Pandoras Invisibles

Querida niña:

Hace poco que tu vida ha cambiado sin que tú lo sepas.

Tu madre te llevaba en su regazo mientras cruzabais un mar que la dejó sin vida.

Ahora tú tienes un futuro diferente del que aún no eres consciente.

Quería hablarte de tu madre y tal vez estas letras sobrevivan al tiempo y un día puedas encontrarlas.

Naciste en Trípoli, Libia. Cumpliste seis meses en este mes de julio. Te pusieron la primera vacuna en Marruecos.

La primera vez que vi a tu madre te llevaba pegada a su espalda y tú estabas dormida.

Tu mami me pareció linda, con un cuerpo menudo, casi adolescente, que movía con una tremenda gracia.

Al principio me pareció que tenía una mirada triste pero no era cierto. Cuando comencé a hablar con ella una gran sonrisa se dibujó en su cara.

La noté presumida y llena de esperanza. Te mostraba orgullosa.

Me quedó clavada en la memoria la imagen de su espalda en la que se dibujaba tu silueta mientras atravesaba la puerta. Esa fue la última vez que os pude ver.

No eres la única niña que llegó sola al otro lado del Estrecho.

Pensando en ti estos días me han venido a la mente varios pequeños que atravesaron solos la valla de Ceuta y Melilla, que llegaron a Barajas con unas personas y unos pasaportes que no eran suyos o que fueron rescatados del mar como tú.

Con el paso del tiempo os preguntareis cosas, buscareis a vuestras familias.  Espero  incluso que os atreváis a denunciar a los estados por todos los desaparecidos que la injusticia social deja en el camino.

Serán otros tiempos de los que formáis parte como futuro.

Querida niña,  si llegas a saber cómo fueron los últimos años de vida de tu madre posiblemente te asustarás y no entenderás nada. No la culpes, no te culpes, busca respuesta en un sistema que destroza a los pobres del mundo.

Quédate con su búsqueda de futuro, quédate con su sueño de esperanza, quédate con su linda imagen de cuerpo menudo, casi adolescente, llevándote a la espalda.