Pandoras Invisibles

“Los argumentos son una falacia y, además, dejan en grave riesgo la presencia de mis colegas en el país, contra los que pueden de manera arbitraria y en cualquier momento volver a utilizarlos”, así lo anunciaba Luis de Vega en la última entrada de su blog desde Marruecos. Había sido desposeído de su acreditación como periodista y no podía seguir ejerciendo la corresponsalía en este país vecino y amigo de la democracia española.

Luis ha sido siempre uno de los buenos corresponsales que tiene nuestro país y uno de los mejores periodistas especializados en migraciones.

El único pecado que podríamos achacar a Luis es trabajar en una empresa como el ABC. Y digo ABC como podría decir PRISA o el MUNDO, o qué contar de nuestras televisiones.

La mayoría de los periodistas se encuentran presos en estructuras empresariales de comunicación que perdieron la visión de que la información es un derecho y no un negocio o un aparato de propaganda del sistema.

En varios comunicados el gobierno marroquí cargaba contra los medios españoles y utilizaban para justificarse algunas medias verdades, no en lo referente al trabajo de los corresponsales claro está, pero sí en la deriva de nuestros medios.

Demasiadas “vacas sagradas” escribiendo desde Madrid sin estar en el terreno o demasiados recortes para que periodistas profesionales puedan ejercer con dignidad desde allí donde sucede la noticia. Y muchos errores, demasiados, en la veracidad de los mensajes.

Luís ha pagado por la falta de libertad de información pero también ha sido uno de los chivos expiatorios de los errores de nuestras empresas y de la complicidad del gobierno español.

Soportó una campaña de descrédito orquestada desde los medios de comunicación marroquíes que le habían señalado como antiguo soldado en Irak y Comandante Supremo del Comando formado por los periodistas españoles que trabajan en Marruecos.

Así se ha venido trasladando a la población marroquí la idea de que los periodistas son sólo una pieza más del engranaje de un conflicto, la parte propagandística del enfrentamiento de dos pueblos.

El sentimiento anti-periodistas españoles, se extiende despacio pero eficaz, camuflado por el patriotismo marroquí, Ceuta, Melilla y el Sáhara.

Así, mientras nosotros, los ciudadanos de ambos países, perdemos el tiempo en intentar odiarnos, nuestros gobiernos se aman y tienen orgasmos, y dan sus frutos en forma de empresas conjuntas o de casas de ex presidentes españoles en playas tangerinas.

Entramado de intereses incluso en los proyectos de cooperación bilaterales sin ejecución desde hace años y de los que nuestros gobiernos regionales aprueban segundas fases, sin pedir cuentas de los millones de euros desembolsados con anterioridad.

Un engranaje de codicias que necesita para su sustento matar al mensajero que ya no es una gran empresa de comunicación que, a su manera, también mantiene el sistema.

Como  enemigo se señala a los periodistas, aquellos que ejercen, los pocos a los que les dejan ejercer o que al menos lo intentan.

Porque ellos en realidad son el reflejo de la libertad de información que ya no defienden las grandes empresas.

Construir ciudadanía a través del derecho a la información debe ser una obligación para el informador, ya sea en España o en otros países.

Los mensajes no pueden estar al servicio del neocolonialismo, ni de los intereses de los grandes medios, ni jugar al juego de gobiernos corruptos, aunque esto suponga para muchos periodistas amenazas, expulsiones e incluso, jugarse la vida en el intento.

Gracias a Luís y a otros muchas/os por su trabajo.


Toque de queda por la noche.

Por el día colegios y administraciones cerradas. Moverse de un barrio a otro buscando tiendas abiertas para comprar algún pan y provisiones para volver a encerrarse.

En las casas donde las fuerzas de seguridad no han entrado para detener a gente se respira la presión de una vigilancia militar en cada esquina. Frente a la iglesia, situada en el centro de la ciudad, siete furgonetas de policía y así, en cada calle.

Los aviones con militares no dejan de llegar al aeropuerto que se ha convertido en zona de seguridad, dejando a un lado su actividad civil. Milicias de civiles marroquíes actuando en las calles bajo la atenta mirada de las fuerzas de seguridad.

El ruido constante de los helicópteros que vuelan bajo controlando todos los movimientos y ayudando a coordinar las acciones militares terrestres. En el hospital, desbordados por el número de heridos, la gente se hacina en los pasillos. Otras muchas víctimas no reciben asistencia médica y son atendidos con pocos medios en casas privadas.

Algunos  declaran que la noche del ocho fueron rociados con un agua con tinta negra que les dejaba marcados. Después los gases lacrimógenos, las porras, los disparos. Y la búsqueda y detención de los más jóvenes que son buscados casa por casa. Imposible determinar el número de arrestados pero lo que sí se puede confirmar es que seguirán las detenciones por un tiempo.

Piedras y cuchillos contra un ejército y muchas víctimas.

Distintas posiciones más o menos numerosas en representación.

Los colonos marroquíes pidiendo autonomía y desarrollo para la región.

Jóvenes saharauis pidiendo respeto e independencia para el Sáhara Occidental.

Saharauis que no quieren que el conflicto se enquiste, que tienen miedo a la guerra y que piden derechos sociales y de representatividad.

En Marruecos un pesado silencio de un tema tabú para la sociedad.

Sólo las voces por el control de la zona se atreven a alzarse. Mientras muchos otros marroquíes, sobre todo los jóvenes, ven en estas acciones un gasto  innecesario y una pérdida de vidas humanas que no lleva a ningún sitio.

El debate social se censura y funciona con la misma eficacia que el cerrojazo informativo.

Algo en común es la palabra Guerra que resuena implacable en la mayoría de las bocas de las personas con las que hablo. Situación de guerra, estado de sitio, toque de queda.


Niños en el Camino es  un documental que cuenta la historia de cuatro menores africanos.

Similitudes en el nombre con el estupendo trabajo de En el Camino, que durante estas semanas presenta periodismohumano.  Pero más allá del título ambos documentales comparten la denuncia de  violaciones de derechos humanos en los tránsitos migratorios, y traen a primer plano  la esperanza y la valentía de sus protagonistas.

En Niños en el Camino, tres menores nos cuentan sus historias migratorias, perfilando una de las realidades sociales plasmada en la serie Dibujos de Luz.

Imagen de previsualización de YouTube

Williams salió de su país por efecto de los enfrentamientos entre musulmanes y cristianos en el estado de Canon, Nigeria. Relata cómo llegaron unos hombres a su casa golpeando la puerta, pegaron a su padre y violaron a sus hermanas. Su padre le dijo que corriese y él corrió, corrió y corrió, hasta que no pudo más y al volver la vista atrás contempló su casa en llamas.

