Pandoras Invisibles

(AP Photo)

Grupos de mujeres nigerianas denuncian que cerca de trescientas compañeras han muerto desde que comenzó el conflicto libio. Desplazadas hasta este país en redes de trata para explotación sexual, sufrieron violaciones, maltrato, torturas y muertes en la más absoluta situación de indefensión.

Joey ha llegado a Benin City hace apenas una semana. Vivió en Bengasi y Trípoli. Dice que su patrón la ha podido sacar del país pero otras compañeras no tuvieron la misma suerte. Joey habla árabe, que lo aprendió mientras esperaba pasar a Italia.

“Cuando empezaron los problemas estábamos encerradas en las casas. Estuvimos así varios días. Era muy peligroso salir. Después teníamos que ir a buscar comida y algunas de mis compañeras desaparecieron cuando fueron a buscar algo de pan. Pero empezaron a entrar en las casas los libios. Nos violaban, a algunas las mataron. Me violaron tres veces, declara Joey con gran entereza.

Las chicas que lograron huir explican cómo los abusos procedían de ambas partes, de los rebeldes y de los partidarios de Gadafi.

“Teníamos miedo de todos los libios, de todos los hombres. Había gente del ejército, vecinos del barrio, otros africanos negros. La verdad es que huíamos de todos y estábamos sin protección, mi ‘boyfriend’ murió en la calle, le mataron a golpes, dijeron que era de Gadafi. A mí sólo me violaron, creí que iban a matarme”. Blessing permaneció varios días escondida antes de poder huir.

Varias fuentes de ciudadanos nigerianos confirman la escalofriante cifra de casi 300 mujeres subsaharianas asesinadas durante las luchas por la democracia que tienen lugar en territorio libio.

“Teníamos varias casas en las ciudades. Allí vivían las mujeres, en grupo, controladas. Con el tiempo hemos podido ver cuántas han desaparecido, de muchas de las muertes han sido testigos otras mujeres. Se perdieron casi trescientas, no te digo más”. William ha acompañado a un grupo de mujeres hasta la frontera con Níger.

William es ‘connection’, un controlador de la red, se encarga de proteger a las mujeres. En este caso los propios explotadores han conseguido poner a salvo su “mercancía”.


Muchas han vuelto a Edo State, el estado nigeriano más tocado por la lacra de la trata. Pero otras han cambiado su periplo y las redes las han movido hasta Marruecos.

“En el barrio me han dicho los vecinos que no salga el domingo porque la gente va a salir como en Libia. Me muero de miedo. Fui a Libia con quince ‘sisters’ y todas murieron. Las mataron en la calle, yo tuve mejor suerte. Todas estaban embarazadas como yo. El embarazo te protege de la violación, los árabes no te suelen violar embarazada, pero no de la muerte”. Precious habla mientras observa su inmenso vientre.

Ella revela algo muy importante y es todos esos bebés desparecidos que nacieron en Libia o en el camino hacia ese país y de los que no tenemos cifras, ni referencias, ni forma de demostrar que existieron.

“Perdí dos bebés en Libia. Huyendo, los perdí. Uno nació en Níger. Otro nació en Trípoli. Se llaman Mathew y Francis”, afirma Joey Matthew.

Según el gobierno nigeriano, haciendo referencia a datos ofrecidos por ONG italianas, unas 13.000 mujeres nigerianas, de las 20.000 que ejercen prostitución en este Estado europeo, habrían usado la ruta libia.

La situación de irregularidad administrativa y desprotección internacional de las víctimas de trata hacen que muchas de las violaciones de sus derechos queden impunes. La red migreurop hacía un llamamiento a ACNUR para la protección de los refugiados que se encontraban en territorio Libio.

También es el momento de instar a organismos internacionales a proteger a las mujeres víctimas de trata que se encuentran indefensas en este conflicto y ofrecerles una protección alternativa a aquella que están proponiendo las propias redes.


“Calle por calle, casa por casa, continuaremos la lucha”, así gritaban los ciudadanos de Tánger en la manifestación del 20 de marzo.

Los magrebíes han transformado en esperanza las palabras de amenaza de Gadafi, que prometía extender la represión calle por calle y casa por casa.

Veinte mil personas descendieron en una marcha pacífica desde el popular barrio de Benimakada, en Tanger, hasta una de las plazas del centro de la ciudad.

El sentimiento de emoción embargaba a los tangerinos y durante el trayecto, que duró más de cuatro horas, el grado de satisfacción iba en aumento.

La calle era suya, era del pueblo. Pero de un pueblo cuyo ejercicio de ciudadanía y responsabilidad bien podría recordarnos a países con una larga tradición democrática.

