le sang des innocents coule pour abreuver

les vampires.

Ô pouvres refugiés nous vivons sous la protection de dieu

Silence! On nous tue

Huir y volver sobre nuestros pasos para

socorrer un herido que agoniza en

un charco de sangre

en el cielo negro que se oscurece bajo

el efecto del humo sofocante.

Escucho la canción mortuoria de un

hombre que llora por su hermano asesinado.

Mañana por la mañana, como de costumbre,

el gallo cantará,

el día aparecerá en el horizonte,

seguramente la vida continuará como

si nada hubiese pasado.

En la pesadilla de esta vida,

donde el hombre se convierte en la presa del hombre,

la sangre de los inocentes fluye para dar de beber

a los vampiros.

Oh, pobres refugiados vivimos bajo la protección de Dios…

¡Silencio! Nos matan

Boreba Echile Marc

El poeta y su cuaderno de vivencias (H. M.)

Así que cuando las autoridades internacionales del campo no hacen acto de presencia, las especulaciones y el miedo comienzan a sentirse en todas la comunidades y todo el mundo se lanza a descubrir qué es lo que está sucediendo. En esta ocasión, parece que hay un conflicto porque las autoridades de Naciones Unidas han despedido a 250 trabajadores tunecinos y temen que esos trabajadores tengan una reacción violenta, lo que ha hecho que ni el ACNUR, ni otras organizaciones humanitarias se presenten a trabajar.

“Dicen que no les han pagado a los trabajadores y que por eso temen que vengan a reclamar. Otros dicen que los trabajadores quieren una indemnización por el despido, sea lo que sea, ellos están a salvo, y si vienen a quemar el campo, como la otra vez, aquí quedamos los refugiados y los militares tunecinos”, comenta con laxitud una chadiana.

No parece que los habitantes del campamento se sientan protegidos por los militares, cuya función está orientada a proteger a los organismos internacionales presentes en la zona, la población tunecina y a mantener el orden en el territorio. Túnez, como el resto de países del norte de áfrica, tiene una política de control exhaustivo para migrantes procedentes del Africa subsahariana, aplicando deportaciones a fronteras próximas, al estilo de las que suceden en Marruecos, Argelia y Libia.

No ha habido diferencia entre trabajadores, migrantes irregulares o víctimas de trata, como bien relata un ciudadano sudanés cuya mujer está en Europa con su hijo.

Cuando trabajaba en Libia logró reunir dinero para pagar 6.000 euros, era lo que costaba el visado en el mercado negro. El racismo se le hacía insoportable en territorio libio y quería un futuro diferente para su hijo. “Trabajaba en un compañía petrolífera de Djerb cuando llegaron gente con pistolas, todo el mundo corría y mucha gente murió. Logré encontrar un transporte de Djerb a Trípoli, me dirigí a la oficina de la compañía pero todo estaba cerrado. Volví a mi casa y me habían robado todo. Compré una maleta y logré recuperar 2400 dinares (1200 euros). Fui a mi embajada pero no obtuve ninguna respuesta a mi situación”. En el bus en el que intentaba ir hacia la frontera le pararon los libios, piensa que eran los rebeldes pero para él todos son iguales, gadafistas o rebeldes, no encuentra diferencia y le quitaron todo, todo, diciéndole “Negro, cuando viniste a Libia no tenías nada y ahora te vas de Libia de la misma forma, sin nada”. Así acabó llegando a este sitio hace ocho meses.

El campamento comenzó con 17.000 refugiados y trabajadores inmigrantes que huían de lo que sucedía en Libia. En principio, cuando el mundo miraba hacia la zona y todo era del interés de la OTAN y otros organismos, se pusieron en marcha mecanismos de ayuda en la instalación, que resultó ser de los campos más caros del mundo.

Cientos de tunecinos fueron contratados para el mantenimiento con salarios que superaban con creces el salario medio de la región. Pero hace dos semanas los recortes comenzaron, coincidiendo con el llamado fin del conflicto libio. Dicen que no hay más dinero para mantener el campamento, la población local está siendo despedida y los refugiados asumirán, como pasa en otros campos, labores de limpieza y logística.

Los recortes se notan mucho en la comida, que alterna el arroz seco con un cuscus mojado en algo de salsa. En los últimos tiempos, además,  la carne brilla por su ausencia, entre otras cosas porque la deuda de los gestores del campamento con el proveedor de carne asciende a los 50.000 dinares (25.000 euros).

