Pandoras Invisibles

  • Los menores vuelven a sus tiendas en el campamento de refugiados de Choucha, Túnez. Parece que hoy no habrá colegio, ni actividades, tampoco funciona el hospital.
  • La OIM (Organización Internacional de Migraciones) ya ha cerrado allí sus puertas causando una sensación de desesperanza entre los 4.000 desplazados que aún viven en el campo, situado a diez kilómetros de la frontera libia.


Niños jugando alrededor de la fuente del campamento de Choucha a falta de colegio (H. M.)

El uno de noviembre ningún organismo internacional u organización de las que trabaja en el campamento hace acto de presencia por una alarma relacionada con la seguridad.

La desazón se hace presa de los refugiados. “No es la primera vez que esto sucede. Si la memoria no me falla es la tercera, y claro, en una de ellas hubo muertos”, comenta un refugiado costamarfileño.

Templo de Choucha (H. M.)

A continuación varios de ellos se unen para explicar lo que llaman el “suceso” del campo. “En el mes de mayo cortamos la carretera, protestábamos por las condiciones de vida y la falta de respuesta de las entidades internacionales. Eso hizo enfadar a la población tunecina y unos 500 habitantes del pueblo más próximo se personaron en el campo y quemaron algunas tiendas, y el hospital que habían instalado los marroquíes. El problema es que había gente dentro que murieron calcinados. Los militares tunecinos intervinieron lo que provocó varios heridos de bala entre nosotros”, declara S., de Eritrea.

Tres de ellos aún presentan secuelas producidas por las heridas. Uno camina con la ayuda de un trozo de madera porque aún no ha recuperado la movilidad completa de sus piernas. “En la tienda encontraron cuatro cadáveres calcinados y al limpiar encontraron otros dos”, dice un somalí. En realidad nadie se pone de acuerdo con las cifras, pero sí confirman que lo que sucedió marcó un antes y un después de su situación en el campo. ACNUR (Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados) también mostraba en un comunicado de 27 de mayo su versión sobre los hechos.

Los refugiados y desplazados por el conflicto libio no se sienten aceptados por las autoridades tunecinas que para circular fuera del entorno les exigen un salvoconducto militar con el que sólo pueden llegar hasta Ben Garden, ciudad próxima al campamento, pero no más allá en el territorio tunecino. Además saben que están a unos diez kilómetros de la frontera donde se desarrolla el conflicto libio, que continúa siendo escenario de situaciones de violencia.

“Oyes por la noche las explosiones, los tiros, la cosa no está estable y esto te hace sentir más inseguro, es como si de repente rememorases constantemente todo lo que te ha pasado. Es una cárcel a cielo abierto”, habla con angustia un costamarfileño.

El campamento está lleno de artistas, cantantes, pintores y un poeta que desde que llegó, hace ocho meses, refleja en un pequeño cuaderno su vida cotidiana. Uno de sus poemas, titulado Carnage (Carnicería) expresa lo que sintió aquel día de los enfrentamientos.

Fuir et retourner sur nos pas pour

secourir un blessé qui agonise dans

un marre de sang

dans le ciel noir qui s´assombrit sous

l´effet de la fumeé suffocante

j´entends la chanson mortuaire d´un

homme qui pleure son frère tué

Demain matin, comme d´accoutumée

le coq chantera

le jour paraitra à l´horizon

surement la vie continuera comme

si rien ne s´et passé.

Dans le cauchemar de cette vie

oú l´homme devient la proie de l´homme

le sang des innocents coule pour abreuver

les vampires.

Ô pouvres refugiés nous vivons sous la protection de dieu

Silence! On nous tue

Huir y volver sobre nuestros pasos para

socorrer un herido que agoniza en

un charco de sangre

en el cielo negro que se oscurece bajo

el efecto del humo sofocante.

Escucho la canción mortuoria de un

hombre que llora por su hermano asesinado.

Mañana por la mañana, como de costumbre,

el gallo cantará,

el día aparecerá en el horizonte,

seguramente la vida continuará como

si nada hubiese pasado.

