Pandoras Invisibles

Archivo (Javier Bauluz / Piraván)

¿Será que escribo con el corazón o con las entrañas?. Hecho políticamente incorrecto. ¿Será que me da por saco la asepsia y la objetividad de la profesión periodística?, abanderada cuando interesa. ¿Será que estoy ovulando o tal vez con el síndrome premenstrual?, como diría nuestra tradición machista.

No sé lo que será, pero la nota de EFE y EUROPAPRESS sobre el accidente de la patera de ayer ha hecho que salga de mi desconsuelo absoluto, de mis llantos interminables, para situarme en la rabia más tremenda, que descargo contra un sistema, el nuestro, que está podrido.

La patera salió de costas marroquíes entre las tres y media y cuatro de la madrugada del día 29 de noviembre. Para dar más datos y cifras, que siempre a los medios les gusta conocer, iban en ella diez bebés con sus mamás, cuatro embarazadas y cinco “solteras”, como los africanos llaman a las mujeres que van solas. El resto eran hombres.  Un total de aproximadamente sesenta personas.

Eso es lo que quiero remarcar, la palabra personas. Venidas de sitios muy diferentes, desde Nigeria, Congo, Camerún, Mali, pero sobre todo personas.

Hacia las cinco de la madrugada se dieron cuenta de que algo iba mal, la lancha estaba pinchada, debido al golpe con una roca. Llamaron a tierra, a un familiar, pedían socorro, eran conscientes de que estaban muy cerca de la costa marroquí, así que llamaron a la Marina de Marruecos.

A las nueve de la mañana y desesperados porque no obtenían respuesta de las autoridades marroquíes llamaron a Salvamento Marítimo en España.

“Sí, sí, decía uno de los familiares, si están al lado de Alhucemas, si ven las casas y los coches, pero es que los marroquíes no van a ir a buscarles, les llamamos a las cinco y nada. Alguien tiene que ir, que alguien haga algo y lo haga rápido, porque ha habido muertos, y están desesperados”

El “problema” era precisamente ése, que estaban en aguas marroquíes y que para que Salvamento pudiese actuar necesitaba el permiso de las autoridades de Marruecos.

Paradójicamente, desde el mes de julio está activa en aguas de la zona la Operación Indalo, un operativo policial coordinado por el Frontex o Agencia Europea para la gestión de la cooperación operativa en las fronteras exteriores de los Estados miembros de la Unión Europea. Uno de los objetivos principales de esta operación es recabar información para acabar con la entrada de inmigrantes, aunque también señalan que ellos salvan vidas, evitando el número excesivo de pateras. En esta operación además participan agentes marroquíes junto a otros de varias nacionalidades de la Unión Europea.

Pero ayer los dispositivos de coordinación parecían ir lentos y conseguir un permiso para entrar en aguas marroquíes, a pesar de las operaciones conjuntas y las buenas relaciones, toma tiempo.

Hacia las dos de la tarde, hora marroquí, la Salvamar Alcor llegó hasta el lugar donde se encontraba la zodiac, ya semihundida, pero unos minutos antes había llegado una patrullera marroquí,  que procedió al rescate de los supervivientes y de algunos cadáveres.

El tiempo que va desde las cinco de la madrugada hasta las dos de la tarde lo pasaron en la zodiac pidiendo auxilio, en contacto permanente con un móvil marroquí, que tenía cobertura porque estaban muy cerca de la costa.

“Vamos a morir, estamos sin motor, lo hemos tirado para evitar que el peso haga entrar más agua en la barca”.

“Hay gente sin chalecos salvavidas, ¿cuántos minutos van a tardar en rescatarnos?”

“¿Oyes?, ¿oyes cómo llora?. Es uno de los bebes, tiene tres meses. Las primeras que caen al agua son las mujeres y los niños, no tienen tanta fuerza”

“Hay gente muerta y más gente que va a morir, la barca está casi hundida… Estamos muy cerca de la costa, vemos las casas, vemos los coches, ¿porqué no viene nadie a buscarnos?”

Tras el rescate, producido nueve horas después de la primera llamada de auxilio, el teléfono de los rescatados dejó de estar operativo.

“No sabemos nada de ellos, nadie ha llamado. Normalmente esconden los teléfonos porque la policía marroquí se los quita. Estamos esperando que los deporten a la frontera de Argelia. Cuando los deporten podremos saber quiénes son los fallecidos. Normalmente lo hacen rápido porque no los tienen mucho tiempo en comisaría. Allí no hay asistencia médica, ni casi comida, así que pronto los enviarán al desierto”, declara un camerunés, familiar de una de las personas de la embarcación.