Williams (Andoni Jaen)

Williams llegó a  la estación de autobuses de Tánger. Temblando de frío, muerto de hambre y miedo. Tenía catorce años.

Durante meses no pudo hablar, no podía contar su historia que se le atravesaba en la garganta cada vez que intentaba expresar sus sentimientos. Quince días de sesiones diarias para poder reconstruir su historia y presentar su demanda de asilo en la oficina del Acnur en Marruecos.

Francisco Ortiz, oficial de protección de Acnur España, declaraba durante el Seminario organizado por Save The Children en Toledo que “un niño no te va a contar que que le han violado o que le han obligado a hacer determinadas cosas, incluso porque lo ha interiorizado como normal y puede no ser consciente de que es malo lo que ha pasado. Ha sufrido y lo tiene interiorizado, pero no es capaz de verbalizarlo”.

Williams estuvo en manos de redes que le llevaron por el desierto de Níger y Argelia, hasta Marruecos. Recuerda el hambre y se niega a hablar de la violencia sexual que siempre le acompañó durante su camino.

Una vez obtuvo el estatuto de refugiado seguía viviendo en peligro, la protección no era completa, puesto que  el reino de Marruecos no le reconocía como tal. Apenas lograba sobrevivir con la mendicidad y su único objetivo era huir del control de las redes de trata para explotación sexual. Su historia tuvo un final feliz al reconocérsele que sus derechos en Marruecos no estaban garantizados y reinstalarlo a un país tercero.

Beauty (Andoni Jaen)

Afortunadamente Beauty corrió la misma suerte. Esta niña víctima de trata fue abandonada por la red tras haber intentado quemarla viva, con agua hirviendo, por negarse a ejercer la prostitución.

Aquel día, que ella llama su “accidente”, yacía sobre la cama del hospital quemada desde el cuello hasta las rodillas. Estaba desnuda, así la habían llevado otros nigerianos asustados por la barbaridad que su patrón le había hecho. Desnuda, convulsionaba de dolor entre la vida y la muerte.

Alrededor de la habitación varios hombres controlaban una chica de 15 años. Lloraba desconsolada sentada en el suelo a los pies de la cama del hospital. Tenía la misma cara de Beauty, al instante se veía que era su hermana gemela.

Sobrevivió a las quemaduras y nunca se atrevió a decir que aquel “accidente” había sido una brutal agresión.

Mutilada como estaba, dejó temporalmente de tener interés para la red que relajó su control sobre ella. Así, pudo pedir asilo y contar su historia. Beauty ya sabía lo que era ser víctima de trata, lo fue cuando era pequeña para explotación laboral  en su país.

Mientras estaba siendo explotada alguien le ofreció ir a Europa y salir de allí y ella aceptó. No se imaginaba que pasaría a sufrir otra explotación, peor si cabe que la primera.

Lo que mejor recuerda es el paso de las fronteras donde las chicas eran ofrecidas por la red a los militares como pago. Siempre habla en tercera persona de los abusos, dice que eso les pasaba a sus compañeras pero no a ella.

Una vez curada su patrón volvió a buscarla, tenía que pagar una deuda de la que ella no conocía ni la cuantía. Esta vez, los resortes de la protección internacional funcionaron y pudo alejarse de la red. Pero un poso amargo sigue anidando en sus ojos. Desde aquel día que vimos a su gemela no volvimos a saber de ella y  Beauty nunca ha admitido que tuviese una hermana.

Los niños/as  víctimas de la trata de personas enfrentan serios problemas. Con frecuencia sometidos al abuso físico y sexual, estos niños presentan necesidades específicas de atención médica y psicológica distintivas que deben tratarse antes de que ingresen en la etapa formativa de la adultez.


Jamal (A. J. )

Jamal vive en Tánger. Es alegre, lleno de vida y trabaja en un centro social de la ciudad. Pasó página de su proceso migratorio donde sufrió tres deportaciones ilegales por parte de las autoridades españolas. Está contento porque sabe que muchos de sus compañeros se fueron destruyendo con cada maltrato, con cada devolución.

La estancia en la comisaría marroquí después de ser enviado desde España, acababa con todos los niños embarcados en autobuses y abandonados en el interior de Marruecos. Que Jamal fuese tangerino poco importaba.

Su familia no sabía de sus reiteradas estancias en el puerto de Tánger aunque las intuía. Jamal expresa muy bien cómo detrás de estos menores que llamamos no acompañados hay muchas más cosas de lo que imaginamos. No podemos cogerlos como un lienzo en blanco en el que pintamos nuestras políticas migratorias porque son mucho más y les acompaña una historia de afectividades, violaciones de derechos.

El Defensor del Pueblo de Castilla y La Mancha usaba una hermosa metáfora para explicar la situación de lo que en España llaman los MENA. Dice que la vida de los menores migrantes está sobre un compás que tiene dos patas, una son las convenciones internacionales que protegen a los niños y niñas y otros son las políticas estatales migratorias y de menores. Pero que la pata fija del compás siempre deben ser esas convenciones internacionales firmadas por nuestro estado y que lo otro debía girar en torno a ellas.

Metáfora de la que las Comunidades Autónomas deberían tomar nota.

Smael (A. J.)

La cuarta historia de En El Camino se refiere a Smael. Salió de Guinea con diez años y pasó muchos de ellos en el campamento informal del bosque de Ben Younech próximo a Ceuta. Reiterados saltos a la valla y reiteradas deportaciones de la Guardia Civil cuando aún era un chiquillo.

Recuerda claramente los muertos de la valla de 2005 y los disparos, tanto de la Guardia Civil como de la policía marroquí. Allí perdió a una parte de su comunidad con la que hizo el camino y se encontró solo. Durante su estancia en Rabat se adaptó a vivir con la comunidad nigeriana y costamarfileña.

Es un gran ciudadano del mundo que habla muchas lenguas y al que le apasiona el hip-hop. A pesar de la dureza de sus experiencias juega al futbol todos los días y sale a correr por las mañanas para mantenerse en forma. Presume de no haber tomado nunca drogas o alcohol. Es un valiente que ha hablado claramente de todas las violaciones de derechos humanos que ha sufrido. Lamentablemente, no todas sus declaraciones aparecen en el documental por cuestiones de seguridad y él me dice que a veces los blancos somos un poco cobardes.

Cuando uno de nuestros amigos está triste, le preguntamos cómo se siente, le escuchamos si quiere hablar, nos ayudamos mutuamente.

Y tú, ¿Qué es lo que haces?, cita en un cuadernillo de la escuela costamarfileña.


Casadas en plena niñez por el rito tradicional de la Fatiha, miles de niñas marroquíes se enfrentan a matrimonios forzados y precoces, maternidad en plena adolescencia, servidumbre laboral y una larga lista de violaciones de sus derechos fundamentales.

