Pandoras Invisibles

Comparte una habitación de tres por seis metros cuadrados.

Hay un colchón viejo en el suelo que comparte con tres amigos.

Comparte un camino de migración desde hace cinco años.

Hay unos dírhams en su bolsillo fruto de la mendicidad que comparte para comprar comida.

Sólo su sexualidad la guarda para sí mismo, por miedo y por vergüenza.

Hoy es un día diferente, acepta hablar, compartir su situación, sus miedos,  hoy comparte su verdadera historia.

Serge (nombre ficticio) es camerunés y homosexual. Salió de su país en 2005, momento en el que comienzan las grandes detenciones y persecuciones de homosexuales y transexuales por parte del gobierno camerunés.

El ejecutivo de este país decide, en aquel momento, aplicar de forma indiscriminada el artículo 347bis del código penal de Camerún, que condena a penas de cárcel de hasta cinco años y multas cuantiosas a las personas que tengan relaciones sexuales con otras del mismo sexo. Aprobada en 1972 esta ley había tenido nula aplicación hasta ese momento.

“Dicen que la homosexualidad es un peligro para las creencias africanas, que fue introducida en Africa por el europeo y siempre se la relaciona con el diablo, la brujería y la magia negra. En Camerún hay una caza de brujas, si alguien es homosexual para poder juzgarle hay que encontrarle cometiendo el supuesto delito, pero no es así. La gente es denunciada por otras personas por cuentas pendientes que nada tienen que ver con su orientación sexual, hay detenciones en la calle, en los bares, en las casas. Por no hablar del odio y el desprecio dentro de las propias familias”, declara Serge visiblemente afectado.

El clima que él describe ha sido documentado y denunciado por cuatro organizaciones sociales, entre ellas Human Rights Watch, en un informe donde queda plasmada la represión y persecución que sufre el colectivo de homosexuales y transexuales en Camerún.

Señalan que en los últimos años se han recrudecido los ataques en los discursos políticos, la persecución en los barrios y en una prensa que fomenta el odio a la homosexualidad,  hasta el punto de haber inventado el concepto “homocracia”. Con esta palabra hacen referencia a un grupo de homosexuales poderosos que conforman un peligro al intentar hacerse con el poder en el país. Tanto es así, que en 2006, numerosos periódicos cameruneses publicaban una lista de cincuenta personas con fotos y datos personales. Gente  de influencia política y económica, entre ellos ministros y empresarios, a los que se les señalaba como homosexuales y como un peligro para el país.

“Cuando me detuvieron en la discoteca, después me llevaron a comisaría. Eramos unos quince, había de todo, gente homosexual, otros que no lo eran. También había chicos que se prostituyen, no porque sean homosexuales, sino porque mi país es un destino de europeos que buscan prostitución. Hombres y mujeres mayores, con dinero, que buscan jóvenes para prostitución. Aunque las detenciones no se relacionaban con la prostitución sino con la homosexualidad, porque el turismo sexual da dinero al país y éso no se toca. El objetivo de la mayoría de las redadas son los homosexuales pero no los verdaderos delincuentes… Los golpes y el maltrato es lo corriente en las comisarías, chicos muy jóvenes humillados y torturados. Entonces yo tenía 23 años, pero había chicos más jóvenes que yo detenidos. Tuve suerte porque gracias a algunos contactos no me pasaron por tribunal y además no publicaron mi nombre en los periódicos. Ahí fue donde decidí salir”, Serge se derrumba en ese momento de la entrevista.

En la prensa escrita y la televisión camerunesas es corriente encontrar noticias que hacen referencia al desmantelamiento de “redes” de homosexualidad y, con la connivencia de las autoridades, se publican la filiación de los detenidos, residencias y actividades laborales, dando lugar al rechazo social y la estigmatización.

Debido a este clima de odio muchos pierden sus puestos de trabajo o son repudiados por sus familias. Las detenciones policiales son menores en número en el caso de mujeres lesbianas, pero la repercusión de sus actos es igual de injusta. Muchas pierden la guardia y custodia de sus hijos, pueden ser acusadas de violación y son automáticamente repudiadas por su familia.

“En algunos barrios existe la idea de que el lesbianismo se puede curar violando a la mujer. Algunas familias las someten a una cura tradicional que consiste prácticamente en violarlas, las obligan a acostarse con varios hombres, además de darles algún medicamento hecho con plantas. Otras familias las expulsan de la casa, se avergüenzan de ellas y las echan a la calle”, Serge siente tristeza y una inmensa solidaridad.

