Pandoras Invisibles

Niños en el Camino es  un documental que cuenta la historia de cuatro menores africanos.

Similitudes en el nombre con el estupendo trabajo de En el Camino, que durante estas semanas presenta periodismohumano.  Pero más allá del título ambos documentales comparten la denuncia de  violaciones de derechos humanos en los tránsitos migratorios, y traen a primer plano  la esperanza y la valentía de sus protagonistas.

En Niños en el Camino, tres menores nos cuentan sus historias migratorias, perfilando una de las realidades sociales plasmada en la serie Dibujos de Luz.

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Williams salió de su país por efecto de los enfrentamientos entre musulmanes y cristianos en el estado de Canon, Nigeria. Relata cómo llegaron unos hombres a su casa golpeando la puerta, pegaron a su padre y violaron a sus hermanas. Su padre le dijo que corriese y él corrió, corrió y corrió, hasta que no pudo más y al volver la vista atrás contempló su casa en llamas.

Williams (Andoni Jaen)

Williams llegó a  la estación de autobuses de Tánger. Temblando de frío, muerto de hambre y miedo. Tenía catorce años.

Durante meses no pudo hablar, no podía contar su historia que se le atravesaba en la garganta cada vez que intentaba expresar sus sentimientos. Quince días de sesiones diarias para poder reconstruir su historia y presentar su demanda de asilo en la oficina del Acnur en Marruecos.

Francisco Ortiz, oficial de protección de Acnur España, declaraba durante el Seminario organizado por Save The Children en Toledo que “un niño no te va a contar que que le han violado o que le han obligado a hacer determinadas cosas, incluso porque lo ha interiorizado como normal y puede no ser consciente de que es malo lo que ha pasado. Ha sufrido y lo tiene interiorizado, pero no es capaz de verbalizarlo”.

Williams estuvo en manos de redes que le llevaron por el desierto de Níger y Argelia, hasta Marruecos. Recuerda el hambre y se niega a hablar de la violencia sexual que siempre le acompañó durante su camino.

Una vez obtuvo el estatuto de refugiado seguía viviendo en peligro, la protección no era completa, puesto que  el reino de Marruecos no le reconocía como tal. Apenas lograba sobrevivir con la mendicidad y su único objetivo era huir del control de las redes de trata para explotación sexual. Su historia tuvo un final feliz al reconocérsele que sus derechos en Marruecos no estaban garantizados y reinstalarlo a un país tercero.

Beauty (Andoni Jaen)

Afortunadamente Beauty corrió la misma suerte. Esta niña víctima de trata fue abandonada por la red tras haber intentado quemarla viva, con agua hirviendo, por negarse a ejercer la prostitución.

Aquel día, que ella llama su “accidente”, yacía sobre la cama del hospital quemada desde el cuello hasta las rodillas. Estaba desnuda, así la habían llevado otros nigerianos asustados por la barbaridad que su patrón le había hecho. Desnuda, convulsionaba de dolor entre la vida y la muerte.

Alrededor de la habitación varios hombres controlaban una chica de 15 años. Lloraba desconsolada sentada en el suelo a los pies de la cama del hospital. Tenía la misma cara de Beauty, al instante se veía que era su hermana gemela.

Sobrevivió a las quemaduras y nunca se atrevió a decir que aquel “accidente” había sido una brutal agresión.

Mutilada como estaba, dejó temporalmente de tener interés para la red que relajó su control sobre ella. Así, pudo pedir asilo y contar su historia. Beauty ya sabía lo que era ser víctima de trata, lo fue cuando era pequeña para explotación laboral  en su país.

Mientras estaba siendo explotada alguien le ofreció ir a Europa y salir de allí y ella aceptó. No se imaginaba que pasaría a sufrir otra explotación, peor si cabe que la primera.

Lo que mejor recuerda es el paso de las fronteras donde las chicas eran ofrecidas por la red a los militares como pago. Siempre habla en tercera persona de los abusos, dice que eso les pasaba a sus compañeras pero no a ella.