Algunas de estas bodas esconden tras ellas la prostitución y la pedofilia y las niñas son repudiadas al poco tiempo de la ceremonia.

“Me casaron con diez años, apenas había tenido la regla. En la ceremonia estaba el Adoul que leyó el texto y nos dio su bendición. No había nada escrito claro está, estaba la dote que el señor pagó por mí a mi padre. El señor aquel era muy mayor, era como mi padre. Había venido en vacaciones al pueblo porque vivía en Europa. Pasé el mes con él en el pueblo, me enseñó lo que le tenía que hacer con él, ya sabes, todas las cosas sexuales y después volvió a Europa. Trabajé en la casa de su familia como una esclava, día y noche, lavando, limpiando, hasta que un día me devolvieron a casa de mi familia porque el señor había dicho que me repudiaba. De ahí, mi padre me envió a una familia en Casablanca para trabajar, decía que ahora era difícil casarme de nuevo y trabajé y trabajé. El señor de la casa abusó de mí y acabé en la calle. Allí empecé a prostituirme por dinero y un día decidí venir a Tánger donde sigo prostituyéndome. No tengo hijos y no quiero tenerlos, sobre todo no quiero tener una hija, no quiero tener una hija en este país”, declara Fatima.

Estos días, a seis años de la puesta en vigor del nuevo Código de la Familia marroquí y a las puertas de una reforma del Código Penal, algunos medios de comunicación del reino alaouita sacaban a la luz  cifras que revelaban una catástrofe en los derechos de la mujer, sobre todo en las zonas rurales de Marruecos. Un país cuya cara de desarrollo se circunscribe a algunas grandes ciudades y cuenta con inmensas zonas olvidadas.

La Moudawana o Código de Familia sufrió una importante reforma e hizo incrementar la edad del matrimonio de 15 a 18 años. Sin embargo, los matrimonios con menores son permitidos si los autoriza un juez, en principio mediando un informe social, médico y psicológico adecuado.

La realidad es que, según datos facilitados por el Ministerio de Justicia marroquí, las uniones legales con niñas menores de edad aumentaron de 2008 a 2009.

La pobreza, el analfabetismo, la falta de presencia administrativa en regiones alejadas y con dificultades de comunicación, son las principales causas que provocan la discriminación de las niñas.

Los matrimonios de menores continúan siendo un problema en algunas de las provincias más pobres como Beni Mellal, El Kelaa de Sraghna, Marrackech, Chichaoua, Errachidia y la zona del Rif.

Famoso fue en 2008 el matrimonio colectivo de casi 100 menores de entre seis y siete años que tuvo lugar en un pueblo del Medio-Atlas. Mediante la lectura de textos sagrados y con el consentimiento de los padres se establecía el compromiso de las niñas que irán a vivir con sus maridos cuando alcanzaran la pubertad, es decir, coincidiendo con su primera regla.

Las consecuencias son un alto número de niñas repudiadas, sometidas a explotación laboral en los domicilios de las familias de sus “maridos”, abandono escolar precoz e hijos nacidos de estas menores y que no tienen inscripción legal. Sin contar con todas las violaciones de los derechos sexuales y reproductivos, como la escasa o nula autonomía de decisión sobre su cuerpo, embarazos prematuros, alto nivel de abortos y aumento del riesgo de mortalidad materno-infantil.

La desprotección nos lleva a vislumbrar el crecimiento del fenómeno de “niñas de la calle”. Niñas en Casablanca que huyen de su trabajo como “petites bonnes” o lo que es lo mismo servidumbre laboral encubierta y justificada por la tradición. Una realidad en la que familias con poder adquisitivo tienen niñas trabajando internas desde temprana edad, niñas que muchas veces no recuerdan ni su hogar de origen.

Un problema que en Marruecos pocas organizaciones se atreven a identificar como trata con fines de explotación laboral. Y es que llamar a las cosas por su nombre da miedo pero nos hace visibilizar realidades y encontrar soluciones a la misma.

Otras menores acaban en el turismo sexual, cada vez más en auge en ciudades como Marrackech y Tánger,  paradójicamente en crecimiento ascendente con la presencia de los vuelos low-cost. Destino barato para los pedófilos.

Algunas inician un viaje en  redes de trata con fines de explotación sexual con destino sobre todo a Arabia Saudí, Qatar, Siria y Jordania.

Preguntarse porqué los matrimonios de corta duración bajo ritos tradicionales con menores pueden ser sospechosos de pedofilia, prostitución o explotación sexual puede llevarnos a enfocar las reformas legales necesarias para la protección de las menores. Romper tabúes para evitar llegar más lejos como sucede en otros países.

En Egipto forman parte de la normalidad bodas de un día de duración, en realidad una autoridad religiosa da un documento a la pareja y durante ése día los actos sexuales se hacen bajo el marco del matrimonio, con lo cual son legales. Al día siguiente la mujer es repudiada, y queda a la espera de su próxima “unión legal”.

El reto de una reforma adecuada del código penal es el que afronta el movimiento Printemps de la Dignité que agrupa a una veintena de organizaciones de mujeres y que apuestan por unas leyes basadas en la defensa de los derechos fundamentales en la línea de las Convenciones internacionales firmadas por Marruecos.

Esta “Primavera de la Dignidad” está dispuesta a luchar por el cambio de artículos penales relacionados con la violación, violación y violencia conyugal, aborto y la trata.


A finales de septiembre los siete expatriados secuestrados de las empresas francesas en Níger son transferidos al Norte de Mali.

A principios de octubre Soumeylou Boubèye Maïga, antiguo Ministro de Defensa maliense anuncia su futuro nombramiento para liderar la lucha contra Al Qaeda del Magreb Islámico. En la actualidad dirige el Observatorio del Sáhara y el Sahel y es nativo de la zona de Gao.

Por delante tiene la difícil empresa de gestionar las relaciones con los servicios secretos argelinos y encargarse de  la representación maliense del Centro de Informaciones sobre el Sahel, creado el 29 de septiembre en Argel.

Tendrá también que tener mano izquierda para encajar las críticas de los gobiernos de la región y la presión de Francia y Estados Unidos, que acusan a Mali de negligencia en la lucha antiterrorista.

Y es que la zona de Ansongo, Kidal y Tessalit, en el norte maliense, se ha convertido en un territorio donde se establecen las  bases más sólidas de AQMI (Al Qaeda del Magreb Islámico).