En la pesadilla de esta vida,

donde el hombre se convierte en la presa del hombre,

la sangre de los inocentes fluye para dar de beber

a los vampiros.

Oh, pobres refugiados vivimos bajo la protección de Dios…

¡Silencio! Nos matan

Boreba Echile Marc

El poeta y su cuaderno de vivencias (H. M.)

Así que cuando las autoridades internacionales del campo no hacen acto de presencia, las especulaciones y el miedo comienzan a sentirse en todas la comunidades y todo el mundo se lanza a descubrir qué es lo que está sucediendo. En esta ocasión, parece que hay un conflicto porque las autoridades de Naciones Unidas han despedido a 250 trabajadores tunecinos y temen que esos trabajadores tengan una reacción violenta, lo que ha hecho que ni el ACNUR, ni otras organizaciones humanitarias se presenten a trabajar.

“Dicen que no les han pagado a los trabajadores y que por eso temen que vengan a reclamar. Otros dicen que los trabajadores quieren una indemnización por el despido, sea lo que sea, ellos están a salvo, y si vienen a quemar el campo, como la otra vez, aquí quedamos los refugiados y los militares tunecinos”, comenta con laxitud una chadiana.

No parece que los habitantes del campamento se sientan protegidos por los militares, cuya función está orientada a proteger a los organismos internacionales presentes en la zona, la población tunecina y a mantener el orden en el territorio. Túnez, como el resto de países del norte de áfrica, tiene una política de control exhaustivo para migrantes procedentes del Africa subsahariana, aplicando deportaciones a fronteras próximas, al estilo de las que suceden en Marruecos, Argelia y Libia.

No ha habido diferencia entre trabajadores, migrantes irregulares o víctimas de trata, como bien relata un ciudadano sudanés cuya mujer está en Europa con su hijo.

Cuando trabajaba en Libia logró reunir dinero para pagar 6.000 euros, era lo que costaba el visado en el mercado negro. El racismo se le hacía insoportable en territorio libio y quería un futuro diferente para su hijo. “Trabajaba en un compañía petrolífera de Djerb cuando llegaron gente con pistolas, todo el mundo corría y mucha gente murió. Logré encontrar un transporte de Djerb a Trípoli, me dirigí a la oficina de la compañía pero todo estaba cerrado. Volví a mi casa y me habían robado todo. Compré una maleta y logré recuperar 2400 dinares (1200 euros). Fui a mi embajada pero no obtuve ninguna respuesta a mi situación”. En el bus en el que intentaba ir hacia la frontera le pararon los libios, piensa que eran los rebeldes pero para él todos son iguales, gadafistas o rebeldes, no encuentra diferencia y le quitaron todo, todo, diciéndole “Negro, cuando viniste a Libia no tenías nada y ahora te vas de Libia de la misma forma, sin nada”. Así acabó llegando a este sitio hace ocho meses.

El campamento comenzó con 17.000 refugiados y trabajadores inmigrantes que huían de lo que sucedía en Libia. En principio, cuando el mundo miraba hacia la zona y todo era del interés de la OTAN y otros organismos, se pusieron en marcha mecanismos de ayuda en la instalación, que resultó ser de los campos más caros del mundo.

Cientos de tunecinos fueron contratados para el mantenimiento con salarios que superaban con creces el salario medio de la región. Pero hace dos semanas los recortes comenzaron, coincidiendo con el llamado fin del conflicto libio. Dicen que no hay más dinero para mantener el campamento, la población local está siendo despedida y los refugiados asumirán, como pasa en otros campos, labores de limpieza y logística.

Los recortes se notan mucho en la comida, que alterna el arroz seco con un cuscus mojado en algo de salsa. En los últimos tiempos, además,  la carne brilla por su ausencia, entre otras cosas porque la deuda de los gestores del campamento con el proveedor de carne asciende a los 50.000 dinares (25.000 euros).