Las reuniones diarias del Movimiento 20 de febrero para organizar la manifestación han dado sus frutos y hasta los más pequeños detalles estaban previstos. Y es que ante al calor que hacía se repartían botellas de agua, también se recogía la basura y se hacían cordones de seguridad para impedir cualquier tipo de acto vandálico.

La manifestación estaba llena de niños y niñas cuyos padres querían que viviesen un momento que consideran histórico. Enseñarles que hay que gritar contra las dictaduras, la corrupción, la violación de los derechos humanos y las injusticias.

El ambiente era de una gran fiesta amenizada por dos coches, desde donde jóvenes del movimiento se desgallitaban cantando con alegría su descontento.

A la vez, informaciones llegaban desde otras ciudades. Cincuenta mil personas en Casablanca, ocho mil en Alhuceimas, cuatro mil en Tetuán, diez mil en Rabat y así hasta un centenar de ciudades . Manifestaciones mucho más numerosas y bien organizadas que las de hace un mes y que según los organizadores, denota que el Movimiento está creciendo, a la par que el miedo del pueblo desciende.


El bautizado Movimiento 20 de febrero, que llama a la movilización pacífica de los marroquíes, ya está en la calle. Y es que, a tres días de que tengan lugar las manifestaciones, la población comienza a debatir sobre ello fuera de los foros de internet. En un país como Marruecos, con un alto grado de inmovilismo social, esto parece todo un logro y algunos aseguran que un signo de que el 20 será un éxito.

“Al menos se habla de los problemas que tenemos que son muchos, hay un debate abierto en la calle sobre si ir el domingo a las manifestaciones o no. Yo misma no lo tengo claro, aunque sea necesario, tengo también miedo. Nos cuesta movernos, no somos como Egipto, nuestra realidad social es diferente y nuestras tasas de analfabetismo muy altas”, asegura S., farmacéutica.

La amplia convocatoria bajo el lema Democracia y Libertad, recoge a movimientos de jóvenes, sindicatos y organizaciones de Derechos Humanos, a los que también se han unido los islamistas de Justicia y Caridad, ilegales en Marruecos, pero con gran  influencia en los barrios más desfavorecidos de las grandes ciudades.

Fuera se quedan la mayoría de los 46 partidos políticos. Desde hace años los discursos de libertad, democracia, justicia social, feminismo, han sido liderados en Marruecos por una clase social alta que se visibilizaba a través de asociaciones que recibían importantes subvenciones de la cooperación internacional. Esto ha creado un panorama de profesionalización de los movimientos sociales que ejecutan acciones y políticas que competen al Estado. Muchas de estas asociaciones tampoco se manifestarán el día 20.

El recelo que entre muchos grupos levantaba la convocatoria ha ido dispersándose gracias a los mensajes difundidos por Internet. Destaca entre ellos un vídeo colgado en youtube “Ana Magrebi-Ana Magrebia”, que resume de una forma clara y sencilla las consignas del movimiento. En él, un grupo de personas explican los motivos por los que se manifestarán ese día y que van desde el desempleo, los problemas en la educación, las dificultades del sistema sanitario, el descontento por la corrupción, el éxodo rural, hasta llegar a la falta de libertades individuales.

Imagen de previsualización de YouTube

Algunos raperos también se manifiestan  a través de canciones  que están llegando a los más jóvenes.

Aún así, la desconfianza hace mella en algunos discursos.“Soy escéptico de que la gente vaya a salir a la calle. Somos un país muy conformista, más que otros de la zona y nuestro sistema social es un sistema de control. Muy difícil escapar de él. La gente va a tener miedo a manifestarse”, asegura M., comerciante.

Los medios de comunicación también hacen su particular campaña contra algunos jóvenes considerados los líderes del Movimiento 20 de febrero. Durante las dos últimas semanas han aparecido publicadas en periódicos fotos de ellos relacionándolos con el consumo de alcohol y acusándolos de haberse convertido al cristianismo.

El Movimiento 20 de febrero se ha ido cocinando de forma lenta desde que en Túnez estalló la revuelta. Nadie quería precipitarse en Marruecos, querían discutir primero, ir shuia shuia (despacito, despacito) al ritmo magrebí.

Nadie sabe qué pasará el domingo pero los problemas ya están en la calle y se ha abierto un proceso donde las autoridades tendrán que tomar medidas para escuchar a la población, que ya se atreve a mostrar su descontento.