Una vez curada su patrón volvió a buscarla, tenía que pagar una deuda de la que ella no conocía ni la cuantía. Esta vez, los resortes de la protección internacional funcionaron y pudo alejarse de la red. Pero un poso amargo sigue anidando en sus ojos. Desde aquel día que vimos a su gemela no volvimos a saber de ella y  Beauty nunca ha admitido que tuviese una hermana.

Los niños/as  víctimas de la trata de personas enfrentan serios problemas. Con frecuencia sometidos al abuso físico y sexual, estos niños presentan necesidades específicas de atención médica y psicológica distintivas que deben tratarse antes de que ingresen en la etapa formativa de la adultez.


Jamal (A. J. )

Jamal vive en Tánger. Es alegre, lleno de vida y trabaja en un centro social de la ciudad. Pasó página de su proceso migratorio donde sufrió tres deportaciones ilegales por parte de las autoridades españolas. Está contento porque sabe que muchos de sus compañeros se fueron destruyendo con cada maltrato, con cada devolución.

La estancia en la comisaría marroquí después de ser enviado desde España, acababa con todos los niños embarcados en autobuses y abandonados en el interior de Marruecos. Que Jamal fuese tangerino poco importaba.

Su familia no sabía de sus reiteradas estancias en el puerto de Tánger aunque las intuía. Jamal expresa muy bien cómo detrás de estos menores que llamamos no acompañados hay muchas más cosas de lo que imaginamos. No podemos cogerlos como un lienzo en blanco en el que pintamos nuestras políticas migratorias porque son mucho más y les acompaña una historia de afectividades, violaciones de derechos.

El Defensor del Pueblo de Castilla y La Mancha usaba una hermosa metáfora para explicar la situación de lo que en España llaman los MENA. Dice que la vida de los menores migrantes está sobre un compás que tiene dos patas, una son las convenciones internacionales que protegen a los niños y niñas y otros son las políticas estatales migratorias y de menores. Pero que la pata fija del compás siempre deben ser esas convenciones internacionales firmadas por nuestro estado y que lo otro debía girar en torno a ellas.

Metáfora de la que las Comunidades Autónomas deberían tomar nota.

Smael (A. J.)

La cuarta historia de En El Camino se refiere a Smael. Salió de Guinea con diez años y pasó muchos de ellos en el campamento informal del bosque de Ben Younech próximo a Ceuta. Reiterados saltos a la valla y reiteradas deportaciones de la Guardia Civil cuando aún era un chiquillo.

Recuerda claramente los muertos de la valla de 2005 y los disparos, tanto de la Guardia Civil como de la policía marroquí. Allí perdió a una parte de su comunidad con la que hizo el camino y se encontró solo. Durante su estancia en Rabat se adaptó a vivir con la comunidad nigeriana y costamarfileña.

Es un gran ciudadano del mundo que habla muchas lenguas y al que le apasiona el hip-hop. A pesar de la dureza de sus experiencias juega al futbol todos los días y sale a correr por las mañanas para mantenerse en forma. Presume de no haber tomado nunca drogas o alcohol. Es un valiente que ha hablado claramente de todas las violaciones de derechos humanos que ha sufrido. Lamentablemente, no todas sus declaraciones aparecen en el documental por cuestiones de seguridad y él me dice que a veces los blancos somos un poco cobardes.

Cuando uno de nuestros amigos está triste, le preguntamos cómo se siente, le escuchamos si quiere hablar, nos ayudamos mutuamente.

Y tú, ¿Qué es lo que haces?, cita en un cuadernillo de la escuela costamarfileña.


Cuando el estado español deporta en viernes, las organizaciones sociales tienen menos tiempo de reaccionar y utilizar los resortes legales para evitar las violaciones de los derechos humanos.