Las cuatro mil personas que aún quedan se han convertido en un elemento molesto para los tunecinos y en un problema difícil de resolver para las agencias de Naciones Unidas. Los expedientes se están resolviendo con celeridad y los que no obtengan el estatuto de refugiado deberán decidir entre retornar a sus países, quedarse de forma irregular en territorio tunecino o bien regresar a Libia, aunque ACNUR no recomienda esta última opción.

Refugiado en Libia que había salido de su país perseguido por su confesión religiosa. Había logrado crear una compañía de construcción, pequeña, pero le permitía vivir de forma bastante buena. Los bombardeos de la OTAN afectaron a su vivienda, lo perdieron todo, lo poco que quedaba fue robado en el pillaje. Lograron guardar algo de dinero, unas maletas y las fotos familiares que muestran orgullosos. Apenas una decena de retratos de juventud del cabeza de familia y de cada uno de los miembros de la familia.

Vivían los seis en Trípoli, cuatro hijos y los dos progenitores. “Después de recoger lo poco que nos quedaba nos dirigimos hacia el puerto, donde mucha gente intentaba hu

ir. Había gente que decidió ir vía terrestre, pero era también peligroso, nosotros nos dirigimos al puerto. Allí estaba la gente de Abdullah al-Sanoussi (lugarteniente de Ghadafi), su guardia personal. Nos pidieron 7.300 dinares (3600 euros) por dejarnos a todos acceso al barco. El barco estaba supercargado, llevaba a bordo unas mil personas, pasamos cinco días en el agua sin ningún tipo de ayuda, a la deriva. Más de cuatrocientos murieron, el barco llegó a las islas tunecinas de Kerkennah. Allí nos rescató la guardia tunecina, muchos murieron, así que estamos contentos de estar toda la familia viva”

Los compañeros del campamento de refugiados recuerdan el día que llegaron los refugiados procedentes del inmenso naufragio. Llegaron destrozados y algunos iban incluso descalzos.

Supervivientes del naufragio (H. M.)

Uno de sus hijos tiene trece años, nació en Libia, estudió allí, y no hace más que repetir que ha perdido el curso escolar. No quiere hablar de lo que pasó en el barco, sólo repite que toda su familia está bien y que eso es lo más importante. Toda la familia ha sido reconocida como refugiada y esperan que una reinstalación los saque del campo. No tienen pensamiento de volver a Libia, no creen que con el nuevo régimen, siendo extranjeros, se les vaya a reconocer lo que han perdido y que puedan comenzar de nuevo.

Para protestar por la falta de soluciones la comunidad chadiana había iniciado una huelga de hambre y continuaban con movilizaciones frente a las dependencias de ACNUR, aunque las respuestas de esta agencia han sido nulas hasta el momento.

De las 160 personas que forman parte de la comunidad procedente de Chad, más de 60 han obtenido respuesta negativa a su demanda de asilo.”Ya en la entrevista te dicen que hay que volver al país porque ya no existe la guerra. Se da una respuesta general y no se estudian los casos de forma individual. Nos dicen además que de aquí al treinta de noviembre, todo el mundo tendrá el resultado de su demanda y, si es negativa,  que estaremos en las manos de las autoridades tunecinas y que  son ellas las que van a decidir si te llevan a tu país por la fuerza o te devuelven a Libia”, declara un líder chadiano.

Las deportaciones forzosas a la frontera Libia pesan en el imaginario de aquellos que no han sido aceptados como refugiados.

“Nos han informado de que o volvemos a nuestro país, o quedamos irregulares en Túnez, o volvemos a Libia. Ponernos en esta situación es realmente difícil. Algunos tienen cuentas pendientes en su país, Tunez siempre ha sido un país durísimo sino tienes documentación y en Libia, la gente nueva ha perseguido a los africanos de una manera brutal porque nos consideraba a todos mercenarios y pro-gadafistas”, declara un costamarfileño con la demanda de asilo rechazada.

“Me obligaron a casarme con doce años. Me pegaba mucho y huí, entonces llegué a Libia. Tenía o tengo un marido, que conocí en Trípoli. No sé si está vivo o muerto la verdad. Llegaron un día los pasadores libios al campamento ofreciendo viajar a Europa y él decidió irse, para lo que pagamos 500 dólares. El día 20 de julio se fue de la tienda y estuvo quince días esperando la salida del barco, cerca de Zuwärah en Libia, entonces me llamaba y me contaba. Me dijo que eran unos setecientos en el barco, y ya no supe nada más”

Durante meses los pasadores libios y tunecinos se han nutrido de personas procedentes del campamento de refugiados por precios relativamente bajos en el mercado, entre 200 y 500 dólares. De forma sorprendente el tránsito de migrantes entre las dos fronteras es fluido si es gestionado por los pasadores que se aprovechan de la falta de esperanza que se respira entre los migrantes que viven en el campo de refugiados.

