Pandoras Invisibles

Casadas en plena niñez por el rito tradicional de la Fatiha, miles de niñas marroquíes se enfrentan a matrimonios forzados y precoces, maternidad en plena adolescencia, servidumbre laboral y una larga lista de violaciones de sus derechos fundamentales.

Algunas de estas bodas esconden tras ellas la prostitución y la pedofilia y las niñas son repudiadas al poco tiempo de la ceremonia.

“Me casaron con diez años, apenas había tenido la regla. En la ceremonia estaba el Adoul que leyó el texto y nos dio su bendición. No había nada escrito claro está, estaba la dote que el señor pagó por mí a mi padre. El señor aquel era muy mayor, era como mi padre. Había venido en vacaciones al pueblo porque vivía en Europa. Pasé el mes con él en el pueblo, me enseñó lo que le tenía que hacer con él, ya sabes, todas las cosas sexuales y después volvió a Europa. Trabajé en la casa de su familia como una esclava, día y noche, lavando, limpiando, hasta que un día me devolvieron a casa de mi familia porque el señor había dicho que me repudiaba. De ahí, mi padre me envió a una familia en Casablanca para trabajar, decía que ahora era difícil casarme de nuevo y trabajé y trabajé. El señor de la casa abusó de mí y acabé en la calle. Allí empecé a prostituirme por dinero y un día decidí venir a Tánger donde sigo prostituyéndome. No tengo hijos y no quiero tenerlos, sobre todo no quiero tener una hija, no quiero tener una hija en este país”, declara Fatima.

Estos días, a seis años de la puesta en vigor del nuevo Código de la Familia marroquí y a las puertas de una reforma del Código Penal, algunos medios de comunicación del reino alaouita sacaban a la luz  cifras que revelaban una catástrofe en los derechos de la mujer, sobre todo en las zonas rurales de Marruecos. Un país cuya cara de desarrollo se circunscribe a algunas grandes ciudades y cuenta con inmensas zonas olvidadas.

La Moudawana o Código de Familia sufrió una importante reforma e hizo incrementar la edad del matrimonio de 15 a 18 años. Sin embargo, los matrimonios con menores son permitidos si los autoriza un juez, en principio mediando un informe social, médico y psicológico adecuado.

La realidad es que, según datos facilitados por el Ministerio de Justicia marroquí, las uniones legales con niñas menores de edad aumentaron de 2008 a 2009.

La pobreza, el analfabetismo, la falta de presencia administrativa en regiones alejadas y con dificultades de comunicación, son las principales causas que provocan la discriminación de las niñas.

Los matrimonios de menores continúan siendo un problema en algunas de las provincias más pobres como Beni Mellal, El Kelaa de Sraghna, Marrackech, Chichaoua, Errachidia y la zona del Rif.

Famoso fue en 2008 el matrimonio colectivo de casi 100 menores de entre seis y siete años que tuvo lugar en un pueblo del Medio-Atlas. Mediante la lectura de textos sagrados y con el consentimiento de los padres se establecía el compromiso de las niñas que irán a vivir con sus maridos cuando alcanzaran la pubertad, es decir, coincidiendo con su primera regla.

Las consecuencias son un alto número de niñas repudiadas, sometidas a explotación laboral en los domicilios de las familias de sus “maridos”, abandono escolar precoz e hijos nacidos de estas menores y que no tienen inscripción legal. Sin contar con todas las violaciones de los derechos sexuales y reproductivos, como la escasa o nula autonomía de decisión sobre su cuerpo, embarazos prematuros, alto nivel de abortos y aumento del riesgo de mortalidad materno-infantil.

La desprotección nos lleva a vislumbrar el crecimiento del fenómeno de “niñas de la calle”. Niñas en Casablanca que huyen de su trabajo como “petites bonnes” o lo que es lo mismo servidumbre laboral encubierta y justificada por la tradición. Una realidad en la que familias con poder adquisitivo tienen niñas trabajando internas desde temprana edad, niñas que muchas veces no recuerdan ni su hogar de origen.

Un problema que en Marruecos pocas organizaciones se atreven a identificar como trata con fines de explotación laboral. Y es que llamar a las cosas por su nombre da miedo pero nos hace visibilizar realidades y encontrar soluciones a la misma.

Otras menores acaban en el turismo sexual, cada vez más en auge en ciudades como Marrackech y Tánger,  paradójicamente en crecimiento ascendente con la presencia de los vuelos low-cost. Destino barato para los pedófilos.

Algunas inician un viaje en  redes de trata con fines de explotación sexual con destino sobre todo a Arabia Saudí, Qatar, Siria y Jordania.

Preguntarse porqué los matrimonios de corta duración bajo ritos tradicionales con menores pueden ser sospechosos de pedofilia, prostitución o explotación sexual puede llevarnos a enfocar las reformas legales necesarias para la protección de las menores. Romper tabúes para evitar llegar más lejos como sucede en otros países.

En Egipto forman parte de la normalidad bodas de un día de duración, en realidad una autoridad religiosa da un documento a la pareja y durante ése día los actos sexuales se hacen bajo el marco del matrimonio, con lo cual son legales. Al día siguiente la mujer es repudiada, y queda a la espera de su próxima “unión legal”.

El reto de una reforma adecuada del código penal es el que afronta el movimiento Printemps de la Dignité que agrupa a una veintena de organizaciones de mujeres y que apuestan por unas leyes basadas en la defensa de los derechos fundamentales en la línea de las Convenciones internacionales firmadas por Marruecos.

Esta “Primavera de la Dignidad” está dispuesta a luchar por el cambio de artículos penales relacionados con la violación, violación y violencia conyugal, aborto y la trata.