“Me acusan de ser demasiado optimista pero los jóvenes marroquíes se merecen al menos esa confianza. Hemos recibido amenazas y presiones, es normal, no va a ser fácil, creíamos que no llegaríamos a la fecha con esta fuerza,  pero lo vamos a hacer”


Nuestras políticas de externalización de fronteras han provocado un aumento de la violación de los derechos humanos en países terceros. Desde el sistema Frontex hasta el inmigrante muerto en una frontera parece haber un largo camino pero no es así. Los discursos políticos se alejan tanto de la realidad que no vemos el impacto que estos tienen sobre los seres humanos. Hoy quiero mostraros la situación angustiosa de un grupo de inmigrantes que fueron expulsados por las autoridades marroquíes a la frontera con Mauritania, a una zona que es tierra de nadie.

“Os suplico que nos rescatéis, no podemos continuar andando, vamos a morir en este desierto. Os lo suplico de nuevo. Estamos cerca de la frontera Mauritana, vemos la barrera Mauritana y los soldados”, grita Ebo al teléfono.

Expulsados de frontera en frontera y puestos lo más lejos posible de las puertas de Europa.

Esa es la máxima de nuestra política migratoria, de nuestro sistema garantista y de nuestra democracia. La forma en que esto se haga poco importa porque nadie lo verá, no aparecerán los cadáveres en los medios de comunicación, ni habrá familias pidiendo responsabilidades legales.

Sesenta personas fueron expulsadas antes de anoche a la zona antes mencionada. Los más fuertes decidieron adentrarse en el desierto y continuar andando para encontrar la forma de ir hacia adelante. Los que no podían más no tuvieron más remedio que usar su teléfono y pedir ayuda de forma desesperada.

No pueden ir hacia atrás pero tampoco hacia adelante, porque lo suyo no es una expulsión con un proceso administrativo ni con unas garantías, lo suyo es algo ilegal a todas luces, que viola las leyes internacionales pero que tampoco se ajusta a los convenios entre los dos países o a las leyes de extranjería nacionales.

Lo suyo es tirarlos como el que tira la basura para que no se vea fea alrededor de la casa del rico pagándole al que nos hace ese trabajo sucio.

El programa HERA que afecta las relaciones de control migratorio con Mauritania costaba en 2010 más de 80 millones de euros.

Aún nadie ha podido contestar a su petición de socorro. Siguen ahí, no hay acceso a la zona desde Marruecos, ni posibilidades de que entren de nuevo para ser asistidos.

No pueden entrar en Mauritania hasta el momento, las organizaciones de derechos humanos mauritanas dicen que habría que pedir un permiso especial del gobernador de la zona.

No dejo de pensar que cuando algo no es justo tal vez la militancia está en buscar otras estrategias por que las horas pasan sin que se encuentre una solución legal al problema de estos inmigrantes.

Y me pregunto, ¿deportarlos de esa forma se ajusta a derecho, a la legalidad?

“Pierdo las fuerzas, no nos queda mucha batería en el teléfono, os suplicamos que alguien nos ayude”, pide Ebo a las 8:31 de la mañana (hora marroquí) el uno de febrero.


Manos de un inmigrante en Canarias (Javier Bauluz / PIRAVÁN)

“Habíamos estado cuatro días al borde del mar esperando montar en la zodiac para irnos a España. Decidimos volver al bosque porque no podíamos aguantar más. Estábamos sin comer, escondidos y hacía un frío tremendo. Cuando volvíamos comenzó a sentirse mal, cansado. Al llegar a una zona del bosque se tumbó en el suelo y dijo que no podía más, se quedó allí encogido, con sus manos sobre las rodillas como un bebé y nos dimos cuenta de que dejó de respirar. No lo había soportado”. Amadou relata así la muerte de su compañero sucedida en el domingo 23 de enero.

“Entonces es que había sufrido mucho. Murió de sufrimiento”. Ismael reflexiona así sobre la noticia del fallecimiento.

Allí se quedó en el bosque el compañero maliense cuyo nombre desconocen todos. La nacionalidad se le notaba en el acento, en ese francés peculiar que tiene la etnia bambara.

Y eso que los malienses son de los más duros, los que más aguantan los dolores del camino.

Allí se quedó, en el bosque, el compañero maliense como otros que se quedaron en el desierto o en el mar, “porque el camino está hecho de cadáveres y pisamos sobre ellos”, Sekou lo dice sin lamento, más bien como un grito a la conciencia.

El otro día hablaba con una monja adoratriz (a la que comienzo a adorar por su capacidad de lucha) sobre mi próximo viaje. Debatíamos acerca de lo peligroso de la zona, del riesgo, y ella me decía “si te pasa algo que te dejen allí, qué más da”. Le dije que no inmediatamente, porque tengo un seguro que me permite la repatriación de mi cuerpo y fantaseábamos sobre una gran ceremonia en la que todo el mundo me lloraba.