Para defenderse de las críticas, Amadou Toumani Touré, presidente de Mali, hace referencia a lo vasto e inaccesible del territorio desértico a vigilar y a su escasa armada de 7000 efectivos. Tanto es así, que Mali ha permitido, incluso en dos ocasiones, la entrada del ejército Mauritano en su territorio a la caza de los salafistas. Entre el 16 y 19 de septiembre aviones mauritanos y tropas terrestres lucharon en Raz-El- Maa contra el grupo de Yahya Amou Hamama, que lidera una célula de más de cien yihadistas,  y que algunas fuentes señalan que murió en estos enfrentamientos.

“Ha sido tremendo cómo una vez más el gobierno maliense se olvida del norte, donde reina la corrupción y donde la población sufre de muchas carencias. Nuestra etnia ha llevado una lucha por obtener la independencia o al menos una paz que nos permitiese vivir con dignidad. Ahora tenemos las primeras víctimas civiles”, declara Cisse, maliense desde Bamako.

Se refiere a las cuatro “víctimas colaterales” que la lucha contra AQMI ha producido entre la población civil, dos heridos y una mujer y una niña muertas.

Algunos blogueros  también se han unido a criticar a su ejército, que celebraba los cincuenta años de la independencia, mientras aceptaba que otros militares entraran en territorio soberano maliense.

Detrás del discurso de una movilización regional para la recuperación del control de la zona están, sobre todo, los intereses económicos y geopolíticos de  Francia, pero también de Estados Unidos.

Mientras Argelia se muestra más díscola a las órdenas francesas y Mali se evade de sus responsabilidades en la región, Mauritania, Níger y Burquina viven una luna de miel con el gobierno Sarkozy.

Francia dispone incluso de una base aérea en Niamey y otra de comandos terrestres de fuerzas especiales en Ouagadougou. Pero tras la neocolonización hay otras realidades.

En la zona del Sahel viven aproximadamente un millón y medio de touaregs que han puesto en jaque al gobierno maliense con diversas rebeliones desde los años noventa. Veinte años de enfrentamientos, sobre todo en el territorio entre Mali y Níger, que se saldaron el año pasado con la aceptación de una paz que aún es muy frágil.

Las distintas tribus touaregs se reparten entre varios países, que además de los dos arriba mencionados incluyen Argelia, Libia y Burkina Faso.

Uno de los principales miedos de Bamako es que la respuesta contundente de su armada en esos territorios pueda de nuevo causar un brote de rebelión.

En 2007 las tropas de rebeldes touaregs se habían enfrentado a los salafistas en Tinzaouaten. Tras esos tensos momentos muchos touaregs coexisten y colaboran con los miembros de AQMI. En su mayoría hacen labores de guías, conductores o bien se encargan de la información y la logística, aunque no suelen ser combatientes.

Pero los lazos cada vez son más estrechos. Numerosos salafistas se han casado con peuls, touaregs, berabiches, y otras etnias.

Así lo señala el director del Quotidien de Nouakchott destacando que una de las principales ventajas de los salafistas en la zona son los lazos familiares que han establecido con las tribus que controlan el territorio.

De hecho, uno de los pocos emires no argelinos que tiene AQMI es un touareg maliense, llamado Abdelkrim Taleb.

Implicar a los ex rebeldes touaregs en la lucha contra Al Qaeda es otra de las estrategias mencionadas por el gobierno maliense.

Aún así, Bamako insiste en no hacerse responsable de un problema que surgió en Argelia y que según ellos, el propio gobierno argelino no ha podido erradicar después de más de veinte años de lucha.

Y es que AlQaeda del Magreb Islámico nace de los Grupos Salafistas para la Predicación y el Combate. Este grupo habría establecido una nueva línea de acción extendiéndose por el Sahel y cuyo objetivo sería dominar la región desde Mauritania hasta el Chad.

AQMI está dirigida por Abdelmalek Droukel, conocido como Abou Moussab Abdelwadoud y cuyo sueño es convertirse en el Ben Laden africano, liderando los distintos grupos salafistas que se encuentran en el Sahel.

Abdelmalek nació en un barrio periférico de Argel y entró a formar parte del GIA argelino en 1994, desde ahí y en la zona de la kabilia argelina comenzó a formar a yihadistas magrebíes.

Dirige las distintas katibas, o células móviles de combatientes salafistas que se encuentran en el Sahel. Cada una de ellas liderada por emires que están bajo su mando.

Hay dos grandes katibas, una conocida por la katiba del oeste, comandada por Mr. Marlboro, nombre con el que se conoce al emir Mokhtar Belmokhtar por su implicación con el contrabando de la zona. La segunda liderada por Abdelhamid Abou Zeid.

http://www.youtube.com/watch?v=n2ejGEEzhJk

El treinta de junio once militares argelinos son asesinados en un atentado en Tinzaouaten, al sur de Argelia. No lejos de allí, en Tamarasset, se ha establecido una base común de tropas malienses, nigerinas, mauritanas y argelinas.

Flintlock 2010 en el que participaron 1200 soldados americanos, europeos y africanos surge en el marco del AFRICOM o mando unificado del Pentágono en Africa, cuyo objetivo es terminar en el Sahel con el tráfico de drogas, las rebeliones regionales, la inmigración y sobre todo, con el terrorismo islamista. Aún así varios países africanos han rechazado que un cuartel General del Africom se instale sobre su territorio.

Parece que los americanos ven el fantasma de Afganistan expandirse en la zona. Varias son las características comunes, territorios inaccesibles controlados por clanes locales que viven en  zonas rebeldes desde hace décadas y que están estableciendo lazos estrechos con los combatientes salafistas.

Pero es que además el Sahel es zona de tránsito de las migraciones,  las drogas, el contrabando y las armas.

“Convivimos y coincidimos en el tránsito con los islamistas. Es normal, a veces incluso compartimos los mismos guías por el desierto. Nosotros no somos su objetivo, los pobres  no les interesan. Date cuenta que a veces incluso encuentras un cuatro por cuatro con hombres armados y te imaginas que son ellos, pero no te creas,,, en el trayecto encuentras muchos hombres armados que no son islamistas. Los tuaregs también van armados, o los traficantes de droga, o los que nos guían. Por no hablar de los militares que controlan en las ciudades y en los pasos. Mira, a veces, hemos rezado con gente que pensábamos que eran islamistas, nos los hemos encontrado en Tinzaouaten y hemos rezado juntos. Vosotros los europeos sois los que teneis que tener miedo, no nosotros que somos pobres. Pero mira a mi también me dan miedo los blancos de las empresas francesas o Sarkozy, es otro terrorismo, pero también me dan miedo. El miedo es libre”, declara Seydu Koné, profundo conocedor de las rutas migratorias del norte de Mali.

El gobierno de Bamako ha señalado en uno de sus últimos discursos que además de la respuesta militar en la zona debe haber también una perspectiva de desarrollo de la región.

Y es que sólo un mundo más igualitario puede evitar que errores como Afganistán e Irak se repitan en otras regiones.