Al cierre de este post nos informan que en los últimos seis días los funcionarios del ACNUR no han hecho acto de presencia en el campamento.

Un refugiado ha plantado hierba formando el nombre de su hijo nacido en el campamento (H. M.)


Como un compás que se abre y se cierra, así se definen las fronteras de Ceuta y Melilla en el contexto de la ‘Europa Fortaleza’.

La mañana del pasado domingo, 11 de septiembre, llegó mojado al bosque anunciando al resto de compañeros que la Guardia Civil devolvía a la gente desde la ciudad de Ceuta.

A las cuatro de la mañana había entrado a nadar al mar junto a cinco amigos. Llegaron a la costa y entraron en Ceuta. Un guardia civil les dijo, “tranquilo moreno” y ellos inmediatamente, sin oponer resistencia, se sentaron en el suelo.

Esperaban ser trasladados al campo, como denominan los inmigrantes al CETI, mientras veían acercarse dos guardias civiles como refuerzo del primero. Se dieron cuentan de que iban a ser devueltos a Marruecos y uno de ellos intentó huir, corría en dirección al nuevo hospital de Ceuta, cuando fue alcanzado por el Guardia Civil, que utilizó la porra para reducirle. Le quedó una gran brecha entre la frente y la cabeza.

Inmigrantes en el bosque de Ceuta (H. M.)

Mojados y con el compañero golpeado fueron entregados por una de las puertas de la frontera a las autoridades marroquíes. Cinco, entre ellos la persona herida, quedaron detenidos y enviados a la frontera con Argelia y el otro fue liberado porque tenía su pasaporte en regla.

Así lo contó la mañana del domingo mientras se cambiaba la ropa en el bosque.

El devenir del control migratorio entre los dos países parece haber cambiado de nuevo. Lo anunciaba GADEM (Grupo Antiracista) en su comunicado del día nueve, donde explicaba cómo desde comienzos de septiembre se habían recrudecido las redadas y deportaciones en Marruecos, sobre todo en la zona de Nador y Rabat. Gadem señalaba como detonante de esta situación a los encuentros oficiales que Arturo Avello, director general de Relaciones Internacionales en el Ministerio del Interior,  y Francisco Velázquez, Director General de la Policía y de la Guardia Civil, tuvieron con autoridades marroquíes, entre ellas Khalid Zerouali, responsable de inmigración y control fronterizo del Reino de Marruecos.

España centraba su negociación en que  Marruecos cambie la actitud que desde el año pasado venía manteniendo respecto a las fronteras de Ceuta y Melilla.

En agosto de 2010 un comunicado oficial del gobierno marroquí explicaba cómo se efectuaban las devoluciones de migrantes desde Ceuta a territorio alaouita. En él hablaba de ocho subsaharianos interceptados por la Guardia Civil que fueron abandonados en la playa de Ben Younech en mal estado de salud. Desde esa fecha Marruecos dejó de aceptar a migrantes devueltos en estas circunstancias.

El pasado mes de agosto varios subsaharianos subían agotados por la montaña próxima a Castillejo, ciudad fronteriza con Ceuta. No llegaron al agua porque les interceptó la policía marroquí.

Explican que “si llegas al agua, no hay problema, de ahí los marroquíes no te detienen, aunque es muy difícil llegar porque hay bastante seguridad, pero una vez en el agua si los españoles te interceptan no te dan a los marroquíes de nuevo como hacían antes”, declara un guineano. Han pasado toda la noche en la comisaría de Tetuán. Algunos se quejan del trato recibido: “me han empujado y se han ensañado dando golpes con la porra, no entiendo cómo puede hacer eso un musulmán recién terminado el mes de Ramadán”, se queja un ciudadano maliense.

Dicen que lo volverán a intentar porque la situación en Marruecos y en sus países no mejora y que no le ven ninguna otra salida a sus vidas, aunque son conscientes que en Europa la crisis no permite que encuentren trabajo fácilmente. “Cuando has salido de tu país tienes que ir hacia adelante, volver atrás muchas veces supone una estigmatización, un fracaso.”

Numerosas organizaciones han denunciado los procedimientos de devolución entre ambos países, respecto a ciudadanos procedentes de estados terceros, y que se basan en el acuerdo de buena vecindad de 1992 y en otros encuentros bilaterales. Las quejas de las asociaciones y entidades como el Defensor del Pueblo o ACNUR, ponían de manifiesto que ambos países sitúan sus acuerdos bilaterales por encima de convenciones internacionales y  leyes estatales, lo que provoca un aumento importante de la vulneración de derechos humanos en las fronteras de Ceuta y Melilla.

