Pandoras Invisibles

Veintitrés inmigrantes denuncian haber sido devueltos sin garantías por la Guardia Civil de Melilla, tras haber llegado a la playa de esta ciudad. Entre ellos, cuatro embarazadas y cuatro menores, de edades comprendidas entre uno y ocho años. Todos demandaron asilo ante los agentes españoles.

Archivo (AP Photo)

Sucedió la madrugada del veinticinco. Dicen que llegaron alrededor de las tres de la mañana a la costa de Melilla. El primer contacto fue con una mujer y dos hombres, que posteriormente identificaron como guardias civiles. Algunos estaban sorprendidos porque no sabían que en España una mujer pudiese formar parte de las fuerzas de seguridad.

Los agentes les pidieron calma y ellos se tranquilizaron. Les dieron un poco de agua para beber. Pidieron asilo, aunque según un pastor congoleño  “sabemos por otros compañeros que a la guardia civil les da igual el tema del asilo”.

La mujer togolesa no se encontraba bien, decían que era la fatiga del bosque, del trayecto y su embarazo de casi siete meses. De las cuatro embarazadas era la que más sufrió durante la devolución. Su primer hijo, de seis años, no la soltaba de la mano. “Necesitaba asistencia médica, tenía algunas pérdidas”, declara una compañera camerunesa.

Este hecho, pasado por alto por las autoridades españolas, no escapó a la gendarmería marroquí que  la envío de forma inmediata al hospital de Nador.

Son veintitrés inmigrantes, entre ellos trece mujeres y cuatro menores, devueltos sin garantías por la Guardia Civil de Melilla a Marruecos. Los niños, de corta edad, manifiestan pánico ante las personas uniformadas. “Cuando vemos un militar corremos, los de anoche también daban miedo”, dice un niño de ocho años.

Así, adultos y menores, fueron conducidos por la Guardia Civil hasta la valla que separa Melilla de Marruecos. Los gendarmes marroquíes no aceptaron al grupo, aunque según los inmigrantes, los agentes españoles estuvieron durante un buen rato negociando con ellos.

Después de esto, dieron vueltas y más vueltas. Finalmente, los inmigrantes fueron introducidos en una embarcación española y entregados a los marroquíes por la zona de costa. Esta vez sí que los gendarmes, tras otro tiempo de negociaciones, aceptaron la devolución.

Eran las siete y algo de la mañana. Los veintitrés acabaron detenidos en la comisaría de Nador, aunque al día siguiente las autoridades marroquíes liberaron a las mujeres y los menores.

Preguntan las víctimas de la devolución si lo que a ellos les ha sucedido son prácticas de las leyes españolas. Complicado explicar la realidad de unas fronteras donde los acuerdos bilaterales, las decisiones políticas, están por encima de los Convenios Internacionales y las propias leyes de los países.


Frontera de Bel Younech y Ceuta.

El gobierno marroquí lanzaba un comunicado el seis de agosto denunciando una devolución irregular por parte de la guardia civil de Ceuta.

Las víctimas han sido de nuevo inmigrantes subsaharianos, en concreto ocho, que se encontraban en un grave estado de salud.

Ninguna de las entidades que trabajan en inmigración ha podido esconder su sorpresa ante esta declaración pública del reino vecino.

Organizaciones sociales, organismos internacionales e incluso el Defensor del Pueblo Español habían abierto investigaciones sobre lo que sucedía en las fronteras de Ceuta y Melilla.

Ahora sorprendía que fuese el propio Marruecos quien admitiese estas prácticas.

Este tipo de devoluciones, deportaciones o expulsiones irregulares (imposible calificarlas legalmente puesto que se oponen al derecho internacional e incluso a nuestra ley de extranjería) se vienen efectuando desde hace años con el beneplácito de las autoridades de ambos países, España y Marruecos.

La base legal que han argumentado siempre era el Acuerdo de Buena Vecindad de 1992, que contemplaba la devolución a tierras marroquíes de los inmigrantes que hubiesen salido de ese territorio.