Viendo la foto que publica Luís de Vega en el ABC del 27 de septiembre, reconozco al primero que va en la fila escoltado por los soldados marroquíes.

Es Check, maliense, y en el campamento de migrantes próximo a Ceuta tenía montado un negocio de recargas de baterías de móviles.

Ante la cámara oculta su rostro, pero le recuerdo en su ghetto (o chabola) rodeado de teléfonos móviles cargándose a través de una batería de coche. En el bosque no había electricidad y así él hacía un servicio a la comunidad y se ganaba la vida mientras esperaba a pasar a Europa.

Pagaba a un marroquí de un pueblo cercano que le recargaba la batería y él cargaba a su vez los teléfonos por un módico precio. Después, amplió el negocio con una segunda batería que le regalamos.

Ese era y es nuestro amigo Check, un tipo listo, con iniciativa, que huía del hambre y la miseria con todas las ganas de un hombre joven.

Duele verle escoltado por los militares como si fuese un delincuente. Aquel día se entregó a las fuerzas de seguridad porque según él, corriendo Jbel Moussa, montaña  arriba nunca le hubiesen cogido.

A veces, por las mañanas temprano venía al ghetto del viejo Abdelkader, cuya chaqueta se le había pegado al cuerpo como una segunda piel (verano e invierno, la chaqueta permanecía con él siempre) y se lo llevaba a subir y bajar montañas para estar en forma.

Cada uno tenía su rutina en aquel campamento informal, autorganizándose para no olvidar que eran ciudadanos.

Buscar el agua, lavar la ropa, hacer el té, los turnos de comidas. Incluso tenían gobiernos y aquellas leyes escritas con castigos como el destierro o la construcción  del ghetto cárcel ,donde podían pasar desde dos días a una semana.

Sobre todo se hacía hincapié en no robar ni agredir a la población local.

Sabían que estaban de prestado.

Con la liga de fútbol entre comunidades estaban entretenidos. El cuidado del campo estaba a cargo de los casi 30 menores guineanos.

Esta era la cotidianeidad de la vida de aproximadamente mil personas que vivían en los asentamientos del bosque próximo a Ceuta antes del salto a la valla del 29 de octubre de 2005.

Después comenzaron los muertos, las llamadas desde el desierto y los crímenes sin investigar.

“La jornada del 29 fue difícil. Llevábamos varios meses de asedio policial. El acceso al agua y a la comida cortado. Cuando ibas a buscar agua tenías que dar diez dírhams a la policía y cuando volvías otros diez. Estábamos al límite de las fuerzas. Y escuchábamos lo que estaba pasando en la valla de Melilla. Todos nos empujaba a ir hacia adelante a intentarlo, lo que no sabíamos es que íbamos a morir tantos en el intento. Dispararon por delante y por detrás. Marroquíes y guardia civil. Dispararon ambos y nosotros estábamos en medio, una avalancha de gente cayendo desde la valla”.

Ciertamente debió ser terrorífico.

No pude verlo, pero Cisse me despertó aquella madrugada sobre las tres y podía escuchar los gritos de la gente pidiendo asilo, llorando de dolor, también voces en castellano que decían “cállate negro…cabrón… moreno” y algo que podría identificarse como disparos.

Después continuó  la locura y miles de inmigrantes de origen subsahariano fueron deportados a la frontera que Marruecos comparte con Mauritania, el Sáhara y Argelia.

La primera víctima por disparos había caído en la valla de Melilla, dos semanas antes estábamos con él y con su grupo que huían ensangrentados de un intento de salto.

Aquel chaval camerunés se nos clavó en el corazón pensando que sería el único. Pero sólo era el primero.

Revisando los documentos de aquel momento un largo listado de 245 personas desaparecidas surge ante mis ojos.

Luego están los cadáveres aparecidos en ambos lados de la valla, todos con nombres y apellidos, familias que han hecho funerales por sus hijos pero sin que nadie aún les haya hecho justicia.

“Cuando vi a Le Roi caer de la valla pensé que había muerto, su madre quedó arriba bloqueada por los disparos. La cogí y la ayudé a no caer”, recuerda Dani.

Le Roi tenía apenas unos pocos meses cuando cayó de lo alto de la valla de Ceuta. Durante el bullicio permaneció callado, sin llorar. Al principio le daban por muerto, pero el bebé estaba vivo. Ahora, reinstalado en Europa junto a su madre, escucha la historia de aquella noche como si fuese un cuento donde él es un héroe que sobrevive al infierno de las balas.

Han pasado cinco años y pocos medios se han hecho eco del aniversario.

Muchos nos hemos llamado por teléfono para recordar a los muertos y desaparecidos y  sus anécdotas de vida.

Desde Guinea Bissau, Ghana, Noruega, Argelia, Dinamarca, los compañeros de aquel “genocidio” llaman para saber cómo van las cosas por las fronteras marroquíes y compartir dolor y recuerdos.

Hace cinco años me decían que usar la palabra genocidio había restado credibilidad a nuestra denuncia porque en realidad aquello no se podía calificar con ese término.

Tal vez la palabra no sea correcta o no es políticamente aceptable definir así unos hechos pagados con fondos del estado español y habría que buscar otros conceptos.

Sea como fuere, muchos muertos y desaparecidos y una responsabilidad que nunca hemos asumido.

Cinco años después seguimos pidiendo justicia y teniendo memoria.


Lleva cuatro años esperando un test de ADN que la confirme como madre de su hijo, un menor tutelado por la Comunidad de Madrid.

“Vivo con el miedo a que mi niño sea dado en adopción a una familia española, si es que no lo está ya”, declara F. ante la dificultad de obtener información sobre su hijo.

Uno de los principales problemas a los que se enfrenta F., como ella misma dice, es que es pobre, inmigrante y vive en Marruecos.

En 2006, con su demanda de asilo bajo el brazo, tramitó en el Consulado de Tánger una procuración para que un abogado la representase en el estado español y parar el proceso de adopción de su hijo.

Adjuntaba los documentos que probaban la filiación entre ambos.

Describía así cómo su niño había llegado a la Comunidad de Madrid,

“Durante mi estancia en Rabat, en el barrio de J5, hemos conocido a una estudiante de Islas Comores, que nos ha ayudado a encontrar una pequeña habitación en ese barrio. Hemos hecho amistad con esa estudiante con la que dejaba a mis hijos. Estuve hospitalizada con mi hijo, el más pequeño, en Rabat y durante la hospitalización he dejado a mis otros hijos H. y A., con la chica de Comores.

Un día, el hermano de la chica ha venido enfadado al hospital porque su hermana le había dejado un niño en su casa y  la estaba buscando. He sentido pánico, sabía que algo andaba mal, que algo le había pasado a mi segundo hijo.

