Pandoras Invisibles

  • El Comité contra la Tortura de Naciones Unidas obliga al Estado español a hacer justicia en el caso de Lauding Sonko, inmigrante senegalés muerto en 2007 a manos de la Guardia Civil, cuando intentaba cruzar a nado hacia Ceuta.

Archivo (AP Photo)El Estado, en su defensa, explicó que los hechos habían sido archivados por un juzgado de Ceuta, pero el Comité considera que “cabe al Estado parte explicar las circunstancias de la muerte del Sr. Sonko, toda vez que le han rescatado con del agua con vida. El Comité considera, asimismo, que independiente del hecho de que los guardias civiles hayan pinchado el flotador del Sr. Sonko o a qué distancia de la orilla lo hayan depositado, este fue dejado en condiciones que le causaran la muerte”. Ya que el comité observa que “los guardias civiles mantuvieron el  control sobre las personas a bordo y eran por tanto responsables de su integridad”.

Además, el Comité considera la imposición de “sufrimiento físico y mental antes de su muerte, agravada por la particular vulnerabilidad del autor como migrante”. El Comité condena al Estado español por violación de los artículos 16 y 12 de la Convención Contra la Tortura y Otros Tratos o Penas Crueles, Inhumanos y Degradantes. El comité “insta al Estado parte a efectuar una investigación adecuada e imparcial de los hechos que se produjeron el 26 de septiembre de 2007, a perseguir y condenar a las personas responsables de esos actos y a conceder una reparación integral que incluya una indemnización adecuada a la  familia del Sr. Sonko… el Comité desea recibir en un plazo de 90 días, a partir de la fecha de transmisión de la presente decisióm, información sobre toda medida que hay adoptado en respuesta a las observaciones formuladas supra”.

El caso de Lauding, que acabó en una tragedia irreparable, forma parte de una lista interminable de devoluciones ilegales e inhumanas efectuadas en la frontera de Ceuta.

El protocolo de devoluciones aplicado por la Guardia Civil a Sonko consistía en recoger a los inmigrantes mientras estaban nadando, subirlos al barco, y volver a tirarles al agua, para que volviesen a nadar en dirección a la playa marroquí. Muchas personas que habían sufrido esta práctica llegaban extenuadas, con hipotermias y eran detenidas por la gendarmería marroquí. Se quejaban también los inmigrantes que los guardias civiles les hacían fotos antes de volver a obligarles a nadar.

Así fue devuelto dos veces Smael, tras haber pedido asilo. Una de las veces casi pierde la vida y tuvo que recibir asistencia médica en Castillejo, ciudad fronteriza con Ceuta. “No me extrañó la muerte de Sonko, lo que me sorprende es que no hayan muerto muchos más, aunque claro no cuentan las personas desaparecidas a las que sus familias siguen buscando. La familia de Sonko al menos tiene la suerte de saber lo que pasó con él y dónde está enterrado”, Smael habla desde un profundo dolor porque en una de esas “deportaciones” de nuestras fuerzas de seguridad estuvo desaparecido para amigos y familiares durante quince días.

Lo peor de todo esto es que la muerte de Sonko no fue provocada por unos guardias civiles actuando de forma arbitraria, sino por un cuerpo de seguridad que cumplía órdenes de la Delegación de Gobierno de Ceuta. Esta práctica era institucional, lo que dificultó las investigaciones del caso Sonko y provocó que nuestra justicia ordenase el archivo de las actuaciones derivadas del fallecimiento de Launding.

Sonko fue trasladado al cementerio de Santa Catalina de la ciudad autónoma y enterrado como un número. Otros compañeros en el bosque de Ben Younes, próximo a Ceuta, habían guardado algunas de sus pertenencias. Entre ellas, había unas pulseras y la carta de inscripción consular. Con ese documento se logró poner nombre y apellidos a la víctima. Tras diversas averiguaciones se contactó con su familia en Senegal y con otros familiares residentes en Almería.