Las cuatro mil personas que aún quedan se han convertido en un elemento molesto para los tunecinos y en un problema difícil de resolver para las agencias de Naciones Unidas. Los expedientes se están resolviendo con celeridad y los que no obtengan el estatuto de refugiado deberán decidir entre retornar a sus países, quedarse de forma irregular en territorio tunecino o bien regresar a Libia, aunque ACNUR no recomienda esta última opción.

Refugiado en Libia que había salido de su país perseguido por su confesión religiosa. Había logrado crear una compañía de construcción, pequeña, pero le permitía vivir de forma bastante buena. Los bombardeos de la OTAN afectaron a su vivienda, lo perdieron todo, lo poco que quedaba fue robado en el pillaje. Lograron guardar algo de dinero, unas maletas y las fotos familiares que muestran orgullosos. Apenas una decena de retratos de juventud del cabeza de familia y de cada uno de los miembros de la familia.

Vivían los seis en Trípoli, cuatro hijos y los dos progenitores. “Después de recoger lo poco que nos quedaba nos dirigimos hacia el puerto, donde mucha gente intentaba hu

ir. Había gente que decidió ir vía terrestre, pero era también peligroso, nosotros nos dirigimos al puerto. Allí estaba la gente de Abdullah al-Sanoussi (lugarteniente de Ghadafi), su guardia personal. Nos pidieron 7.300 dinares (3600 euros) por dejarnos a todos acceso al barco. El barco estaba supercargado, llevaba a bordo unas mil personas, pasamos cinco días en el agua sin ningún tipo de ayuda, a la deriva. Más de cuatrocientos murieron, el barco llegó a las islas tunecinas de Kerkennah. Allí nos rescató la guardia tunecina, muchos murieron, así que estamos contentos de estar toda la familia viva”

Los compañeros del campamento de refugiados recuerdan el día que llegaron los refugiados procedentes del inmenso naufragio. Llegaron destrozados y algunos iban incluso descalzos.

Supervivientes del naufragio (H. M.)

Uno de sus hijos tiene trece años, nació en Libia, estudió allí, y no hace más que repetir que ha perdido el curso escolar. No quiere hablar de lo que pasó en el barco, sólo repite que toda su familia está bien y que eso es lo más importante. Toda la familia ha sido reconocida como refugiada y esperan que una reinstalación los saque del campo. No tienen pensamiento de volver a Libia, no creen que con el nuevo régimen, siendo extranjeros, se les vaya a reconocer lo que han perdido y que puedan comenzar de nuevo.

Para protestar por la falta de soluciones la comunidad chadiana había iniciado una huelga de hambre y continuaban con movilizaciones frente a las dependencias de ACNUR, aunque las respuestas de esta agencia han sido nulas hasta el momento.

De las 160 personas que forman parte de la comunidad procedente de Chad, más de 60 han obtenido respuesta negativa a su demanda de asilo.”Ya en la entrevista te dicen que hay que volver al país porque ya no existe la guerra. Se da una respuesta general y no se estudian los casos de forma individual. Nos dicen además que de aquí al treinta de noviembre, todo el mundo tendrá el resultado de su demanda y, si es negativa,  que estaremos en las manos de las autoridades tunecinas y que  son ellas las que van a decidir si te llevan a tu país por la fuerza o te devuelven a Libia”, declara un líder chadiano.

Las deportaciones forzosas a la frontera Libia pesan en el imaginario de aquellos que no han sido aceptados como refugiados.

“Nos han informado de que o volvemos a nuestro país, o quedamos irregulares en Túnez, o volvemos a Libia. Ponernos en esta situación es realmente difícil. Algunos tienen cuentas pendientes en su país, Tunez siempre ha sido un país durísimo sino tienes documentación y en Libia, la gente nueva ha perseguido a los africanos de una manera brutal porque nos consideraba a todos mercenarios y pro-gadafistas”, declara un costamarfileño con la demanda de asilo rechazada.