Después de un mes, el hermano de la chica me ha dicho que había recibido una llamada procedente de Casablanca, del aeropuerto, que su hermana había sido repatriada desde Barajas, pero que mi hijo se había quedado en España. Ella había intentado irse con un pasaporte perteneciente a una madre y donde también había un niño. Así, conseguí, en octubre de 2005, el contacto de una organización española que me informó de la situación de mi niño.

Después de reclamar mis derechos como madre durante más de cuatro años, las autoridades españolas me han hecho saber a través de la Cruz Roja Internacional que mi hijo está en adopción temporal y en espera de la adopción definitiva”, declara F., mamá del menor.

La media luna roja hizo un informe sobre la penosa situación en la que subsiste la madre.

En Marruecos malvive tras que el ACNUR le denegase el asilo. Ella, procedente de Congo RDC, se queja porque otras mujeres de su mismo perfil sí que han sido declaradas refugiadas. Tres hijos viven aquí con ella, uno de ellos recuerda perfectamente a su hermano pequeño que está en España.

En teoría, un test de ADN debería haberse hecho al menor y otro a la madre.

El problema es que nadie se ha querido hacer cargo de los gastos y del trámite que esa prueba supone en Marruecos. Ninguna administración española o marroquí, y ningún organismo internacional.

La única relación directa con la realidad del menor se hace a través de Cruz Roja Internacional. Hace unos meses, se recibía una notificación desde Cruz Roja en España donde  se decía que la madre llevaba tiempo en paradero desconocido, lo cual podría haber acelerado los trámites para la adopción.

Hecho que no era cierto, puesto que ella mantenía en todo momento relación con la Media Luna Roja a la que incluso notificaba sus cambios de domicilio. Asimismo, mantuvo siempre el contacto con organizaciones españolas que apoyaban su caso en Madrid.

Todo esto a pesar de que F. ha sufrido durante estos cuatro años un secuestro, varias deportaciones a frontera y ha sido víctima de violencia.

En estos momentos dice estar embargada por la misma resignación que  su camarada O., que perdió a su hijo en la valla de Ceuta en circunstancias sin clarificar. El pequeño fue pronto trasladado a la península por las autoridades españolas y entregado en adopción.

Su madre, que ha intentado buscarlo por todos los medios, no puede tener acceso a ninguna información sobre el menor. “Sólo quiero que sepa un día que su madre le ha estado buscando y que le quería y que le quiere. Al menos poder hablar con él por teléfono”.

Ambos niños eran muy pequeños cuando llegaron al estado español, y  dejar pasar el tiempo, hace que la balanza sobre el interés superior del menor se incline hacia la adopción. Además, si del otro lado están madres solas, inmigrantes  que huyeron de un conflicto bélico y que nunca pudieron denunciar la sustracción de sus hijos, el drama está servido.

“¿Qué le puedo ofrecer? Mis otros tres hijos aquí viven sufriendo y seguro que él vive mejor, pero es que es mi hijo y no hay un día que no pueda recordarle”, declara F.

Mucha más suerte tuvieron otras tres parejas congoleñas. Ellas también perdieron a sus hijos secuestrados en la frontera de Argelia y utilizados como escudo para pasar al Estado español. El destino les dio una oportunidad y pudieron reencontrarse con ellos debido a su estatus de refugiado y a la colaboración de la Comunidad Autónoma competente.

“Me han dicho que he tenido mala suerte que mi hijo haya llegado a Madrid, que si hubiese llegado a otra región española sería diferente”, se lamenta F. Y es que las competencias de cada Comunidad en materia de menores hacen que las medidas  y políticas respecto a los niños migrantes sean totalmente diferentes y obedezcan demasiado al capricho de los políticos de turno.

En este sentido, el IMMF (Instituto Madrileño del Menor y la Familia) parece haber sido negligente con la existencia  de la madre.

Por otro lado, muchos otros niños ni siquiera llegaron a ser tutelados y  no han sido aún encontrados por sus padres. “Vino a casa y me propuso llevarse a uno de mis hijos, tenía un pasaporte para viajar un adulto con un niño. Aquí vivimos fatal, huíamos de la guerra, hemos pasado muchas penalidades. Mi mujer no quería que el niño viajase, pero pensé que era lo mejor para él. Era todo muy fácil, llegarían a París y allí se quedaría con un familiar nuestro. Pero nunca llegó. A la persona le perdimos el rastro”, dice con desesperación un padre congoleño.

Tiene razón en dos cosas, que la angustia por dar una vida mejor a sus hijos les hace tomar decisiones sin sopesarlas y que la mayoría son tomadas por el varón de la familia, relegando a la madre a un segundo plano.

Desgraciadamente la comunidad congoleña en tránsito ha podido perder a un gran número de menores durante su diáspora.

El conflicto bélico de RDC, la dureza del camino, el poder de las redes de trata y la incapacidad de las administraciones para proteger a los menores, hacen que asistamos a una de las situaciones más invisibles que vivimos en nuestro mundo transnacional.

Muchas madres divididas entre el amor a sus hijos y la resignación de que allá donde estén encuentren un futuro mejor.

“Queremos que cuando crezcan sepan que no les abandonamos, que nos los robaron, que les buscamos, que no pudimos recuperarles pero que no por eso dejamos de quererles”.


Durante esta semana los medios africanos y los compañeros de GuinGuinBali se hacían eco de la historia de La Venus Negra.

Abdellatif Kechiche había presentado en Venecia una película basada en la historia de esta mujer africana que fue exhibida en Europa, como si de un animal se tratase, debido a las dimensiones extraordinarias de sus nalgas y genitales.

El relato me ha hecho recordar un vídeo que había visto hacía dos meses. Me lo mostraba un joven marroquí en su teléfono móvil.

Una nigeriana bailaba semidesnuda, exhibiendo un enorme trasero, en una casa particular de Marruecos, mientras varios hombres coreaban insultos y se mofaban de ella.

“Mírala, pobrecilla, igual que un animal”, me dijo el muchacho entre triste y socarrón. Le producía pena esa mujer, para él a todas luces inferior, y a la vez  bromeaba con el grotesco espectáculo.

La chica, engalanada en exceso y con una gran peluca de pelo largo, liso y rubio, se movía de una forma  ágil y hermosa. Me dio la sensación de que su entereza ponía algo de dignidad a aquel vídeo rocambolesco.

Me ofreció el chaval pasar a mi móvil la grabación, cosa que rechacé. Sentí que cada vez que alguien veía ese vídeo volvía a repetirse el maltrato, de alguna manera, la víctima era agraviada una y mil veces.

Después, buscando a la chica, me enteré de que formaba parte de una red de trata.