Sonko no estaba solo aquella madrugada del 26 de septiembre de 2007, las tres personas que le acompañaban, dos hombres jóvenes y una mujer de cincuenta y dos años, fueron deportadas al desierto, en la zona de Argelia, tras ser detenidas por las autoridades marroquíes. Así, se perdían los testigos de un hecho delictivo.

Buscarles no fue fácil pero no hubo ninguna dificultad en que colaborasen en dar su testimonio sobre los hechos, mostrando una gran valentía y solidaridad con su compañero muerto.

El relato de los testigos y también víctimas de tortura, daba luz a lo que había sucedido esa madrugada.

“El barco que nos ha sacado del agua se ha dirigido hacia la costa marroquí. Los guardias nos han empujado al agua. Antes de ello, uno de los guardias ha sacado un cuchillo y pinchado los salvavidas de los hombres. El chico costamarfileño vomitaba porque estaba muy cansado y gritaba que por favor no le tiraran que quería pedir asilo, que era refugiado. En ese momento uno de los guardias civiles le ha dado un golpe en la nuca y también le han tirado al agua. El costamarfileño se las ha arreglado para llegar a la playa.

El senegalés gritaba que no sabía nadar, y gritaba constantemente que no sabía nadar, y los guardias le han tirado al agua y reían, parecía como si pensaran que todo era una broma.  Al principio se ha agarrado a algo del barco, pero los guardias le han soltado del barco a la fuerza. Ya en el agua, el chico senegalés ha  bajado y subido a la superficie tres veces y a la tercera  ya no gritaba y entonces uno de los guardias, se ha tirado al agua para sacarle.

Ya en la costa, en el lado marroquí de Ben Youness, estábamos los cuatro en la playa. El costamarfileño había perdido el conocimiento por el esfuerzo y estaba medio ahogado. El senegalés estaba muerto.

La gendarmería marroquí se ha quedado con nosotros pero le ha dicho a la Guardia Civil que el muerto era de ellos, que ellos lo habían provocado.

Del lado español ha llegado la ambulancia. La guardia civil ha abierto la puerta de la frontera y dos camilleros han entrado unos metros, dos guardias han metido al senegalés sobre la camilla y le han transportado hasta la ambulancia española junto con los guardias.

Hemos pasado tres días en el puesto de la gendarmería a unos cincuenta kilómetros de Tánger, después nos han tirado a la frontera de Argelia”.

Después de identificada a la víctima y obtenidas las pruebas, la profesionalidad, la paciencia y el tesón del gran abogado Alberto Revuelta han hecho ver la luz de la justicia después de cuatro años. Mostrando así que el trabajo con migrantes debe salir del asistencialismo, tan cómodo para el Estado, y asentarse en la lucha por los derechos humanos y la recuperación de la ciudadanía.

Las fronteras  no pueden ser territorios sin ley de nuestra monarquía bananera. En Ceuta y en Melilla debe aplicarse la ley de procedimiento administrativo de negación de entrada y respetarse los Convenios Internacionales firmados por el Estado español.

Esperemos que esta condena sirva de precedente y logre frenar las vulneraciones diarias de derechos que se producen allí donde es fácil hacer desaparecer a las víctimas.


  • José desapareció el día de Nochebuena cuando se decidió a cruzar el estrecho de Gibraltar.
  • Lo último que se supo de él quedó grabado en el contestador de un teléfono. Entre ruido de olas, José pedía que se llamase a la Cruz Roja.

Parecería una metáfora navideña pero es una triste realidad.

José y diecinueve personas más están desaparecidas desde el pasado 24 de diciembre, cuando intentaron cumplir su sueño de llegar a Europa.

Se habían reunido entre todos y cotizado para comprar los materiales. Nada de intermediarios, ni pasadores, una especie de cooperativa, cuyos socios decidieron que aquella noche era la mejor.

“El mar engaña mucho. Después de misa, recogieron algunas pertenencias, yo no lo veía, el estrecho es muy complicado… fue la última vez que les vi”, declara un compañero.

Archivo (Arturo Rodríguez /AP Photo)

Los rumores circulan incesantes entre las comunidades migrantes.