“Me obligaron a casarme con doce años. Me pegaba mucho y huí, entonces llegué a Libia. Tenía o tengo un marido, que conocí en Trípoli. No sé si está vivo o muerto la verdad. Llegaron un día los pasadores libios al campamento ofreciendo viajar a Europa y él decidió irse, para lo que pagamos 500 dólares. El día 20 de julio se fue de la tienda y estuvo quince días esperando la salida del barco, cerca de Zuwärah en Libia, entonces me llamaba y me contaba. Me dijo que eran unos setecientos en el barco, y ya no supe nada más”

Durante meses los pasadores libios y tunecinos se han nutrido de personas procedentes del campamento de refugiados por precios relativamente bajos en el mercado, entre 200 y 500 dólares. De forma sorprendente el tránsito de migrantes entre las dos fronteras es fluido si es gestionado por los pasadores que se aprovechan de la falta de esperanza que se respira entre los migrantes que viven en el campo de refugiados.

Al cierre de este post nos informan que en los últimos seis días los funcionarios del ACNUR no han hecho acto de presencia en el campamento.

Un refugiado ha plantado hierba formando el nombre de su hijo nacido en el campamento (H. M.)


El ambiente en las fronteras libio-tunecinas de Ra´s Jädir y DeGhiba-Wazin es caótico y asfixiante. En la primera “gobiernan” las milicias de Zuwärah, que han introducido un control fronterizo donde reina la corrupción y la arbitrariedad. En la segunda, el paso constante de armas ha provocado enfrentamientos con la policía tunecina, que el día 28 de octubre, se saldaron con dos militares tunecinos heridos.

Un exrebelde libio golpea con su zapato un dibujo de Gadafi en la frontera de Ra´s Jädir con Túnez. 20 de Octubre de 2011. (AP Photo)

Tras el asesinato de Gadafi sale a escena una nueva Libia replegada sobre sus asuntos internos y volcada en un mayor control de fronteras. Un ejemplo patente es que el paso fluido de periodistas internacionales ha sido sustituido por un proceso más selectivo donde Libia exige documentos muchas veces imposibles de obtener. Esto coincide además con una salida de las noticias libias de la agenda mediática internacional.

“La revolución se ha acabado, hemos liberado Libia, da igual Saif el Islam, y otros, y ahora la nueva Libia tiene sus visados y sus cosas, no puede entrar la gente así como así en nuestro país”, declara uno de los controladores de la frontera mientras teclea en un ordenador.

En los controles libios es difícil saber quién es el responsable. Una amalgama de hombres vestidos de paisano o con uniformes de diferentes colores, procedentes de poblaciones cercanas se encargan de revisar la documentación. Algunos de los que están armados son adolescentes y se quejan de llevar varias noches sin dormir. Para mitigar el cansancio parecen en estado de embriaguez. “Están drogados. Mastican algo que les mantiene despiertos, pero están drogados, tenemos un gran problema con la droga que está circulando. A veces disparan al aire, o hacen incursiones en territorio tunecino. Dicen que son bandidos, pero no se puede saber, no sabemos diferenciar quién es autoridad y quién es bandido en el lado libio”, comenta un funcionario tunecino.

La violencia en las fronteras se mitiga con la corrupción y es que un buen soborno puede solucionar casi todos los problemas. Las mordidas varían entre 50 dinares (25 euros), que pagan ciudadanos europeos, en su mayoría periodistas, a 300 dinares (150 euros) que se les pide a otras nacionalidades, sobre todo las procedentes del norte de áfrica.

Los hay que no tienen ese dinero y se quedan estancados entre los tunecinos y libios sin posibilidad de moverse durante mucho tiempo. Dos familias han pasado cinco días sin poder salir de Libia porque Túnez se niega a recibirles. Entre las dos fronteras, con las maletas que les quedan de toda una vida de migrantes en Libia, están esperando ayuda para poder salir de esa situación. “Unos familiares van a intentar enviarnos algo de dinero, con el dinero podremos hacer algo, ya no nos queda nada, pero al menos estamos vivos, que no es poco”, comenta el cabeza de familia de origen chadiano.