Freedom con diecisiete años de edad (cumplía dieciocho el próximo mes de octubre), asmática crónica y presunta víctima de trata, fue deportada a Nigeria  el viernes 30 de julio.

Fue abandonada en una ciudad que no conoce a bastante distancia de su pueblo natal.

Freedom se encuentra actualmente hospitalizada con fuertes dolores en el pecho. En el Centro de Internamiento de Málaga no recibió el tratamiento médico para su enfermedad.

Es la segunda crisis que sufre este año, la primera fue en Marruecos, durante la primavera. Paradójicamente en el Reino de Marruecos y en Nigeria ha recibido una asistencia sanitaria  más adecuada  que en el estado español.

Llegó a nuestras costas en patera. Se declaró menor de edad pero las pruebas radiológicas forenses, tremendamente cuestionadas por su fiabilidad, determinaron que tenía cumplidos los dieciocho años. No pudo documentar que no era así.

De familia pobre, monoparental, apenas sabe leer y escribir.

Pidió asilo porque huía de su país de un matrimonio forzado. Su historia no convenció a nuestras autoridades.

El paso por Marruecos indica que estaba dentro de una red de trata con fines de explotación que le facilitó el trayecto a Europa. Antes ya había sido explotada sexualmente durante un año en Libia.

Freedom  tenía miedo, mucho miedo, pánico decía ella, pero le costaba decir la verdad de lo que le había sucedido durante su trayecto migratorio.

En el CIE  apenas hablaba con nadie, decía que la policía chapurreaba el inglés y que todas sus compañeras se expresaban en castellano.

La soledad, la incomprensión y el miedo que una presunta víctima de trata puede sentir en un centro de internamiento, más similar a una cárcel, no es el medio adecuado para protegerla.

Entiendo perfectamente que una persona en esas condiciones de privación de libertad no sea capaz de expresarse.

El día que visité a Freedom en el CIE me impresionaron las  puertas con barrotes de hierro. Nunca pensé que aquello fuese tan parecido a una cárcel y  a otros centros que se encuentran en países sin democracia.

Después vino el detector, el control. No me dejaron entrar el bolso, todas las pertenencias quedaban en manos de la policía.

Así desposeída de todo, incluso de mi documentación, me dejaron entrar en la  sala de visitas. Había más familiares.

Una mujer discutía con el policía que la acusaba de intentar introducir un mechero, mientras ella le decía que no lo había visto. En la promoción de tabaco que había en el estanco regalaban un encendedor y la señora no había pensado que pudiese ser un arma letal para las autoridades del CIE.

Parecía tan absurda la conversación, tan desmesurada la reacción del policía, todo ello ,además,  a través de otra puerta con barrotes. La misma que hacía un momento se había cerrado a mis espaldas.

Allí estábamos esperando a los “presos”.

Freedom entró y la puerta volvió a cerrarse. Pudimos estar juntas poco tiempo.

Ella siempre miraba la cámara mientras hablaba, un artefacto blanco que vigilaba nuestros movimientos. En treinta minutos la visita se había terminado, la de otros familiares también:  la mujer del chico marroquí y el hermano del senegalés.

A la vuelta los barrotes se cerraban a nuestro paso de nuevo.

Los CIEs son cárceles para inocentes, cárceles de presos que huyen de la violación de sus derechos fundamentales,  donde se mezclan víctimas de trata, refugiados, menores, personas en búsqueda de un futuro.

Adama, Salifo, Yakariya y Sumaoro esperan la asistencia de los abogados de CEAR en el Centro de Internamiento de Barcelona. Son costamarfileños, tres de ellos poseen el Estatuto de Refugiado desde Marruecos.

Más de dos semanas tardaron las autoridades del CIE en permitirles la tramitación del asilo e hicieron falta una  serie de presiones del exterior.

A día de hoy no han permitido el acceso de CEAR para su asistencia letrada. Según el CIE los interesados no lo han manifestado.

Adama, Salifo, Yakariya y Sumaoro llaman cada día por teléfono para explicar que nadie les escucha dentro de aquella prisión.