El informe de Human Rights Watch señala también maltrato policial a los homosexuales y garantías jurídicas que no son respetadas. Detenciones de mayor tiempo a las que prescribe la ley, fianzas imposibles de satisfacer y encarcelación de menores junto con mayores de edad. Según las autoridades camerunesas los menores homosexuales podrían contaminar a otros menores encarcelados con su enfermedad, por lo que deciden que compartan prisión con adultos.

“Sí, sí, ya sé que los cameruneses están pidiendo asilo por la persecución que sufren los homosexuales. Pero no voy a pedirlo. Muchos de los que lo piden no son en realidad homosexuales. No voy a pedir asilo por homosexualidad en un país musulmán donde la homosexualidad está penada y donde un refugiado no tiene garantías de protección suficientes. Así que prefiero seguir en el anonimato, buscarme la vida e intentar sobrevivir solo. Si mis compañeros se enteran me repudiarían, me retirarían su apoyo, mi comunidad es ahora mi sola referencia, mi protección en el camino. No creo que Naciones Unidas aquí tenga capacidad para protegerme”, Serge no quiere pedir asilo, no cree en las estructuras internacionales y tal vez no le falten motivos.

La Asamblea General de Naciones Unidas decidía el pasado mes de noviembre eliminar la referencia a la orientación sexual de una resolución sobre ejecuciones extrajudiciales, sumarias o arbitrarias. Así, Naciones Unidas instaba a los estados a proteger la vida de todas las personas y les recomiendaba investigar las muertes con motivos discriminatorios. Durante la última década la resolución había incluído la orientación sexual en la lista de motivos de discriminación que son la causa de asesinatos en muchos países. La propuesta eliminó el reconocimiento de la particular vulnerabilidad a la que se enfrentan las personas lesbianas, gays, bisexuales y transgénero.

La propuesta que partía del estado de Benin ha dejado sin el reconocimiento de particular vulnerabilidad a las personas lesbianas, gays, bisexuales y transgénero.  La proposición fue aprobada por 79 votos a favor, 70 en contra, 17 abstenciones y 26 estados ausentes. A favor de esta enmienda votaba también Camerún.

En la actualidad 76 países criminalizan la homosexualidad y cinco la consideran un crimen ,castigado con pena de muerte.


El 24 de mayo pudimos hablar con Jean Jacques, que esperaba en el corredor de la muerte de una cárcel Libia.

Pudimos escuchar y contar su historia en la que pedía justicia.

Seis días después, el treinta de mayo, es posible que muriese ejecutado junto a otras 17 personas en Benghazi. No se ha divulgado las identidades de los asesinados pero los rumores de que estuviese en el grupo han llegado al norte de Camerún donde vive su madre.

La noticia se conoció a través de la propia prensa libia.

JJ siempre defendió su inocencia, condenado a muerte por estar en el lugar equivocado y por tener un juicio a todas luces injusto.

Su madre dice que JJ salió a buscar una vida mejor, que sobrevivió al infierno del desierto pero no a la justicia libia.

Amnistía Internacional en su informe Libya of Tomorrow’: What Hope for Human Rights? denuncia que “la pena de muerte sigue aplicándose en Libia sobre todo con ciudadanos extranjeros. Los delitos que pueden merecer esta condena van desde el asesinato hasta el ejercicio de la libertad de expresión”.

En el mismo informe Amnistía destaca que en mayo de 2009 había 506 personas condenadas a muerte, el 50 por ciento extranjeros.

Hay una prisión bajo tierra, algunos van allí después de ser detenidos por intentar pasar a Italia. Tenía a un amigo que compartíamos habitación, y un día fue a tentar su suerte. Yo creía que estaba en Italia y un año y tres meses después apareció de nuevo. Estaba destrozado. Le habían dejado pudrirse en aquella prisión casi sin luz, sin juicio. En las prisiones Libias te dejan morir, es dios el único que puede salvarte”, Adama pasó años en Libia, perdió el contacto con muchos de sus amigos en la última deportación a la frontera con Níger hace unos meses.

El Parlamento Europeo en una resolución dictada el diecisiete de junio,  manifestaba una fuerte preocupación por la suerte de los emigrantes bloqueados en Libia, recordando:

“Que el artículo 19 párrafo 2 de la Carta de los derechos fundamentales de la Unión Europea prohíbe todo alejamiento, expulsión o extradición hacia un Estado donde existe un riesgo serio de que la persona pueda sufrir  pena de muerte,  tortura o a  otras penas o tratos inhumanos o degradantes”.

Además pedía el Parlamento “a los estados miembros que deporten migrantes hacia Libia, en cooperación con el Frontex, que pongan fin inmediatamente a estas operaciones porque existe grave riesgo de que la persona sea sometida a la pena de muerte, a la tortura o a otras penas o tratos inhumanos o degradantes”.