“Parece que los senegaleses llamaron por teléfono a unos compañeros en Rabat porque habían tenido problemas en la patera. Les decían que llamasen a los servicios de rescate en España. Parece que llamaron. Eso es lo que dicen”, responde C. de nacionalidad nigeriana.

Lo que sí es cierto es que se encontraban en peligro y que llamaron pidiendo auxilio.

Ahora les lloran por los barrios. “Ayer nos dijeron que seguramente habían muerto todos, pero ¿dónde están los cuerpos?”, se lamenta A. entre lágrimas.

“Había una chica entre ellas pero no la conocemos. Cuando estás en la “aventura” intentamos saber de dónde viene cada uno, así, al menos, cuando alguien desaparece podemos llamar al barrio, en el país de origen, dar la alerta, buscarles”, declara N. con visible impotencia.

La única opción que les queda es seguir buscando, mientras los días van agotando la esperanza de las personas que amaban a José y al resto de sus compañeros de viaje.


El bautizado Movimiento 20 de febrero, que llama a la movilización pacífica de los marroquíes, ya está en la calle. Y es que, a tres días de que tengan lugar las manifestaciones, la población comienza a debatir sobre ello fuera de los foros de internet. En un país como Marruecos, con un alto grado de inmovilismo social, esto parece todo un logro y algunos aseguran que un signo de que el 20 será un éxito.

“Al menos se habla de los problemas que tenemos que son muchos, hay un debate abierto en la calle sobre si ir el domingo a las manifestaciones o no. Yo misma no lo tengo claro, aunque sea necesario, tengo también miedo. Nos cuesta movernos, no somos como Egipto, nuestra realidad social es diferente y nuestras tasas de analfabetismo muy altas”, asegura S., farmacéutica.

La amplia convocatoria bajo el lema Democracia y Libertad, recoge a movimientos de jóvenes, sindicatos y organizaciones de Derechos Humanos, a los que también se han unido los islamistas de Justicia y Caridad, ilegales en Marruecos, pero con gran  influencia en los barrios más desfavorecidos de las grandes ciudades.

Fuera se quedan la mayoría de los 46 partidos políticos. Desde hace años los discursos de libertad, democracia, justicia social, feminismo, han sido liderados en Marruecos por una clase social alta que se visibilizaba a través de asociaciones que recibían importantes subvenciones de la cooperación internacional. Esto ha creado un panorama de profesionalización de los movimientos sociales que ejecutan acciones y políticas que competen al Estado. Muchas de estas asociaciones tampoco se manifestarán el día 20.

El recelo que entre muchos grupos levantaba la convocatoria ha ido dispersándose gracias a los mensajes difundidos por Internet. Destaca entre ellos un vídeo colgado en youtube “Ana Magrebi-Ana Magrebia”, que resume de una forma clara y sencilla las consignas del movimiento. En él, un grupo de personas explican los motivos por los que se manifestarán ese día y que van desde el desempleo, los problemas en la educación, las dificultades del sistema sanitario, el descontento por la corrupción, el éxodo rural, hasta llegar a la falta de libertades individuales.

Imagen de previsualización de YouTube

Algunos raperos también se manifiestan  a través de canciones  que están llegando a los más jóvenes.

Aún así, la desconfianza hace mella en algunos discursos.“Soy escéptico de que la gente vaya a salir a la calle. Somos un país muy conformista, más que otros de la zona y nuestro sistema social es un sistema de control. Muy difícil escapar de él. La gente va a tener miedo a manifestarse”, asegura M., comerciante.

Los medios de comunicación también hacen su particular campaña contra algunos jóvenes considerados los líderes del Movimiento 20 de febrero. Durante las dos últimas semanas han aparecido publicadas en periódicos fotos de ellos relacionándolos con el consumo de alcohol y acusándolos de haberse convertido al cristianismo.

El Movimiento 20 de febrero se ha ido cocinando de forma lenta desde que en Túnez estalló la revuelta. Nadie quería precipitarse en Marruecos, querían discutir primero, ir shuia shuia (despacito, despacito) al ritmo magrebí.

Nadie sabe qué pasará el domingo pero los problemas ya están en la calle y se ha abierto un proceso donde las autoridades tendrán que tomar medidas para escuchar a la población, que ya se atreve a mostrar su descontento.