A todos nos importa nuestra muerte, el último acto de nuestra vida que nos da la sensación de que somos eternos, únicos e importantes. Así que este post de hoy, quiere ser una pequeñita ceremonia de despedida para el cuerpo del compañero maliense cuya última parada ha sido un bosque con vistas al Estrecho.


Impresionante capacidad de análisis político, serenidad y una ecuanimidad pasmosa, es lo que me transmite Amin Allal cuando hablamos por teléfono.

Forma parte de ese movimiento social que ha logrado derrocar a un dictador en Túnez.

Es politólogo, investigador, y en la actualidad profesor en la universidad de Niza.

Ahora está en la Medina de la capital tunecina y dice que durante toda la mañana del sábado, se siguen escuchando los helicópteros y los tiros.

Tunisia está tomada por la armada que para los vehículos, controla la seguridad y las calles principales están vacías.

Hoy será un día donde no hay movilizaciones anunciadas, aunque dentro de unas horas él espera salir a la calle.

Dice que es una situación de transición donde nadie sabe por el momento qué pasará o qué está pasando realmente a gran escala.

En el último discurso de Ben Alí, el dictador saliente, anunció la eliminación de toda la censura, y parece, que por el momento, internet funciona con una normalidad que nunca tuvo desde hacía 23 años.

Pero las promesas del Presidente no fueron suficientes para el pueblo tunecino, que ayer salió a manifestarse por la Avenida principal de la capital, consiguiendo llegar al Ministerio del Interior.

Cuenta Amin que el partido en el poder intentó controlar la manifestación a través de sus simpatizantes, pero que le fue imposible.

A las once de la mañana del día de ayer más de cien mil personas rompieron todos los cordones gritando eslóganes comunes contra Ben-Alí, su familia política y la corrupción del poder.

La movilización popular fuera del paraguas de cualquier partido político o sindicato se hacía latente. Amin explica cómo durante tres horas y media la gente se manifestó pacíficamente sin ninguna provocación hasta que la policía intentó dispersarles con gases lacrimógenos y ahí se produjeron los primeros escarceos.

Hablamos sobre los pillajes y me dice que la mayoría están dirigidos contra las grandes superficies que pertenecen a la familia del dictador. Tienen la mayoría de los robos un trasfondo de lucha.

En los barrios más populares los miembros del partido en el poder son los que comandan los ataques a los pequeños comercios y se encuentran con la laxitud de la policía, que les deja hacer. Algo de lo que Amin ha sido testigo también.

Esto ha extendido el miedo entre la población que demanda trabajo y libertad, pero también que se convoquen elecciones de acuerdo a lo que establece la ley. Dice Amin, que el artículo 57 de la Constitución establece que cuando el puesto de Presidente esté vacante, deberá ser el Presidente del Parlamento el que ocupe el poder y en el plazo previsto en la ley se convoquen elecciones.

Lo que significaría que el poder interino depositado sobre el Primer Ministro Ghannouchi no tendría ninguna relevancia legal.

La armada tiene buena imagen ante la población tunecina porque toda la represión la ha llevado, hasta el momento, la policía. Aunque aún no se sabe si esta situación puede dar lugar a otro golpe de estado o a una transición democrática. Otro de los agentes a tener en cuenta es la Guardia Nacional, que tampoco manifiesta la posición que van a tomar en esta interinidad.

Es el momento de que instancias internacionales reaccionen de una forma más contundente ante lo que está pasando. La dictadura tunecina fue durante muchos años apoyada por la Unión Europea y Estados Unidos, incluso el Fondo Monetario Internacional consideraba Túnez  un ejemplo para los países emergentes.

Una juventud solidaria, formada, pacífica y con una visión propia y nueva de los movimientos sociales puede suponer la construcción de una nueva realidad en Túnez y porqué no, en otras zonas del Magreb.


El comienzo de la década se nos presenta con la expansión de los muros alrededor de los países más ricos.

Grecia, Turquía e Israel se apuntan a la estrategia de blindaje de fronteras, según el modelo americano, pero también teniendo como referente las vallas de Ceuta y Melilla. En los tres países mencionaron los muros de estas ciudades como ejemplo moderno de buenas prácticas en el control migratorio.

Europa se cierra proponiendo una estrategia militar en la guerra sin cuartel que se libra en las fronteras. Un conflicto con sus daños colaterales y cuyas víctimas son todas civiles.

“Hace dos días un bebé de cuatro meses moría de frío en una deportación en la frontera argelina. Le enterraron en un bosque, bajo un árbol”

Frontex es la herramienta militar para defendernos del “invasor”. Grecia pedía desesperada a Bruselas ayuda contra los  inmigrantes que habían atravesado sus fronteras a través del río Evros, que la separa de Turquía.