Ayer los dispositivos no funcionaron, la coordinación entre los dos países fue deficitaria, la operación Índalo fue un fracaso, y sólo tengo que destacar la impresionante labor del equipo de Salvamento Marítimo de Almería, dejándose la piel en cada rescate, trabajando más allá de las fronteras, allá donde se encuentran las personas.


Nuestras políticas de externalización de fronteras han provocado un aumento de la violación de los derechos humanos en países terceros. Desde el sistema Frontex hasta el inmigrante muerto en una frontera parece haber un largo camino pero no es así. Los discursos políticos se alejan tanto de la realidad que no vemos el impacto que estos tienen sobre los seres humanos. Hoy quiero mostraros la situación angustiosa de un grupo de inmigrantes que fueron expulsados por las autoridades marroquíes a la frontera con Mauritania, a una zona que es tierra de nadie.

“Os suplico que nos rescatéis, no podemos continuar andando, vamos a morir en este desierto. Os lo suplico de nuevo. Estamos cerca de la frontera Mauritana, vemos la barrera Mauritana y los soldados”, grita Ebo al teléfono.

Expulsados de frontera en frontera y puestos lo más lejos posible de las puertas de Europa.

Esa es la máxima de nuestra política migratoria, de nuestro sistema garantista y de nuestra democracia. La forma en que esto se haga poco importa porque nadie lo verá, no aparecerán los cadáveres en los medios de comunicación, ni habrá familias pidiendo responsabilidades legales.

Sesenta personas fueron expulsadas antes de anoche a la zona antes mencionada. Los más fuertes decidieron adentrarse en el desierto y continuar andando para encontrar la forma de ir hacia adelante. Los que no podían más no tuvieron más remedio que usar su teléfono y pedir ayuda de forma desesperada.

No pueden ir hacia atrás pero tampoco hacia adelante, porque lo suyo no es una expulsión con un proceso administrativo ni con unas garantías, lo suyo es algo ilegal a todas luces, que viola las leyes internacionales pero que tampoco se ajusta a los convenios entre los dos países o a las leyes de extranjería nacionales.

Lo suyo es tirarlos como el que tira la basura para que no se vea fea alrededor de la casa del rico pagándole al que nos hace ese trabajo sucio.

El programa HERA que afecta las relaciones de control migratorio con Mauritania costaba en 2010 más de 80 millones de euros.

Aún nadie ha podido contestar a su petición de socorro. Siguen ahí, no hay acceso a la zona desde Marruecos, ni posibilidades de que entren de nuevo para ser asistidos.

No pueden entrar en Mauritania hasta el momento, las organizaciones de derechos humanos mauritanas dicen que habría que pedir un permiso especial del gobernador de la zona.

No dejo de pensar que cuando algo no es justo tal vez la militancia está en buscar otras estrategias por que las horas pasan sin que se encuentre una solución legal al problema de estos inmigrantes.

Y me pregunto, ¿deportarlos de esa forma se ajusta a derecho, a la legalidad?

“Pierdo las fuerzas, no nos queda mucha batería en el teléfono, os suplicamos que alguien nos ayude”, pide Ebo a las 8:31 de la mañana (hora marroquí) el uno de febrero.


El 24 de mayo pudimos hablar con Jean Jacques, que esperaba en el corredor de la muerte de una cárcel Libia.

Pudimos escuchar y contar su historia en la que pedía justicia.

Seis días después, el treinta de mayo, es posible que muriese ejecutado junto a otras 17 personas en Benghazi. No se ha divulgado las identidades de los asesinados pero los rumores de que estuviese en el grupo han llegado al norte de Camerún donde vive su madre.

La noticia se conoció a través de la propia prensa libia.

JJ siempre defendió su inocencia, condenado a muerte por estar en el lugar equivocado y por tener un juicio a todas luces injusto.

Su madre dice que JJ salió a buscar una vida mejor, que sobrevivió al infierno del desierto pero no a la justicia libia.

Amnistía Internacional en su informe Libya of Tomorrow’: What Hope for Human Rights? denuncia que “la pena de muerte sigue aplicándose en Libia sobre todo con ciudadanos extranjeros. Los delitos que pueden merecer esta condena van desde el asesinato hasta el ejercicio de la libertad de expresión”.