Aunque ambos países no varían sus políticas por las recomendaciones internacionales, sino por un juego de tira y afloja donde hay intereses económicos importantes.

“Ibamos en la zódiac. Podíamos ver los coches y creo que hasta un autobús. Estábamos ahí, al lado de Ceuta, a punto de llegar a la costa cuando nos interceptó la Marina Real marroquí. Pensábamos que vendría a buscarnos la Cruz Roja o la Guardia Civil como había pasado todos estos meses, pero era la Marina. Les suplicamos una y otra vez que nos dejaran, pero nos explicaron que no podían, que ahora los españoles habían acordado con Marruecos que no entrase nadie y que era lo que pasaba ahora. Teníamos a una mujer mayor en la embarcación que lloraba mucho, con la tensión muy alta y ahora está en Oujda porque la enviaron a Argelia. No hemos tenido suerte, tendremos que esperar a ver si esto cambia, lo que cuenta aquí es la suerte”, nos cuenta J.S.

Usando lanchas pequeñas compradas en grandes supermercados, ataviados con flotadores, colchonetas y chalecos, inmigrantes de distintos países de África se lanzan al mar huyendo de situaciones varias que van desde el hambre a la persecución. Pero también hay que mencionar que dentro de este flujo hay un porcentaje alto de personas cuyo fin será la explotación en el estado español u otros países europeos, siendo más importante la cifra de mujeres destinadas a la prostitución, pero también otros migrantes que van encaminados al mercado laboral en situación de explotación.

“Las mujeres pagan mucho dinero, bueno no ellas, lo paga la red. Así también se aseguran llegar al agua, que sea más fácil entrar, vamos. Pero son mujeres que van luego a la prostitución, ya sabes al negocio. Es la única salida que tienen. El otro día había varias que eran niñas, vamos que eran muy pequeñas y ya embarazadas y todo”, declara un inmigrante camerunés.

El lunes doce fue el último intento de entrada en grupo a Ceuta, primero a través de la frontera terrestre y después a nado, con el resultado de más de veinte inmigrantes que lograron llegar a territorio ceutí.

Las fronteras y los derechos humanos se debaten en las alturas de los intereses políticos, y se luchan cada día, al caer la noche.


  • Francófonos y anglófonos juntos en una patera que iba sobrecargada.
  • 24 adultos y dos niñas de uno y tres años, son los desaparecidos en una patera que se encontró hundiéndose a dos millas al sur de la costa española.
  • 30 supervivientes, entre ellos tres mujeres. Dos de ellas posibles madres de los bebés muertos.

Salieron de las costas marroquíes la madrugada del jueves cinco de mayo. La zódiac, que era de las pequeñas, llevaba demasiada carga.

“La gente está desesperada, la situación en África es muy difícil y en los países árabes también. La desesperación les lleva a aceptar un viaje en condiciones de riesgo mayores. Hoy es un día complicado, me siento triste por todo lo que ha pasado, por la gente perdida pero también enfadado, no se puede enviar a la gente a la muerte de esa forma, no se puede sobrecargar las barcas. Entiendo que los pasadores marroquíes no den valor a la muerte de nuestros hermanos porque casi siempre nos ven como animales, pero nosotros tenemos que controlar”, declara un refugiado costamarfileño.

Doce horas después de la salida de la zódiac nadie había logrado contactar con ellos y las informaciones contradictorias empezaron a circular en Oujda y Rabat.

“Se esconden cuando deciden pasar a Europa, no se lo dicen a nadie, dicen que están de viaje. Nunca sabes realmente si tu compañero de casa se ha movido para irse o no, es la ley del silencio. Totalmente normal y comprensible, pero después de un accidente es mucho más difícil saber quién realmente iba en la embarcación”. Fode sospecha que un compañero burquinabe estaba  en esa patera.

La mañana del viernes seis de mayo se despertó con la noticia y de madrugada la información corría como la pólvora por todas las ciudades de Marruecos.

“Dicen que han muerto 39. He viajado dos veces para ir a Almería, las dos veces nos interceptó la policía marroquí y me enviaron a la frontera deportada. El riesgo del viaje es muy grande, pero muchas de nosotras tenemos que ir porque tenemos una deuda, esa deuda hay que pagarla y no decidimos sobre el viaje. He dicho que no viajaría de nuevo, sobre todo después de enterarme de la noticia”, declara Beauty, nigeriana.