A finales de 2010, 170 policías fueron enviados desde distintos estados europeos para patrullar la frontera turca junto a las fuerzas de seguridad griegas.

Uno de los responsables tiraba el balón al terreno turco, insinuando negligencia por parte de las autoridades de este país, a lo que Turquía ha contestado negociando contraprestaciones, al igual que en su tiempo hicieron Marruecos, Argelia, Libia y otros países del cinturón seguritario europeo.

Atenas ha anunciado la construcción de un muro a lo largo de los 12 kilómetros más transitados por los migrantes en el río Evros.

Michele Cercone, portavoz de la Comisaria encargada de la seguridad, ha declarado que “los muros y las vallas son medidas a corto plazo que no permiten solucionar de manera estructural la cuestión de la migración”.

“Cuarenta y cuatro personas perdieron la vida ahogadas intentando cruzar a Grecia. Los que lo consiguieron se encontraron una situación calificada por naciones unidas como drama humanitario”

Inmigrantes llegados de Afganistán, Irán, Myanmar y otros países asiáticos. Pero también africanos que cambiaron de dirección.

Las rutas varían en respuesta a la presión y al control. Muchos de aquellos inmigrantes que elegían la vía Libia para entrar en Italia, ahora deciden ir hacia Grecia para dar el salto a la Europa más rica.

Veintidós ciudades turcas, fronterizas con Grecia, pasarán a formar parte del programa MOBESE, un sistema que instalará cámaras de vigilancia en toda la zona para controlar la inmigración. Un gran hermano que funciona ya en 81 provincias turcas.

Otro de los territorios destino de los migrantes es Israel, a través de Egipto y sus fronteras en el desierto del Sinaí. Las políticas de ambos gobiernos se parecen demasiado a las relaciones fronterizo-migratorias del estado español y Marruecos. Los egipcios disparan y luego preguntan.

Dos mil dólares cuesta el pasaje por el desierto que los beduínos aprovechan para sobornar a miembros de las fuerzas de seguridad.

“250 eritreos fueron secuestrados en el mes de diciembre por pasadores de la zona. Este tipo de violencia y actos criminales se repiten diariamente en la frontera entre Marruecos y Argelia, o entre Níger y Libia”

La gran solución es otro muro para blindar los 250 km entre ambos países.

Además de la construcción de un gran centro de detención en el desierto del Neguev que dependerá del Ministerio de Defensa. Dicen los israelíes que seguirán algunos modelos europeos, entre ellos el español. Así, desde España no sólo exportamos vallas sino también la gestión de las cárceles para inmigrantes.

Argelia se propone imitar a los CIEs con el proyecto de construcción de tres grandes centros de detención en el sur. Centros previos a la deportación, donde los inmigrantes pueden ser retenidos por un período de treinta días renovables, sin que se especifique en qué condiciones y por cuánto tiempo se produce la renovación. La gestión dependerá del Ministerio del Interior y no está previsto que ninguna autoridad internacional u organización nacional pueda tener acceso a ellos.

“Un año y medio pasaron cuarenta y cinco refugiados en un campamento militar hasta ser liberados. Las mujeres se prostituían con los policías a cambio de jabón y compresas”

Los muros, las vallas, las cárceles, conforman una geografía nueva de las fronteras Europeas donde cada vez es más complicado hacer un control de la violación de  los derechos humanos.

El conflicto ocupa el territorio de una forma lenta, segura, y las generaciones van normalizando una geografía geopolítica donde cualquier medida está justificada para luchar contra el “invasor”.


“Necesitamos que alguien hable de nosotros”

Las palabras se atropellan en su boca mientras utiliza un teléfono que han logrado esconder. Son 27 en la celda, hombres y mujeres, una de ellas madre de un bebé de siete meses.

Algunas están enfermas o embarazadas. El bebé se alimenta de la poca teta que le queda a su madre, que también tiene hambre.

Les detuvieron en las redadas de los días de navidad en diversos barrios de Tánger. Aprovecharon que estaban reunidos rezando (la mayoría son de confesión cristiana) y compartiendo cenas o comidas. Entraron en las casas y llenaron las furgonetas de policía en un corto espacio de tiempo.

Desde entonces están detenidos esperando ser deportados a la frontera con Argelia, en la región Oriental marroquí.

“La situación es insoportable. Tenemos frío. Nos llevaron con lo puesto. No hay mantas. Pero lo peor es que no tenemos comida. No nos dan de comer. El olor, la falta de asistencia a los enfermos y la falta de alimento se hacen insoportables. Que hablen de lo que nos pasa. No somos animales”, declara Ben en la primera y por el momento, única comunicación que logramos con los detenidos.