Algunos ciudadanos extranjeros comienzan a volver a sus casas de Trípoli y encuentran dificultades para que se les reconozca las tarjetas de residencia expedidas durante el tiempo de Gadafi, esto hay que unirlo a la arbitrariedad en la concesión de visados que para su obtención tienen un proceso tan complicado como en el anterior régimen.

La media para viajar por transporte terrestre desde la capital de Túnez a Trípoli se puede convertir en 24 horas de angustia. “Estuvimos retenidos cinco horas entre las dos fronteras. No son buenos tiempos para ir a Libia, salvo que seas una gran empresa europea… El ciudadano de a pie extranjero no es nada respetado y si eres mujer mucho menos”, declara una española residente en Libia.

“Cruzar una mujer sola la frontera libia es una locura ahora, no hay ley ninguna y las mujeres en Libia no tienen ningún derecho, da igual de donde seas, no respetan ni a sus propias mujeres”, explica una joven libia que se ha sentido violentada en el control fronterizo. “Se aproximan a pocos centímetros de su cara, comienzan a hacer preguntas que corresponden a la intimidad y poco a poco van rebasando el límite del respeto”.

Los tunecinos también se quejan de sus vecinos libios. Los escarceos en la frontera entre las milicias libias y la policía tunecina forman parte del día a día.

“Un rebelde intentó robarme el chaleco antibalas y me dio con la culata del kalashnikof en la espalda”, declara una inspectora tunecina. Es la única mujer policía en la frontera, “me trajeron aquí para controlar el paso de las mujeres, porque muchas mujeres libias van totalmente tapadas y ningún hombre puede verlas y cachearlas. Imagínate que he encontrado armas escondidas debajo del niqab, así que es necesario que haya aquí una mujer, aunque es peligroso, cada vez más”.

El número de armas en Ben Gardane, ciudad fronteriza con Libia, una especie de Ciudad Juárez norteafricana, ha aumentado sensiblemente en los últimos tiempos. En la capital tunecina, en el último mes, se han producido tres redadas para incautar armas procedentes del conflicto libio.

“En Libia sobran armas y se venden baratas”, explica un bengardiano. Ben Gardane ha vivido del contrabando con el país vecino cuyas materias principales de estraperlo eran la gasolina y el textil, pero desde la guerra libia, las armas y las drogas se han incorporado como principales productos que circulan por la zona.

La embajada de Francia recuerda que el visado ha sido instaurado de nuevo en la nueva libia y que “las zonas fronterizas con Argelia, Túnez (en la parte sur), Níger, Chad y Sudán tienen un alto riesgo de inseguridad debido a la presencia de bandas armadas o elementos terroristas. Estas áreas se debe evitar absolutamente”. Bandas armadas que, según ciudadanos de la frontera, coinciden en ocasiones con miembros de las propias milicias de liberación.

“Están exultantes y sin control, es el síndrome del petróleo”, comenta un local. Se refiere con esta expresión a que el mundo dejó hacer a Gadafi todo lo que quiso y a sentirse por encima del bien y del mal, y añade ” a éstos les pasa lo mismo, hacen todo lo que quieren y harán todo lo que quieran siempre que el petróleo no le falte a los franceses, americanos y a los demás”.

“A veces disparan al aire o sobre la bandera tunecina, es su diversión. La inestabilidad en Libia nos preocupa mucho porque nos afecta de una manera importante”, declara una inspectora tunecina.

Y es que al CNT (Consejo Nacional de Transición) aún le es muy difícil controlar a las distintas brigadas que operan en el país, y cada una de ellas, impone su particular ley en su zona de influencia. Esta arbitrariedad de los thuwwar o grupos armados revolucionarios se hace más patente en el control de fronteras y en las detenciones a extranjeros, sobre todo los que tienen piel oscura.

La frontera terrestre, fuera de los pasos fronterizos oficiales, sigue siendo lugar por donde huyen ciudadanos, en su mayoría de África subsahariana. Muchos de ellos han sido víctimas de detenciones arbitrarias, lo que en el informe de Amnistía Internacional denomina como secuestros. Huyen sobre todo buscando Djanet, en la frontera argelina o Ghadamis, con la intención posteriormente de lograr llegar a Deb Deb, también en Argelia.