En el mismo informe Amnistía destaca que en mayo de 2009 había 506 personas condenadas a muerte, el 50 por ciento extranjeros.

Hay una prisión bajo tierra, algunos van allí después de ser detenidos por intentar pasar a Italia. Tenía a un amigo que compartíamos habitación, y un día fue a tentar su suerte. Yo creía que estaba en Italia y un año y tres meses después apareció de nuevo. Estaba destrozado. Le habían dejado pudrirse en aquella prisión casi sin luz, sin juicio. En las prisiones Libias te dejan morir, es dios el único que puede salvarte”, Adama pasó años en Libia, perdió el contacto con muchos de sus amigos en la última deportación a la frontera con Níger hace unos meses.

El Parlamento Europeo en una resolución dictada el diecisiete de junio,  manifestaba una fuerte preocupación por la suerte de los emigrantes bloqueados en Libia, recordando:

“Que el artículo 19 párrafo 2 de la Carta de los derechos fundamentales de la Unión Europea prohíbe todo alejamiento, expulsión o extradición hacia un Estado donde existe un riesgo serio de que la persona pueda sufrir  pena de muerte,  tortura o a  otras penas o tratos inhumanos o degradantes”.

Además pedía el Parlamento “a los estados miembros que deporten migrantes hacia Libia, en cooperación con el Frontex, que pongan fin inmediatamente a estas operaciones porque existe grave riesgo de que la persona sea sometida a la pena de muerte, a la tortura o a otras penas o tratos inhumanos o degradantes”.

La Europa de las libertades no se atreve a enfadar a su socio africano. Les une la política de control de fronteras y la ejecución del Sistema Frontex, otra gran máquina de condenas a muerte. Así que Italia y los demás países han hecho caso omiso de la resolución del Parlamento.

El treinta de junio saltó de nuevo la alarma, Fortress Europe, Melting Pot y la ASGI (Associazione Per gli Studi Giuridici Immigrazione) denunciaban la deportación de 250 personas de origen Eritreo trasladadas desde el campo de detención de Misratah hasta Al Braq, a unos 80 kilómetros de Sebah.

Los Eritreos, demandantes de asilo, se negaron a ser identificados por un responsable de su país. Esto les costó su traslado en camiones “contenedores” .

Thomas Hammarberg, Consejero de derechos humanos del Consejo de Europa ha pedido a Italia que investigue la situación de los detenidos Eritreos.

“Nos deportan en camiones como si fuésemos mercancía. Dentro hace un calor insoportable porque el material de las paredes del contenedor arde, tienen  unas pequeñas ventanas para la respiración y  el interior del camión se convierte en un horno, después te abandonan en el desierto con un bidón de agua, muchos mueren, otros si tenemos algo de dinero podemos estar a merced de los pasadores que esperan para rescatarte por una módica cantidad. Ver muertos para nosotros es lo normal”, declara un ghaniense desde Agadez.

El maltrato de los migrantes en Libia es generalizado y no discrimina a menores, mujeres embarazadas, víctimas de trata, demandantes de asilo o enfermos.

Todos ven violados sistemáticamente los derechos humanos.

Jennifer llegó a Oujda hace cuatro días procedente de Libia. Es víctima de trata y ha pasado seis meses siendo explotada sexualmente en Trípoli. De Libia a la frontera de Marruecos las redes la han trasladado en una semana.

Después de que fuese deportada al desierto fue rescatada por la propia red que la explotaba.

Paradójicamente Jennifer ha tenido suerte de ser víctima de trata, los que la acompañaban en su deportación murieron en su mayoría.

“En Trípoli vivíamos encerradas en casas, por la noche nos sacaban y nos repartían por casas de hombres árabes y negros donde nos violaban toda la noche, te obligaban a acostarte con ellos. Por la mañana te devolvían a la casa para descansar”, declara Jennifer embarazada de uno de sus violadores.

Desde varias páginas web se llama a la movilización internacional por los migrantes deportados en el desierto Libio, pidiéndose:

-          Libertad y derecho de asilo para los 250 exiliados deportados.

-          Finalización de la violencia de la policía Libia contra los migrantes.

-          Modificaciones de los acuerdos entre Italia y Libia y finalización de las políticas de deportaciones a terceros países.

Podeis expresar vuestra repulsa hacia la violación de derechos en Libia desde las siguientes páginas:

http://www.migreurop.org/article1738.html

http://www.migreurop.org/article1737.html

http://www.meltingpot.org/articolo15683.html