Cuando intentamos contactarles de nuevo, el teléfono está cerrado y hay una gran inquietud en el barrio donde se vuelven  a repetir las detenciones.

“Han cogido a mucha gente. A todas las chicas, a Joey, Beuty, Mariam, y a todos los bebés también. No han dejado a nadie. Los que corremos más nos hemos salvado”, declara Dam, acostumbrado a las redadas de los bosques.

El día de navidad fueron arrestadas 38 personas.

“Ahora mismo están deteniendo a gente. Estoy escondido. Han cogido a cinco de mis compañeros con mucha violencia, más de lo acostumbrado”, nos susurra Kevin para no ser oído en su escondite.

Intentamos localizar a la gente que conocemos sobre todo a los enfermos en tratamiento por tuberculosis y a las madres con bebés, pero ningún teléfono responde. Todos están apagados.

Cuando llamas en una situación así quieres pensar que ellos mismos cerraron la conexión para evitar ser arrestados,  pero en la mayoría de las ocasiones lo que sucede es que ha empezado el infierno de la detención.

“En Rabat  las redadas se extienden por todos los barrios donde hay inmigrantes, aunque hasta el momento no se tiene noticia de que hayan entrado en las casas”, nos cuenta Ismael.

Para la ciudad de Tánger ha sido diferente, la policía ha entrado en los domicilios buscando a la gente y se ha llevado a todo el mundo, sin hacer diferencia entre enfermos, niños o mujeres embarazadas.

“Cogen a toda la gente, a todos. Tu sabes nosotros celebramos la navidad, es un momento importante de rezos y esperanza en el futuro, de encontrarnos. Aquí ellos no celebran la navidad, así que han aprovechado este momento nuestro de estar juntos para detenernos. Es muy doloroso, te lo digo, muy doloroso”

Un dolor tremendo es lo que expresan los gritos de la última comunicación telefónica con los arrestados.

Golpes secos, gritos y voces lejanas entre las que se adivinan los agudos de las mujeres y los llantos de los niños. A mi interlocutor más próximo sólo le escucho decir “deja de pegar que lo vas a matar”.



¡Qué suerte nacer en la zodiac y no aquí en Marruecos!

Es la frase más pronunciada por las  compañeras de la embarazada que dio a luz en la patera del Mar de Alborán hace unas semanas.

¿Suerte? Pensaba lo que tendría que ser los dolores de un parto en el oscuro de un inmenso mar y se me agarra un nudo, no de los de garganta, sino de ésos que las mujeres tenemos en pleno útero.

Pero para las nigerianas, Happiness (nombre de la niña nacida en el mar) es una afortunada, una niña con estrella.

En estos días de loterías de navidades la palabra suerte tiene un significado muy diferente en ese otro lado norte del Mar de Alborán.

Y es que ante tanta desigualdad ¡Qué difícil se nos hace la construcción de una suerte común donde todas nos sintamos reconocidas!

La semana pasada quería escribir sobre esa mujer, para mí heroína contemporánea, cuyo culmen de su viaje es dar a luz en una patera. La rabia que sentía en el estómago leyendo y escuchando a los medios de comunicación españoles me impidió hacerlo.

En España habían elegido a su héroe y evidentemente no podía ser una mujer africana. Para periódicos y radios un hombre vestido de verde, un guardia civil, era el protagonista de esta historia.

No es que quite el mérito de dar calor a un recién nacido, pero la vida de esa niña no dependía de ese hombre y él sólo estaba cumpliendo con su deber, haciendo su trabajo.

No digo que no debamos entrevistarle en todos los medios, pero ese espacio de tiempo debería haber estado dedicado a esas mujeres, a todas las que son mamás como la madre de Hapiness.

Tiempo para saber de dónde vienen, por qué vienen, a dónde van, qué pasará con ellas y para reconocerles esas ganas de salir adelante y buscar un futuro donde no lo hay.

Pero es que ese parto tiene algo de revolucionario que no queremos reconocer, que nos cuesta. El nacimiento de Hapiness es una gran victoria sobre un sistema injusto y lleno de desigualdades.

Nos encontramos más cómodos ensalzando los elementos propios de nuestra construcción social, pero por mucho que nuestros medios escenifiquen los hechos con mecanismos de nuestro control, con color verde militar, la realidad es muy diferente.

Lo cierto es que Hapiness y su madre son negras, como el oscuro mar de Alborán por la noche, y son ellas las que lo arriesgaron todo y son ellas las que dieron vida en medio de la oscuridad.