La resaca de la información durará varias semanas. Algunas de las familias en origen lograrán ser informadas de lo que ha pasado y otras nunca lo sabrán.

Amina vino a buscar a su marido del que no sabía nada desde hacía cinco meses.

Hace una semana se enteró que se embarcó en una zódiac pequeña de remos junto con otros cinco senegaleses. Su objetivo era llegar a Algeciras. No se ha sabido nada de ninguno de los seis.

Amina dice que volverá a Senegal con la certeza de que el mar se tragó a su marido, aunque reconoce tener un poso de esperanza y que él la llame algún día desde España, pidiéndole perdón por haber pasado tanto tiempo sin dar noticias.


(AP Photo)

Grupos de mujeres nigerianas denuncian que cerca de trescientas compañeras han muerto desde que comenzó el conflicto libio. Desplazadas hasta este país en redes de trata para explotación sexual, sufrieron violaciones, maltrato, torturas y muertes en la más absoluta situación de indefensión.

Joey ha llegado a Benin City hace apenas una semana. Vivió en Bengasi y Trípoli. Dice que su patrón la ha podido sacar del país pero otras compañeras no tuvieron la misma suerte. Joey habla árabe, que lo aprendió mientras esperaba pasar a Italia.

“Cuando empezaron los problemas estábamos encerradas en las casas. Estuvimos así varios días. Era muy peligroso salir. Después teníamos que ir a buscar comida y algunas de mis compañeras desaparecieron cuando fueron a buscar algo de pan. Pero empezaron a entrar en las casas los libios. Nos violaban, a algunas las mataron. Me violaron tres veces, declara Joey con gran entereza.

Las chicas que lograron huir explican cómo los abusos procedían de ambas partes, de los rebeldes y de los partidarios de Gadafi.

“Teníamos miedo de todos los libios, de todos los hombres. Había gente del ejército, vecinos del barrio, otros africanos negros. La verdad es que huíamos de todos y estábamos sin protección, mi ‘boyfriend’ murió en la calle, le mataron a golpes, dijeron que era de Gadafi. A mí sólo me violaron, creí que iban a matarme”. Blessing permaneció varios días escondida antes de poder huir.

Varias fuentes de ciudadanos nigerianos confirman la escalofriante cifra de casi 300 mujeres subsaharianas asesinadas durante las luchas por la democracia que tienen lugar en territorio libio.

“Teníamos varias casas en las ciudades. Allí vivían las mujeres, en grupo, controladas. Con el tiempo hemos podido ver cuántas han desaparecido, de muchas de las muertes han sido testigos otras mujeres. Se perdieron casi trescientas, no te digo más”. William ha acompañado a un grupo de mujeres hasta la frontera con Níger.

William es ‘connection’, un controlador de la red, se encarga de proteger a las mujeres. En este caso los propios explotadores han conseguido poner a salvo su “mercancía”.


Muchas han vuelto a Edo State, el estado nigeriano más tocado por la lacra de la trata. Pero otras han cambiado su periplo y las redes las han movido hasta Marruecos.

“En el barrio me han dicho los vecinos que no salga el domingo porque la gente va a salir como en Libia. Me muero de miedo. Fui a Libia con quince ‘sisters’ y todas murieron. Las mataron en la calle, yo tuve mejor suerte. Todas estaban embarazadas como yo. El embarazo te protege de la violación, los árabes no te suelen violar embarazada, pero no de la muerte”. Precious habla mientras observa su inmenso vientre.

Ella revela algo muy importante y es todos esos bebés desparecidos que nacieron en Libia o en el camino hacia ese país y de los que no tenemos cifras, ni referencias, ni forma de demostrar que existieron.

“Perdí dos bebés en Libia. Huyendo, los perdí. Uno nació en Níger. Otro nació en Trípoli. Se llaman Mathew y Francis”, afirma Joey Matthew.

Según el gobierno nigeriano, haciendo referencia a datos ofrecidos por ONG italianas, unas 13.000 mujeres nigerianas, de las 20.000 que ejercen prostitución en este Estado europeo, habrían usado la ruta libia.

La situación de irregularidad administrativa y desprotección internacional de las víctimas de trata hacen que muchas de las violaciones de sus derechos queden impunes. La red migreurop hacía un llamamiento a ACNUR para la protección de los refugiados que se encontraban en territorio Libio.

También es el momento de instar a organismos internacionales a proteger a las mujeres víctimas de trata que se encuentran indefensas en este conflicto y ofrecerles una protección alternativa a aquella que están proponiendo las propias redes.