Nunca llegó a aplicarse a inmigrantes subsaharianos llegados a las costas andaluzas o canarias, pero sí se ejecuta de forma expeditiva en las fronteras de Ceuta y Melilla.

Años hemos pasado sin la aplicación de un acto administrativo que controlase a las personas devueltas, y que protegiese los derechos de menores, mujeres embarazadas, enfermos o demandantes de asilo.

Años sin la intervención de la policía nacional que posee las competencias en materia de extranjería.

Años “arreglándose” entre la guardia civil de Ceuta y Melilla y las Fuerzas de Seguridad del Reino de Marruecos.

Años sin garantías para los derechos humanos de los inmigrantes.

Inmigrante herido después de una deportación-expulsión y atendido en Marruecos

Entre marzo de 2003 y junio de 2005 se acreditaron 351 expulsiones con estos métodos, entre ellos gente herida y algunos desaparecidos.

Sonko no tuvo la misma suerte y murió el 25 de septiembre de 2007, como “efecto colateral” de estas malas practicas. Así lo relataba en su día Jene F., compañero en aquel fatídico viaje.

«Fuimos atrapados por la guardia civil que nos hizo subir a su barco. Eran tres guardias civiles.

A unos 100 metros de la playa marroquí, la guardia civil dió a la mujer camerunesa un chaleco salvavidas para que pudiera llegar a la orilla de la playa. La guardia civil pinchó el resto de los chalecos con un cuchillo y nos obligó al resto a tirarnos al agua para llegar a la playa marroquí.

El migrante costamarfileño no quiso tirarse al agua y recibió un golpe en la nuca y cayó al mar. El senegalés se agarró a una barra de hierro del barco de la guardia civil y gritaba que él no sabía nadar. Los guardias civiles no tuvieron en cuenta sus palabras y le soltaron los dedos para hacerle caer al agua y que volviera como pudiera a la playa marroquí, pero por desgracia él se ahogó en la superficie de las aguas delante de la guardia civil, protagonistas de tan macabra escena.

Una vez que la guardia civil se dio cuenta del ahogamiento del chico senegalés, se tiraron al agua para ponerle a salvo. Le llevaron rapidamente a tierra firme y también corrieron a socorrer al costamarfileño. Intentaron reanimarlos a los dos pero el senegalés ya estaba muerto ».

Los inmigrantes habían usado aquel día el método de life-jacket y se lanzaban al agua a nadar en parejas. Las deportaciones de la guardia civil añadían un gran riesgo a esta forma de cruce.

Increíble ha sido también el posicionamiento de la Fiscalía General del Estado que ante la denuncia de estos hechos se pronunció en 2009 de la siguiente forma, «cúmpleme comunicarle que esta pretendida «devolución de hecho» y fuera de los cauces legales, en absoluto se ha producido, sino que la actuación de los agentes de la Guardia Civil se ha limitado al rescate y salvaguardia de dos sujetos que intentaban cruzar a nado desde una playa de Marruecos a otra de Ceuta y a petición de las propias autoridades del norte de Africa. Esta actuación no es la primera vez que se lleva a cabo… ».

En la actualidad pequeñas lanchas neumáticas a remo salen desde el mes de marzo en las playas marroquíes buscando las costas ceutíes o gaditanas.

Desde esa fecha dieciocho personas han desaparecido tragadas por el estrecho o en expulsiones sin control.

«Me devolvieron de la lancha, íbamos cuatro, la zodiac de la Guardia Civil casi nos hace volcarnos. Allí en la costa marroquí, nos detuvieron los gendarmes. ¿Cómo nos vamos a ver?. Somos mercancía y moneda de cambio de las relaciones bilaterales de España y Marruecos. Por encima del Derecho Internacional y de los Derechos Humanos, están los intereses económicos y estratégicos que unen a ambos países. Esto lo sabemos. Somos inmigrantes y pobres, pero no estúpidos », declara Issa, devuelto hace una semana a las costas de Bel Younech por la Guardia Civil de Ceuta.