Este parto es la capacidad de la mujer por sobrevivir, el derecho al movimiento y la supervivencia en plena efervescencia.

No hemos querido desde nuestros medios darle el protagonismo que merecían sus historias porque no nos interesa que nos cuestionen desde dentro.

Muchas de esas mujeres vienen a Europa para sufrir explotación sexual y lo hacen porque nuestro sistema social la demanda, las quiere cada vez más jóvenes y llenan las calles de muchos polígonos industriales. Salieron de Nigeria, de Edo State, donde la pobreza se mitiga con la trata de sus mujeres y niñas.

Entregaron su cuerpo y su alma a una red que les prometió llevarlas a Europa. Saben algunas que el final será la prostitución pero tienen interiorizado que es la única salida que les queda, la única respuesta ofrecida por un sistema de oferta y demanda donde el origen, tránsito y destino migratorio juegan un rol en la destrucción de las mujeres como personas.

Así, durante todo el camino los derechos fundamentales de las mujeres y niñas son pisoteados, no sólo por las redes de trata, sino también por los estados, donde las víctimas no son reconocidas como tales y son perseguidas como delincuentes.

Si escuchásemos a las mujeres nos contarían las violaciones constantes, la violencia física y psicológica sufrida durante meses o años, las deportaciones en plena noche acompañadas de bebés llorando de miedo, tiritando de frío y muriendo de hambre. Tal vez nos contasen también, cómo otras niñas, otras Hapiness, han nacido en el bosque, en el desierto, o en un ghetto de ramas y plásticos.

Supongo que nos costaría aceptar que pocas serán reconocidas por nuestro estado como víctimas de trata. Aún a  pesar de nuestras flamantes leyes, serán tratadas como inmigrantes irregulares y volverán a sufrir vulneración de sus derechos.

Algunas, liberadas con expediente de expulsión, pasarán a poblar nuestras calles ofreciendo sus servicios sexuales.

Otras, deportadas a Nigeria por nuestro estado, volverán a ser recuperadas a pie de avión por las redes e iniciarán un segundo viaje donde estarán mucho más endeudadas y  volverán a ser explotadas.

Paradójicamente, la militarización de fronteras ha conseguido reforzar las redes de trata con fines de explotación en unos espacios permeables para las mercancías.

Esto sucede, porque en realidad, estas mujeres y niñas son una mercadería más, demandada por nuestra sociedad, que se convierte en otro de los negocios del espacio fronterizo.

Y dicho todo esto, sigo pensando que me hubiese gustado que las protagonistas indiscutibles de la noticia hubiesen sido Happiness, su mamá y sus historias de vida.


Comparte una habitación de tres por seis metros cuadrados.

Hay un colchón viejo en el suelo que comparte con tres amigos.

Comparte un camino de migración desde hace cinco años.

Hay unos dírhams en su bolsillo fruto de la mendicidad que comparte para comprar comida.

Sólo su sexualidad la guarda para sí mismo, por miedo y por vergüenza.

Hoy es un día diferente, acepta hablar, compartir su situación, sus miedos,  hoy comparte su verdadera historia.

Serge (nombre ficticio) es camerunés y homosexual. Salió de su país en 2005, momento en el que comienzan las grandes detenciones y persecuciones de homosexuales y transexuales por parte del gobierno camerunés.

El ejecutivo de este país decide, en aquel momento, aplicar de forma indiscriminada el artículo 347bis del código penal de Camerún, que condena a penas de cárcel de hasta cinco años y multas cuantiosas a las personas que tengan relaciones sexuales con otras del mismo sexo. Aprobada en 1972 esta ley había tenido nula aplicación hasta ese momento.

“Dicen que la homosexualidad es un peligro para las creencias africanas, que fue introducida en Africa por el europeo y siempre se la relaciona con el diablo, la brujería y la magia negra. En Camerún hay una caza de brujas, si alguien es homosexual para poder juzgarle hay que encontrarle cometiendo el supuesto delito, pero no es así. La gente es denunciada por otras personas por cuentas pendientes que nada tienen que ver con su orientación sexual, hay detenciones en la calle, en los bares, en las casas. Por no hablar del odio y el desprecio dentro de las propias familias”, declara Serge visiblemente afectado.

El clima que él describe ha sido documentado y denunciado por cuatro organizaciones sociales, entre ellas Human Rights Watch, en un informe donde queda plasmada la represión y persecución que sufre el colectivo de homosexuales y transexuales en Camerún.