Al igual que aquella Venus Negra esta mujer de peluca rubia también es una esclava.

Saartjie fue llevada a Londres en 1810 y se barajan dos teorías. Algunos dicen que mediante engaño por medio de los vínculos emocionales con un médico europeo. Otros, que directamente fue trasladada como esclava.

Beauty fue llevada a Marruecos camino a Europa en 2010 con una red de trata y está bajo la protección de un “marido”.

Me puse a pensar en el doloroso destino que había querido que justo 200 años después nuestras sociedades siguiesen transportando mujeres esclavas.

La Asociación Abolicionista Africana intentó que Saartjie se liberase de su yugo, pero al parecer el que ella dijese que disfrutaba de la mitad de las ganancias no permitió que se la considerase esclava.

Algo parecido pasa hoy en día cuando en algunos Centros de Internamiento de Extranjeros a las mujeres se les pregunta si ellas sabían que ejercerían la prostitución al llegar a España, o algunas veces, en casos extremos, se les cuestiona si ellas son putas porque quieren. En el caso de que la respuesta no sea contundente, tampoco serán consideradas víctimas.

Durante cinco años La Venus Negra se exhibió en el centro de Londres, tenía un público y una clientela.

En nuestra sociedad actual también hay una demanda de esclavas, una responsabilidad de aquel que consume lo que las redes le ofrecen.

Cuando Saartjie murió conservaron los genitales y el cerebro en formol para ser estudiados por un zoologista y paleontólogo francés. Es curioso, lo poco que hemos avanzado en la cuestión de la diversidad.

Andalucía Acoge publicaba un informe donde se denunciaban las pruebas de determinación de la edad para menores migrantes. En concreto, una niña nigeriana había sido declarada mayor de edad y en su informe radiológico se especificaba “edad ósea de 18 años, según los criterios establecidos por Greulich y Pyle para varones de raza blanca en la costa este de USA”.

Dos siglos después, la diferencia no sólo no acaba de  integrarse en nuestro imaginario social sino que, además, incluso es obviada por nuestras leyes democráticas.

El director de la película habla de La Venus Negra como un personaje misterioso.

Tal vez hubiese encontrado luces a ese misterio través de otras mujeres esclavas que hoy en día comparten nuestros espacios sin que seamos conscientes.

200 años que parece que fueron ayer.


A unos días del final del Ramadán varios movimientos procedentes de la sociedad civil magrebí siguen reivindicando el derecho a no ayunar.

Bajo el paragüas del respeto a las libertades individuales y en nombre de la libertad de conciencia, el debate se ha extendido durante este mes liderado por MALI (Movimiento Alternativo por la Libertades Individuales) en Marruecos y por SOS LIBERTES en Argelia.

La lucha está encabezada por una juventud urbana que se mueve en facebook, apoyada por el discurso lúcido de algunos blogueros como Najib Chaouki.

Este último dice que hay que defender los derechos de aquellos que no quieren respetar el ayuno durante el Ramadán.

“Este grupo no hace un llamamiento a no ayunar durante el Ramadán, pero defiende los derechos de aquellos que no ayunan, como parte de la sociedad marroquí, teniendo el derecho a ejercer su libertad de no ayunar. ¿Porqué obligar a los que no ayunan a esconderse?. Queremos salir de la hipocresía social en la que vivimos”, declara Najib.

Su objetivo es poner en la palestra el artículo 222 del código penal marroquí que contempla penas de prisión para aquellos que rompen el ayuno de forma visible durante el mes sagrado. Critica esta legislación considerándola ambigua y que presupone que todo marroquí debe ser musulmán, excluyendo así a las minorías.

Los grupos más  conservadores de la sociedad marroquí no aceptan ni reconocen a los ateos y a los agnósticos. Algunas organizaciones de izquierdas de corte tradicional como la AMDH (Asociación Marroquí de Derechos Humanos),  la LADDH (Liga por la Defensa de Derechos del Hombre) y el MAK (Movimiento por la autonomía de la Kabilia), en ambos países del Magreb, han abierto también el debate sobre el laicismo y han dado apoyo a la defensa de la libertad de conciencia.

Pero las iniciativas de MALI y de los blogueros son diferentes, movimientos más frescos, intuitivos, movilizadores y participativos. Grupos de personas que no encuentran representación en las organizaciones tradicionales, que se perdieron en el resbaloso mundo de las subvenciones de cooperación al desarrollo.

Así, reinventándose asimismo, el MALI organizó el año pasado en Mohammedia una merienda al aire libre en pleno mes de Ramadán.

Internet es la base y la plataforma donde estos nuevos discursos  y convocatorias para la acción circulan libremente, puesto que los medios tradicionales se han dedicado difamar y atacar a los defensores de la libertad de conciencia.

Los discursos oficiales cuestionan el movimiento tildándolo de minoritario y acusándolo de ser sostenido por la “mano negra del extranjero”.

Ante las reacciones contrarias y conservadoras, en los medios marroquíes se publicaba un comunicado por las libertades individuales y cuyo resultado ha sido la adhesión de múltiples personas de la cultura y los medios de comunicación.

En el escrito  llaman la atención contra todos aquellos atentados a un principio fundamental y universal como es aquel de las Libertades Individuales y enmarcan la observación del culto como una opción personal.

SOS LIBERTES denunciaba que en Argelia en los últimos años decenas de personas habían sido detenidas y condenadas a penas de prisión por comer, incluso cuando lo hubiesen hecho de forma discreta o a escondidas.

El año pasado jóvenes argelinos que bebían agua fueron detenidos por la policía y acusados de actuar contra el orden público.

El artículo 144 bis 2 del código penal argelino condena los atentados a las normas del islam, “todo individuo que atente contra los preceptos del islam con escritos, dibujos o con cualquier otro medio es responsable de tres a cinco años de prisión”.

Así lo han sufrido durante este mes Hocine Hocini y Salem Fellak, dos obreros que fueron sorprendidos por la policía bebiendo agua durante el trabajo. Su encarcelamiento y su juicio previsto para el veintiuno de septiembre han generado una movilización internacional de solidaridad.

El proceso contra los “no-ayunadores” de Ouzellaguène se ha difundido también a nivel Europeo. La justicia argelina acusa al dueño de un local comercial junto a otras nueve personas de encontrarse comiendo en su establecimiento.

El juicio que debería haber tenido lugar el seis de septiembre ha sido pospuesto para el ocho de noviembre y los detenidos puestos en libertad provisional gracias al apoyo de numerosas organizaciones y de la sociedad.

La última detención de tres personas que comían en la calle se producía en Tebessa el martes pasado.

Las organizaciones argelinas exigen incluso que los cafés y restaurantes puedan abrir para aquellos que no ayunan durante el ramadán.