La Europa de las libertades no se atreve a enfadar a su socio africano. Les une la política de control de fronteras y la ejecución del Sistema Frontex, otra gran máquina de condenas a muerte. Así que Italia y los demás países han hecho caso omiso de la resolución del Parlamento.

El treinta de junio saltó de nuevo la alarma, Fortress Europe, Melting Pot y la ASGI (Associazione Per gli Studi Giuridici Immigrazione) denunciaban la deportación de 250 personas de origen Eritreo trasladadas desde el campo de detención de Misratah hasta Al Braq, a unos 80 kilómetros de Sebah.

Los Eritreos, demandantes de asilo, se negaron a ser identificados por un responsable de su país. Esto les costó su traslado en camiones “contenedores” .

Thomas Hammarberg, Consejero de derechos humanos del Consejo de Europa ha pedido a Italia que investigue la situación de los detenidos Eritreos.

“Nos deportan en camiones como si fuésemos mercancía. Dentro hace un calor insoportable porque el material de las paredes del contenedor arde, tienen  unas pequeñas ventanas para la respiración y  el interior del camión se convierte en un horno, después te abandonan en el desierto con un bidón de agua, muchos mueren, otros si tenemos algo de dinero podemos estar a merced de los pasadores que esperan para rescatarte por una módica cantidad. Ver muertos para nosotros es lo normal”, declara un ghaniense desde Agadez.

El maltrato de los migrantes en Libia es generalizado y no discrimina a menores, mujeres embarazadas, víctimas de trata, demandantes de asilo o enfermos.

Todos ven violados sistemáticamente los derechos humanos.

Jennifer llegó a Oujda hace cuatro días procedente de Libia. Es víctima de trata y ha pasado seis meses siendo explotada sexualmente en Trípoli. De Libia a la frontera de Marruecos las redes la han trasladado en una semana.

Después de que fuese deportada al desierto fue rescatada por la propia red que la explotaba.

Paradójicamente Jennifer ha tenido suerte de ser víctima de trata, los que la acompañaban en su deportación murieron en su mayoría.

“En Trípoli vivíamos encerradas en casas, por la noche nos sacaban y nos repartían por casas de hombres árabes y negros donde nos violaban toda la noche, te obligaban a acostarte con ellos. Por la mañana te devolvían a la casa para descansar”, declara Jennifer embarazada de uno de sus violadores.

Desde varias páginas web se llama a la movilización internacional por los migrantes deportados en el desierto Libio, pidiéndose:

-          Libertad y derecho de asilo para los 250 exiliados deportados.

-          Finalización de la violencia de la policía Libia contra los migrantes.

-          Modificaciones de los acuerdos entre Italia y Libia y finalización de las políticas de deportaciones a terceros países.

Podeis expresar vuestra repulsa hacia la violación de derechos en Libia desde las siguientes páginas:

http://www.migreurop.org/article1738.html

http://www.migreurop.org/article1737.html

http://www.meltingpot.org/articolo15683.html


Condenado a muerte en 2006 por un tribunal libio.
De padre camerunés y madre Nigeriana.
Jean Jacques explica que en contadas ocasiones desde su detención ha podido comunicarse con alguien del exterior.

“ Estamos en el infierno esperando a ver cuando nos mandan al otro infierno. La espera es insoportable y el calor, siempre sientes calor. Todo se paga con favores, con corrupción, con poder. Si estás muerto porqué no te dejan vivir este tiempo con dignidad. A veces me pregunto qué es peor, la muerte o ser un perro en vida.”

La primera frase que JJ me regala me corta el aliento.

“ Volví de Marruecos, de saltar la valla de Nador, me deportaron a Mali y de ahí era volver andando a Camerún o ir con otros a Libia. Así que pensé trabajar un poco en Argelia, de ahí para Níger y entré en el infierno libio. Trípoli era una ciudad llena de gente, bulliciosa, en aquel momento tenía hasta un pasaporte en regla. Papeles y posibilidad de trabajar, incluso pensé en abandonar la idea de ir a Italia. Así que tuve unos meses de tranquilidad. Ya sabes lo fiesteros que somos los cameruneses, alcohol, bailes, que nos gusta la vida mucho. En el barrio hubo una gran pelea entre africanos. La policía hizo una redada tremenda y la pelea dejó dos muertos, creo que dos chicos nigerinos. La historia me pilló borracho y también entré en los golpes, pero no maté a nadie. Detención, tribunal en árabe, sin abogado, sin traductor, además me pillaron borracho algo muy grave en este país. Me pedían dinero pero no tenía en ese momento. Tardé casi un mes después de entrar en prisión en comprender que estaba condenado a muerte. No me lo creía, hubiera preferido morirme en aquella puta pelea”.