Señalan que en los últimos años se han recrudecido los ataques en los discursos políticos, la persecución en los barrios y en una prensa que fomenta el odio a la homosexualidad,  hasta el punto de haber inventado el concepto “homocracia”. Con esta palabra hacen referencia a un grupo de homosexuales poderosos que conforman un peligro al intentar hacerse con el poder en el país. Tanto es así, que en 2006, numerosos periódicos cameruneses publicaban una lista de cincuenta personas con fotos y datos personales. Gente  de influencia política y económica, entre ellos ministros y empresarios, a los que se les señalaba como homosexuales y como un peligro para el país.

“Cuando me detuvieron en la discoteca, después me llevaron a comisaría. Eramos unos quince, había de todo, gente homosexual, otros que no lo eran. También había chicos que se prostituyen, no porque sean homosexuales, sino porque mi país es un destino de europeos que buscan prostitución. Hombres y mujeres mayores, con dinero, que buscan jóvenes para prostitución. Aunque las detenciones no se relacionaban con la prostitución sino con la homosexualidad, porque el turismo sexual da dinero al país y éso no se toca. El objetivo de la mayoría de las redadas son los homosexuales pero no los verdaderos delincuentes… Los golpes y el maltrato es lo corriente en las comisarías, chicos muy jóvenes humillados y torturados. Entonces yo tenía 23 años, pero había chicos más jóvenes que yo detenidos. Tuve suerte porque gracias a algunos contactos no me pasaron por tribunal y además no publicaron mi nombre en los periódicos. Ahí fue donde decidí salir”, Serge se derrumba en ese momento de la entrevista.

En la prensa escrita y la televisión camerunesas es corriente encontrar noticias que hacen referencia al desmantelamiento de “redes” de homosexualidad y, con la connivencia de las autoridades, se publican la filiación de los detenidos, residencias y actividades laborales, dando lugar al rechazo social y la estigmatización.

Debido a este clima de odio muchos pierden sus puestos de trabajo o son repudiados por sus familias. Las detenciones policiales son menores en número en el caso de mujeres lesbianas, pero la repercusión de sus actos es igual de injusta. Muchas pierden la guardia y custodia de sus hijos, pueden ser acusadas de violación y son automáticamente repudiadas por su familia.

“En algunos barrios existe la idea de que el lesbianismo se puede curar violando a la mujer. Algunas familias las someten a una cura tradicional que consiste prácticamente en violarlas, las obligan a acostarse con varios hombres, además de darles algún medicamento hecho con plantas. Otras familias las expulsan de la casa, se avergüenzan de ellas y las echan a la calle”, Serge siente tristeza y una inmensa solidaridad.

El informe de Human Rights Watch señala también maltrato policial a los homosexuales y garantías jurídicas que no son respetadas. Detenciones de mayor tiempo a las que prescribe la ley, fianzas imposibles de satisfacer y encarcelación de menores junto con mayores de edad. Según las autoridades camerunesas los menores homosexuales podrían contaminar a otros menores encarcelados con su enfermedad, por lo que deciden que compartan prisión con adultos.

“Sí, sí, ya sé que los cameruneses están pidiendo asilo por la persecución que sufren los homosexuales. Pero no voy a pedirlo. Muchos de los que lo piden no son en realidad homosexuales. No voy a pedir asilo por homosexualidad en un país musulmán donde la homosexualidad está penada y donde un refugiado no tiene garantías de protección suficientes. Así que prefiero seguir en el anonimato, buscarme la vida e intentar sobrevivir solo. Si mis compañeros se enteran me repudiarían, me retirarían su apoyo, mi comunidad es ahora mi sola referencia, mi protección en el camino. No creo que Naciones Unidas aquí tenga capacidad para protegerme”, Serge no quiere pedir asilo, no cree en las estructuras internacionales y tal vez no le falten motivos.

La Asamblea General de Naciones Unidas decidía el pasado mes de noviembre eliminar la referencia a la orientación sexual de una resolución sobre ejecuciones extrajudiciales, sumarias o arbitrarias. Así, Naciones Unidas instaba a los estados a proteger la vida de todas las personas y les recomiendaba investigar las muertes con motivos discriminatorios. Durante la última década la resolución había incluído la orientación sexual en la lista de motivos de discriminación que son la causa de asesinatos en muchos países. La propuesta eliminó el reconocimiento de la particular vulnerabilidad a la que se enfrentan las personas lesbianas, gays, bisexuales y transgénero.

La propuesta que partía del estado de Benin ha dejado sin el reconocimiento de particular vulnerabilidad a las personas lesbianas, gays, bisexuales y transgénero.  La proposición fue aprobada por 79 votos a favor, 70 en contra, 17 abstenciones y 26 estados ausentes. A favor de esta enmienda votaba también Camerún.

En la actualidad 76 países criminalizan la homosexualidad y cinco la consideran un crimen ,castigado con pena de muerte.