“No podía soportar más violaciones”, declara Peace, nigeriana.

Y es que el drama humanitario sigue siendo una realidad en la zona, aunque el fin del régimen haya hecho olvidar a los más de cinco mil refugiados que aún se hacinan en las fronteras y a otros tantos que dentro del territorio libio siguen escondidos a la espera de acontecimientos.


Querida niña:

Hace poco que tu vida ha cambiado sin que tú lo sepas.

Tu madre te llevaba en su regazo mientras cruzabais un mar que la dejó sin vida.

Ahora tú tienes un futuro diferente del que aún no eres consciente.

Quería hablarte de tu madre y tal vez estas letras sobrevivan al tiempo y un día puedas encontrarlas.

Naciste en Trípoli, Libia. Cumpliste seis meses en este mes de julio. Te pusieron la primera vacuna en Marruecos.

La primera vez que vi a tu madre te llevaba pegada a su espalda y tú estabas dormida.

Tu mami me pareció linda, con un cuerpo menudo, casi adolescente, que movía con una tremenda gracia.

Al principio me pareció que tenía una mirada triste pero no era cierto. Cuando comencé a hablar con ella una gran sonrisa se dibujó en su cara.

La noté presumida y llena de esperanza. Te mostraba orgullosa.

Me quedó clavada en la memoria la imagen de su espalda en la que se dibujaba tu silueta mientras atravesaba la puerta. Esa fue la última vez que os pude ver.

No eres la única niña que llegó sola al otro lado del Estrecho.

Pensando en ti estos días me han venido a la mente varios pequeños que atravesaron solos la valla de Ceuta y Melilla, que llegaron a Barajas con unas personas y unos pasaportes que no eran suyos o que fueron rescatados del mar como tú.

Con el paso del tiempo os preguntareis cosas, buscareis a vuestras familias.  Espero  incluso que os atreváis a denunciar a los estados por todos los desaparecidos que la injusticia social deja en el camino.

Serán otros tiempos de los que formáis parte como futuro.

Querida niña,  si llegas a saber cómo fueron los últimos años de vida de tu madre posiblemente te asustarás y no entenderás nada. No la culpes, no te culpes, busca respuesta en un sistema que destroza a los pobres del mundo.

Quédate con su búsqueda de futuro, quédate con su sueño de esperanza, quédate con su linda imagen de cuerpo menudo, casi adolescente, llevándote a la espalda.


El 24 de mayo pudimos hablar con Jean Jacques, que esperaba en el corredor de la muerte de una cárcel Libia.

Pudimos escuchar y contar su historia en la que pedía justicia.

Seis días después, el treinta de mayo, es posible que muriese ejecutado junto a otras 17 personas en Benghazi. No se ha divulgado las identidades de los asesinados pero los rumores de que estuviese en el grupo han llegado al norte de Camerún donde vive su madre.

La noticia se conoció a través de la propia prensa libia.

JJ siempre defendió su inocencia, condenado a muerte por estar en el lugar equivocado y por tener un juicio a todas luces injusto.

Su madre dice que JJ salió a buscar una vida mejor, que sobrevivió al infierno del desierto pero no a la justicia libia.

Amnistía Internacional en su informe Libya of Tomorrow’: What Hope for Human Rights? denuncia que “la pena de muerte sigue aplicándose en Libia sobre todo con ciudadanos extranjeros. Los delitos que pueden merecer esta condena van desde el asesinato hasta el ejercicio de la libertad de expresión”.

En el mismo informe Amnistía destaca que en mayo de 2009 había 506 personas condenadas a muerte, el 50 por ciento extranjeros.