Entre los periodistas también hay voces que se han alzado defendiendo el derecho a no ayunar, como la del comunicador Akram Belkaïd del Diario de Orán.

Al mismo tiempo, varias asociaciones internacionales han recordado al gobierno argelino que su país ha ratificado los Tratados relativos a los Derechos Humanos y el Pacto Internacional relativo a los Derechos Civiles y Políticos.

No es una lucha contra el Islam sino por la libertad de conciencia, y además las sociedades magrebíes están preparadas para abrir un debate, reclaman miles de personas desde facebook.

Poner en lo público estos temas puede abrir el camino hacia la reivindicación de otros derechos individuales como la libertad individual de creencia, la libre determinación de los pueblos, la orientación sexual y otros que son aún tabú en las sociedades magrebíes.


El movimiento forma parte intrínseca del ser humano y  la libre circulación es uno de los derechos fundamentales nacidos del espíritu de supervivencia.

“Moverse es algo natural para nuestra etnia. Ni siquiera durante la colonización francesa dejamos de movernos buscando espacios mejores. Hemos recorrido desiertos una y otra vez. Buscábamos sal, agua, ganado. Después volvimos a movernos hacia el trabajo en las plantaciones. El movimiento forma parte de la costumbre. Mi sobrino viajaba buscando algo mejor, también decía que buscando libertad”, declara un familiar de uno de los desaparecidos en el Mar de Alborán.

El 29 de agosto sobre mediodía recibo una llamada. Al otro lado del teléfono una persona me informa que el 28 sobre las diez de la noche hora española,  una zódiac con 37 personas, entre ellas cuatro mujeres, había salido desde las costas próximas a Alhouceimas con destino a Andalucía.

Tres días después y con un dispositivo de rescate que ha buscado exhaustivamente en zona española y  marroquí, nada se sabe de los desaparecidos.

La mayoría de ellos procedían de Costa de Marfil y viajaban con su estatuto de refugiado envuelto en plástico para protegerlo del mar.

Otros provenían de Mali y Guinea. Uno de ellos era enfermero y dejaba su dossier de notas a buen recaudo con las instrucciones de enviárselo cuando estuviese en España.

Dos de las cuatro mujeres estaban embarazadas y harían dieciocho años en los próximos meses.

Un día antes, 57 inmigrantes subsaharianos y de Bangladesh estuvieron a punto de ahogarse cuando la zodiac había zozobrado. Fueron rescatados por dos barcos, que les encontraron sobre la embarcación que ya se había dado la vuelta. Algunos se hallaban con el agua al cuello y el resto comenzaban a sumergirse mientras la patera se hundía rápidamente. Ellos tuvieron suerte y su vida se salvó por minutos.

Del grupo, 10 fueron trasladados a Melilla y 47 a Alhuceimas, desde donde sufrieron inmediatamente una deportación al desierto.

El dolor y la incertidumbre son los efectos directos de la tragedia sobre los familiares y amigos.

El miedo y la pesadumbre son los efectos colaterales que se extienden a toda la comunidad migrante.

Al shock que se produce tras un drama como éste hay que unir el recrudecimiento de las medidas represivas tras la visita de Rubalcaba a territorio marroquí.

Veinticuatro personas fueron detenidas el  lunes 30 en los barrios de Mesnana y Aouama, en Tánger. La madrugada del martes 31 todo el grupo era trasladado  a Oujda para su deportación.

Lo más sangrante es que entre ellos se encuentran seis mujeres con sus bebés, una de ellas con gemelos de seis meses de edad y tres chicas embarazadas, dos de ellas menores.

Allí, en la ciudad fronteriza con Argelia, se reunirán con los detenidos de las redadas de esa misma fecha.

“Es la primera vez que algo así pasa en Oujda. La policía iba casa por casa buscando inmigrantes. Hasta ahora sólo los buscaban en la Facultad o bien en el campo. En mi casa han tocado a la puerta y mi casero les ha dicho que yo tenía los papeles en regla y que me dejasen tranquilo”, declara S. procedente de Costa de Marfil.

El domingo 29 más de cien inmigrantes habían sido detenidos en Ouja en una operación cuyo objetivo fue el campus universitario, los bosques colindantes a la ciudad y los refugios próximos a la frontera con Argelia.

“Los testimonios de los migrantes que han conseguido volver a Oujda el lunes después de un juego de ping-pong entre los militares marroquíes y argelinos, declaran haber sufrido una violencia y brutalidad desmesurada en su detención. Los testimonios hablan también de la utilización de perros policías, de cámaras y fotos para documentar la operación… las autoridades marroquíes han decidido, bajo mandato europeo, que las huellas digitales sean obligatorias y consten junto a la imagen de los inmigrantes… la base de datos Eurodac, que contendrá las huellas de los migrantes y será la prueba, si los migrantes desembarcan a Europa, para enviarlos automáticamente a Marruecos”, declara en un comunicado la organización marroquí ABCDS.

Asistimos de nuevo al mercadeo de la subcontratación del control fronterizo. Gadafi, con su habitual falta de pudor, sacaba los colores a nuestras cacareadas democracias y llamaba a las cosas por su nombre.

“Libia, con el apoyo de Italia, exige a Europa al menos 5.000 millones de euros anuales… Es en interés de Europa, porque si no, mañana, el avance de inmigrantes podría convertirla en África, en un nuevo continente negro”, dijo Gadafi.

Paguen religiosamente y haremos su trabajo sucio es, en resumen, lo que el líder libio declaró en Roma. Otros países del Norte de África no son tan expresivos pero juegan al mismo juego con Europa.

¿Es moral, legal y justo pagar cuando sabemos que con nuestro dinero se violan los derechos humanos?

El tráfico de armas, de drogas y la trata de personas son los tres grandes negocios que no dejan de transitar por nuestras fronteras. Los que más dinero dan y los que más se refuerzan día a día paradójicamente. La militarización y la externalización han fortalecido el poder de las redes de trata para explotación sexual.

Cuando nuestros estados hacen hincapié en frenar la libertad de circulación, en las avalanchas, en el miedo al mestizaje, los ciudadanos olvidamos que las fronteras no son más que un gran business del que se benefician los de siempre.

Cada cruce, cada movimiento migratorio, cada desaparecido es también una visibilización de un sistema injusto, torpe y asesino.

El sábado cinco de septiembre una patera era localizada casi en aguas argelinas. Eran los desaparecidos. Treinta y cuatro habían sobrevivido tras ocho días a la deriva. Tres habían muerto y sus cuerpos lanzados al mar. Al límite de sus fuerzas, sin comer ni beber agua, resistieron sostenidos de lejos por las solidaridad y las súplicas de familiares y amigos.