Dejo hablar a JJ que se siente cómodo al volver a usar el francés, lengua, en la que según él, puede expresar sus sentimientos.

“Dices corredor de la muerte y te imaginas las películas americanas, todo limpio, comida buena, libros, (ríe a carcajadas) aquí estamos llenos de mierda, en celdas de mierda, con comida asquerosa, toda mejora hay que pagarla, con favores, con dinero, con miedo. Soy pobre, vengo de familia pobre, de país pobre”.

JJ se permite con una gran ironía plantear su realidad.

“El año pasado hubo un indulto del Jefe libio y algunos pudieron salir de los corredores de la muerte. Así que espero a ver qué me depara la suerte. Tú me hablas de derechos humanos, que suena muy bonito, pero yo prefiero hablar de suerte, otros hermanos africanos hablan de Dios, pero yo he perdido mi fé, y prefiero hablar de suerte. No creo en los sistemas, ni humanos ni divinos”.

La Comisión Africana de los Derechos del Hombre y de los Pueblos apeló el año pasado al líder libio a suspender la pena de muerte a veinte nigerianos.
Este estamento respondía así a una demanda hecha por la ONG nigeriana SERAP.
Según el Abike Dabiri, presidente de la Comisión Parlamentaria de la Diáspora de Nigeria, 40 de sus compatriotas habían sido ya ejecutados en Libia y más de 200 condenados a muerte.
La radio de Ghana Peace FM difundía en el mes de abril una entrevista al diputado James Kwabena cuyo hijo estaba desde el año 2004 en el corredor de la muerte en Libia.
James denunciaba las irregularidades del tribunal que había emitido la condena y la situación de incomunicación que había sufrido su hijo. Pudo comunicar con él el diecinueve de abril, seis años después de su arrestación.
Organizaciones sociales denuncian que cientos de subsaharianos se encuentran condenados a muerte en países del Norte de Africa y Asia.
Acusados de asesinato algunos, pero muchos otros por atraco o tráfico de drogas en juicios de dudosa transparencia.
Abandonados a su suerte por sus propios países y sin medios económicos para asegurar una asistencia.
Es otra de las caras de la pobreza.


En casa de Blacky, camerunés que presume de ser del mismo barrio que Etoo, tomamos un Banku (pasta de harina de sémola que se moja en salsa picante) y suena el teléfono.

Blacky sale por la puerta de una habitación de tres metros cuadrados donde duermen siete personas y el resto de la gente nos comenta en voz baja,”es Etoo, le ha llamado tres veces por teléfono, le conoce del barrio y está enfadado porque ha salido a la aventura”.

La aventura es el término que define la decisión migratoria y los que la toman son llamados aventureros.

Blacky incluso le comenta a Cristina que si algún día se encuentra con Etoo por la calle pues que le de saludos de Blacky.

Me parece que nunca sabré si realmente Etoo conoce a Blacky, pero lo que sí se es que Blackie juega al fútbol, como muchos jóvenes africanos traídos hasta Marruecos por falsos agentes y abandonados a su suerte con posterioridad.

Encontramos en Rabat y Casablanca una cantidad importante de adolescentes procedentes de Guinea, Costa de Marfil y Mali, extorsionados por una red que les prometió contratos con equipos de fútbol. Las nacionalidades más numerosas son aquellas cuyos países no necesitan visado para entrar en Marruecos.

Los jóvenes y adolescentes entre quince y veinticinco años han sido captados por falsos agentes en sus países de origen.

El reclutamiento se produce mediante una negociación donde el supuesto intermediario explica a los padres que su hijo tiene posibilidad de jugar en Europa porque él tiene los contactos con equipos europeos.

Poseen incluso documentos falsos con cartas de invitación de los clubes en cuestión, donde se reseña el nombre y el logo.

Convencen a las familias que la mejor estrategia es venir en un primer momento a Marruecos y jugar durante un año, como un tránsito hacia el salto a Europa.

La familia paga entonces entre 1.600 y 2.000 euros por todos los trámites.

Algunos agentes abandonan a los jugadores una vez les han traído al reino alaouita, otros les envían a algunos equipos marroquíes para hacer los test e informar a la familia que su hijo finalmente no vale para el fútbol.

De una forma o de otra, quedan sin dinero y abandonados durante la primera o la segunda semana de llegar.

La embajada de Costa de Marfil informa que las demandas de retorno efectuadas por la OIM a este país y que respondían a estos jóvenes futbolistas suponen un 40% de todas las peticiones de repatriación.

135 jóvenes costamarfileños volvieron a su país con el sueño del fútbol en las botas.

En los barrios las comunidades de distintos países se preparan para el primer mundial celebrado en África.