En casa de Blacky, camerunés que presume de ser del mismo barrio que Etoo, tomamos un Banku (pasta de harina de sémola que se moja en salsa picante) y suena el teléfono.

Blacky sale por la puerta de una habitación de tres metros cuadrados donde duermen siete personas y el resto de la gente nos comenta en voz baja,”es Etoo, le ha llamado tres veces por teléfono, le conoce del barrio y está enfadado porque ha salido a la aventura”.

La aventura es el término que define la decisión migratoria y los que la toman son llamados aventureros.

Blacky incluso le comenta a Cristina que si algún día se encuentra con Etoo por la calle pues que le de saludos de Blacky.

Me parece que nunca sabré si realmente Etoo conoce a Blacky, pero lo que sí se es que Blackie juega al fútbol, como muchos jóvenes africanos traídos hasta Marruecos por falsos agentes y abandonados a su suerte con posterioridad.

Encontramos en Rabat y Casablanca una cantidad importante de adolescentes procedentes de Guinea, Costa de Marfil y Mali, extorsionados por una red que les prometió contratos con equipos de fútbol. Las nacionalidades más numerosas son aquellas cuyos países no necesitan visado para entrar en Marruecos.

Los jóvenes y adolescentes entre quince y veinticinco años han sido captados por falsos agentes en sus países de origen.

El reclutamiento se produce mediante una negociación donde el supuesto intermediario explica a los padres que su hijo tiene posibilidad de jugar en Europa porque él tiene los contactos con equipos europeos.

Poseen incluso documentos falsos con cartas de invitación de los clubes en cuestión, donde se reseña el nombre y el logo.

Convencen a las familias que la mejor estrategia es venir en un primer momento a Marruecos y jugar durante un año, como un tránsito hacia el salto a Europa.

La familia paga entonces entre 1.600 y 2.000 euros por todos los trámites.

Algunos agentes abandonan a los jugadores una vez les han traído al reino alaouita, otros les envían a algunos equipos marroquíes para hacer los test e informar a la familia que su hijo finalmente no vale para el fútbol.

De una forma o de otra, quedan sin dinero y abandonados durante la primera o la segunda semana de llegar.

La embajada de Costa de Marfil informa que las demandas de retorno efectuadas por la OIM a este país y que respondían a estos jóvenes futbolistas suponen un 40% de todas las peticiones de repatriación.

135 jóvenes costamarfileños volvieron a su país con el sueño del fútbol en las botas.

En los barrios las comunidades de distintos países se preparan para el primer mundial celebrado en África.


Imagina que la historia de una mujer africana ha dado la vuelta al mundo.
Imagina que la escuchaste en la radio, la leíste en un blog o la colgaste en facebook.
Sabes que te emocionó, te hirió, te llenó de rabia.
A mí, autora de ese escrito, me ha conmocionado la difusión dada al mismo. Mensajes desde Argentina, Alemania, Chile, Irlanda, España y Argelia, además de traducciones del texto al inglés, francés y alemán han sido la respuesta de miles de personas solidarizándose y denunciando el sufrimiento de Freedom.
Freedom, libertad, es el nombre ficticio elegido por ella para relatar el final de aquel capítulo de su vida.