Tal vez la próxima vez que llamen se encuentren en otro país porque  hayan sido deportados en viernes como Freedom.


Tánger dieciséis de febrero 2010

Imagina que diste a luz el domingo pasado en un hospital público marroquí. Un niño precioso.

Imagina que te dieron el alta al día siguiente, lunes.

Imagina que volviste a casa, cansada, sangrando del post-parto, con dolores aún en un útero que lucha por volver a su sitio.

Imagina que en casa te está esperando tu niña de dos años y dos meses y tu pareja.

Imagina que esta mañana mientras bañabas al bebé comenzaste a ver que le costaba respirar.

Imagina que corriste al hospital público marroquí.

Imagina que te dijeron que no podían atenderte.

Imagina que fuíste dos veces.

Imagina que la tercera vez tu bebé dejó de respirar casi en la puerta del hospital.

Imagina que pediste auxilio por tu bebé muerto.

Imagina que se lo llevaron a la morgue del hospital.

Imagina que a ti, a tu niña de dos años y dos meses y a tu pareja os llevaron a comisaría.

Ahora imagínate retorciéndote de dolor en las entrañas, el dolor agrio de la muerte de tu hijo, el dolor de un útero que te recuerda recién parida, el dolor de una leche que sube a tus senos duros como piedras. Pero imagínate NEGRA, imagínate AFRICANA, imagínate POBRE, imagínate SIN PAPELES.

Estás sentada, doblada sobre tu vientre en aquel sucio despacho de policías que van y vienen y te hablan en una lengua que no entiendes. Allí te miro e intento traducirte las preguntas que me parecen estúpidas, crueles e inhumanas.

Quieren saber qué  haceis en su reino, cómo habeis entrado y cuánto tiempo llevais aquí. Quieren saber cómo os llamais, cómo se llaman vuestros padres y porqué habeis venido.

Tu pareja grita y pide piedad. Sabe que todas las preguntas van dirigidas a justificar una deportación al desierto. Tu pareja grita y te tranquiliza llamándote “honey”.

Tu niña sonríe, juega con su gorro y canta “haleluya”.

La policía busca un intérprete de árabe a inglés para hacer el parte y llevaros a Tribunal.

Me dices que si te deportan al desierto y allí te violan no crees que aguantarás el dolor, que aún estás recién parida.

Un policía se me acerca y me pregunta : ¿Por qué haceis ésto? ¿Por placer?. Este amable policía llama “esto” a acompañar a unos padres sumidos en el dolor, a comprar algo de comida para una niña que lleva todo el día sin probar bocado y a intentar traer un poco de humanidad o al menos de buen trato a esa puñetera comisaría.

Entonces le miro, me horroriza su frialdad, y le contesto, lo hacemos por amor. Veo en él a esos seres que comen, cagan y hacen de policía para poder seguir comiendo y cagando. Siento lástima.

Detienen a tu pareja en comisaría y me dicen que como caso humanitario te dejan dormir en casa. Mañana tienes que pasar el Tribunal junto a tu marido.

Te hundes. Es la primera vez que te veo enderezar ese vientre que te duele. Gritas y lloras hasta que un policía te manda callar.

No lo soporto, me puede la escena y le pido por favor que entienda que tu hijo ha muerto hoy, que estás recién parida, que te duelen las entrañas.

Me responde con desprecio que en este reino hay unas leyes, que aquí se hace lo que dice el procurador del rey y que tú eres una NEGRA CLANDESTINA.

Mañana iremos al Tribunal, mañana un hombre de este reino decidirá si te tiran a ti y a tu niña al desierto de madrugada. A partir de ahí la suerte decidirá  si serás violada, si tu hija será raptada o porqué no violada también.

Imagínate que todo eso te ha pasado hoy.

Imagínate que a todas nos duelen sus entrañas.

Imagínate que a todas nos duelen nuestras entrañas.