Hay una prisión bajo tierra, algunos van allí después de ser detenidos por intentar pasar a Italia. Tenía a un amigo que compartíamos habitación, y un día fue a tentar su suerte. Yo creía que estaba en Italia y un año y tres meses después apareció de nuevo. Estaba destrozado. Le habían dejado pudrirse en aquella prisión casi sin luz, sin juicio. En las prisiones Libias te dejan morir, es dios el único que puede salvarte”, Adama pasó años en Libia, perdió el contacto con muchos de sus amigos en la última deportación a la frontera con Níger hace unos meses.

El Parlamento Europeo en una resolución dictada el diecisiete de junio,  manifestaba una fuerte preocupación por la suerte de los emigrantes bloqueados en Libia, recordando:

“Que el artículo 19 párrafo 2 de la Carta de los derechos fundamentales de la Unión Europea prohíbe todo alejamiento, expulsión o extradición hacia un Estado donde existe un riesgo serio de que la persona pueda sufrir  pena de muerte,  tortura o a  otras penas o tratos inhumanos o degradantes”.

Además pedía el Parlamento “a los estados miembros que deporten migrantes hacia Libia, en cooperación con el Frontex, que pongan fin inmediatamente a estas operaciones porque existe grave riesgo de que la persona sea sometida a la pena de muerte, a la tortura o a otras penas o tratos inhumanos o degradantes”.

La Europa de las libertades no se atreve a enfadar a su socio africano. Les une la política de control de fronteras y la ejecución del Sistema Frontex, otra gran máquina de condenas a muerte. Así que Italia y los demás países han hecho caso omiso de la resolución del Parlamento.

El treinta de junio saltó de nuevo la alarma, Fortress Europe, Melting Pot y la ASGI (Associazione Per gli Studi Giuridici Immigrazione) denunciaban la deportación de 250 personas de origen Eritreo trasladadas desde el campo de detención de Misratah hasta Al Braq, a unos 80 kilómetros de Sebah.

Los Eritreos, demandantes de asilo, se negaron a ser identificados por un responsable de su país. Esto les costó su traslado en camiones “contenedores” .

Thomas Hammarberg, Consejero de derechos humanos del Consejo de Europa ha pedido a Italia que investigue la situación de los detenidos Eritreos.

“Nos deportan en camiones como si fuésemos mercancía. Dentro hace un calor insoportable porque el material de las paredes del contenedor arde, tienen  unas pequeñas ventanas para la respiración y  el interior del camión se convierte en un horno, después te abandonan en el desierto con un bidón de agua, muchos mueren, otros si tenemos algo de dinero podemos estar a merced de los pasadores que esperan para rescatarte por una módica cantidad. Ver muertos para nosotros es lo normal”, declara un ghaniense desde Agadez.

El maltrato de los migrantes en Libia es generalizado y no discrimina a menores, mujeres embarazadas, víctimas de trata, demandantes de asilo o enfermos.

Todos ven violados sistemáticamente los derechos humanos.

Jennifer llegó a Oujda hace cuatro días procedente de Libia. Es víctima de trata y ha pasado seis meses siendo explotada sexualmente en Trípoli. De Libia a la frontera de Marruecos las redes la han trasladado en una semana.

Después de que fuese deportada al desierto fue rescatada por la propia red que la explotaba.

Paradójicamente Jennifer ha tenido suerte de ser víctima de trata, los que la acompañaban en su deportación murieron en su mayoría.

“En Trípoli vivíamos encerradas en casas, por la noche nos sacaban y nos repartían por casas de hombres árabes y negros donde nos violaban toda la noche, te obligaban a acostarte con ellos. Por la mañana te devolvían a la casa para descansar”, declara Jennifer embarazada de uno de sus violadores.

Desde varias páginas web se llama a la movilización internacional por los migrantes deportados en el desierto Libio, pidiéndose:

-          Libertad y derecho de asilo para los 250 exiliados deportados.

-          Finalización de la violencia de la policía Libia contra los migrantes.

-          Modificaciones de los acuerdos entre Italia y Libia y finalización de las políticas de deportaciones a terceros países.