Tánger diecisiete de febrero de 2010
Recuperamos a Freedom y a su niña en uno de los barrios de Tánger. La noche anterior la habíamos llevado a la improvisada iglesia que los inmigrantes tienen en la zona. Allí había encontrado consuelo en las lágrimas de sus amigas y en los cánticos de un pastor evangélico.
La policía había advertido que la madre debía presentarse en el Tribunal de Primera Instancia para ser llevada junto a su marido ante el Procurador del rey.
A las nueve y media estábamos en el Tribunal.
Freedom tenía la opción de no presentarse, arriesgaba su salud en ello. Durante el trayecto en coche decía que no podía abandonar a su pareja y que no había hecho nada malo. Esperaba sólo que el Tribunal le diese un documento para enterrar a su hijo y liberase a su compañero. Así ella podría recibir asistencia médica adecuada y tener el necesario reposo.
Nos pareció valiente su decisión y decidimos acompañarla y apoyarla.
Cerca de las once de la mañana vimos a su pareja entrar por la puerta del Tribunal. Venía esposado junto a otros hombres acusados de violación y robo. Lo enviaron a los calabozos.
La policía nos decía que no había por qué preocuparse, era un simple trámite para conseguir los papeles y enterrar al bebé muerto.
Esperamos toda la mañana hasta que sobre las tres de la tarde la policía se acercó a buscarla. Ella y la niña fueron conducidas también a los calabozos.
Allí, con violencia, nos impidieron seguir con Freedom.
La enviaron junto a las mujeres marroquíes detenidas y volvió a mirarnos con la misma angustia del día anterior. Estaba agotada, seguía sangrando.
Nos despedimos de ella viendo como la niña jugaba con las rastas de su padre a través de los barrotes de la celda.
La policía se mofaba de nosotros gritándonos que serían expulsados al desierto y que además los expulsaban porque así lo quería el gobierno español, hermano de Marruecos.
Buscamos rápidamente la asistencia de un abogado y esperamos en la sala. Tras cuatro juicios, el letrado se acercó al juez para pedirle resolver cuanto antes el dossier amparándose en el estado de salud de la mujer.
Vimos al juez sonreír y al abogado salir de la sala, con asombro nos informaba que ya habían sido juzgados.
No entendíamos nada, ¿juzgados dónde?,¿juzgados cuándo?.
Esperamos una hora más y vimos salir a Freedom, su pareja y su hija escoltados por un policía. Eran sobre las seis de la tarde.
Nos abrazamos. No habían entendido qué había pasado porque nadie les había traducido, pero creían que estaban libres.
El policía se encargó de decirles que no era así, que serían conducidos a comisaría, a la brigada de extranjería para ser deportados al desierto.
Freedom pedía el documento para enterrar a su hijo.
Forcejeando logramos entrar a la comisaría. Allí uno de los responsables de extranjería nos enseñaba un papel en árabe firmado por el juzgado que, según él, les obligaba a la deportación. A la vez este funcionario de policía, gritaba hablando de leyes de extranjería, de políticas españolas para deportar a los africanos, nos amenazaba y sentíamos una violencia desmedida en sus palabras.
Freedom pedía clemencia, estaba agotada, se la veía derrumbada. Todo esto para ni siquiera poder enterrar a su hijo.
Pedimos pagar la asistencia médica de ella y la comida para la familia. Se negaron, decían que ellos valorarían lo que necesitaban aquellos negros que habían cometido el delito de ser ilegales.
La discusión subió de tono y acabamos empujados fuera de la sala.
La rabia se convirtió en lágrimas de Freedom, de su pareja, mías y de mi compañero.
El miedo se convirtió en gritos de aquella niña de dos años que ha aprendido que su particular hombre del saco usa uniforme y es blanco.
Volvimos con el sabor amargo de la derrota, con la frustración del sin sentido.
Movíamos todos los contactos para continuar luchando al día siguiente cuando sonó el teléfono. Era Freedom, se encontraba muy mal físicamente pero contenta. La policía había tenido miedo de su estado de salud, de su entereza y los había liberado hacía cinco minutos.
La alegría se convirtió en lágrimas de Freedom, de su pareja, mías y de mi compañero.
Fueron al hospital.
El doctor nos dijo que estaba destrozada por el parto, que necesitaba reposo, tranquilidad, bajar la infección, cortar la hemorragia y mucho, mucho apoyo moral.
Freedom se ha recuperado físicamente aunque aún no ha podido enterrar a su hijo.

Imagina que Freedom ha superado otra batalla.
Imagina que le quedan muchas otras.
Imagina que la lucha de Freedom es tu lucha.