Podeis expresar vuestra repulsa hacia la violación de derechos en Libia desde las siguientes páginas:

http://www.migreurop.org/article1738.html

http://www.migreurop.org/article1737.html

http://www.meltingpot.org/articolo15683.html


Condenado a muerte en 2006 por un tribunal libio.
De padre camerunés y madre Nigeriana.
Jean Jacques explica que en contadas ocasiones desde su detención ha podido comunicarse con alguien del exterior.

“ Estamos en el infierno esperando a ver cuando nos mandan al otro infierno. La espera es insoportable y el calor, siempre sientes calor. Todo se paga con favores, con corrupción, con poder. Si estás muerto porqué no te dejan vivir este tiempo con dignidad. A veces me pregunto qué es peor, la muerte o ser un perro en vida.”

La primera frase que JJ me regala me corta el aliento.

“ Volví de Marruecos, de saltar la valla de Nador, me deportaron a Mali y de ahí era volver andando a Camerún o ir con otros a Libia. Así que pensé trabajar un poco en Argelia, de ahí para Níger y entré en el infierno libio. Trípoli era una ciudad llena de gente, bulliciosa, en aquel momento tenía hasta un pasaporte en regla. Papeles y posibilidad de trabajar, incluso pensé en abandonar la idea de ir a Italia. Así que tuve unos meses de tranquilidad. Ya sabes lo fiesteros que somos los cameruneses, alcohol, bailes, que nos gusta la vida mucho. En el barrio hubo una gran pelea entre africanos. La policía hizo una redada tremenda y la pelea dejó dos muertos, creo que dos chicos nigerinos. La historia me pilló borracho y también entré en los golpes, pero no maté a nadie. Detención, tribunal en árabe, sin abogado, sin traductor, además me pillaron borracho algo muy grave en este país. Me pedían dinero pero no tenía en ese momento. Tardé casi un mes después de entrar en prisión en comprender que estaba condenado a muerte. No me lo creía, hubiera preferido morirme en aquella puta pelea”.

Dejo hablar a JJ que se siente cómodo al volver a usar el francés, lengua, en la que según él, puede expresar sus sentimientos.

“Dices corredor de la muerte y te imaginas las películas americanas, todo limpio, comida buena, libros, (ríe a carcajadas) aquí estamos llenos de mierda, en celdas de mierda, con comida asquerosa, toda mejora hay que pagarla, con favores, con dinero, con miedo. Soy pobre, vengo de familia pobre, de país pobre”.

JJ se permite con una gran ironía plantear su realidad.

“El año pasado hubo un indulto del Jefe libio y algunos pudieron salir de los corredores de la muerte. Así que espero a ver qué me depara la suerte. Tú me hablas de derechos humanos, que suena muy bonito, pero yo prefiero hablar de suerte, otros hermanos africanos hablan de Dios, pero yo he perdido mi fé, y prefiero hablar de suerte. No creo en los sistemas, ni humanos ni divinos”.

La Comisión Africana de los Derechos del Hombre y de los Pueblos apeló el año pasado al líder libio a suspender la pena de muerte a veinte nigerianos.
Este estamento respondía así a una demanda hecha por la ONG nigeriana SERAP.
Según el Abike Dabiri, presidente de la Comisión Parlamentaria de la Diáspora de Nigeria, 40 de sus compatriotas habían sido ya ejecutados en Libia y más de 200 condenados a muerte.
La radio de Ghana Peace FM difundía en el mes de abril una entrevista al diputado James Kwabena cuyo hijo estaba desde el año 2004 en el corredor de la muerte en Libia.
James denunciaba las irregularidades del tribunal que había emitido la condena y la situación de incomunicación que había sufrido su hijo. Pudo comunicar con él el diecinueve de abril, seis años después de su arrestación.
Organizaciones sociales denuncian que cientos de subsaharianos se encuentran condenados a muerte en países del Norte de Africa y Asia.
Acusados de asesinato algunos, pero muchos otros por atraco o tráfico de drogas en juicios de dudosa transparencia.
Abandonados a su suerte por sus propios países y sin medios económicos para asegurar una asistencia.
Es otra de las caras de la pobreza.