“Me acusan de ser demasiado optimista pero los jóvenes marroquíes se merecen al menos esa confianza. Hemos recibido amenazas y presiones, es normal, no va a ser fácil, creíamos que no llegaríamos a la fecha con esta fuerza,  pero lo vamos a hacer”


Nuestras políticas de externalización de fronteras han provocado un aumento de la violación de los derechos humanos en países terceros. Desde el sistema Frontex hasta el inmigrante muerto en una frontera parece haber un largo camino pero no es así. Los discursos políticos se alejan tanto de la realidad que no vemos el impacto que estos tienen sobre los seres humanos. Hoy quiero mostraros la situación angustiosa de un grupo de inmigrantes que fueron expulsados por las autoridades marroquíes a la frontera con Mauritania, a una zona que es tierra de nadie.

“Os suplico que nos rescatéis, no podemos continuar andando, vamos a morir en este desierto. Os lo suplico de nuevo. Estamos cerca de la frontera Mauritana, vemos la barrera Mauritana y los soldados”, grita Ebo al teléfono.

Expulsados de frontera en frontera y puestos lo más lejos posible de las puertas de Europa.

Esa es la máxima de nuestra política migratoria, de nuestro sistema garantista y de nuestra democracia. La forma en que esto se haga poco importa porque nadie lo verá, no aparecerán los cadáveres en los medios de comunicación, ni habrá familias pidiendo responsabilidades legales.

Sesenta personas fueron expulsadas antes de anoche a la zona antes mencionada. Los más fuertes decidieron adentrarse en el desierto y continuar andando para encontrar la forma de ir hacia adelante. Los que no podían más no tuvieron más remedio que usar su teléfono y pedir ayuda de forma desesperada.

No pueden ir hacia atrás pero tampoco hacia adelante, porque lo suyo no es una expulsión con un proceso administrativo ni con unas garantías, lo suyo es algo ilegal a todas luces, que viola las leyes internacionales pero que tampoco se ajusta a los convenios entre los dos países o a las leyes de extranjería nacionales.

Lo suyo es tirarlos como el que tira la basura para que no se vea fea alrededor de la casa del rico pagándole al que nos hace ese trabajo sucio.

El programa HERA que afecta las relaciones de control migratorio con Mauritania costaba en 2010 más de 80 millones de euros.

Aún nadie ha podido contestar a su petición de socorro. Siguen ahí, no hay acceso a la zona desde Marruecos, ni posibilidades de que entren de nuevo para ser asistidos.

No pueden entrar en Mauritania hasta el momento, las organizaciones de derechos humanos mauritanas dicen que habría que pedir un permiso especial del gobernador de la zona.

No dejo de pensar que cuando algo no es justo tal vez la militancia está en buscar otras estrategias por que las horas pasan sin que se encuentre una solución legal al problema de estos inmigrantes.

Y me pregunto, ¿deportarlos de esa forma se ajusta a derecho, a la legalidad?

“Pierdo las fuerzas, no nos queda mucha batería en el teléfono, os suplicamos que alguien nos ayude”, pide Ebo a las 8:31 de la mañana (hora marroquí) el uno de febrero.


¡Qué suerte nacer en la zodiac y no aquí en Marruecos!

Es la frase más pronunciada por las  compañeras de la embarazada que dio a luz en la patera del Mar de Alborán hace unas semanas.

¿Suerte? Pensaba lo que tendría que ser los dolores de un parto en el oscuro de un inmenso mar y se me agarra un nudo, no de los de garganta, sino de ésos que las mujeres tenemos en pleno útero.

Pero para las nigerianas, Happiness (nombre de la niña nacida en el mar) es una afortunada, una niña con estrella.

En estos días de loterías de navidades la palabra suerte tiene un significado muy diferente en ese otro lado norte del Mar de Alborán.

Y es que ante tanta desigualdad ¡Qué difícil se nos hace la construcción de una suerte común donde todas nos sintamos reconocidas!

La semana pasada quería escribir sobre esa mujer, para mí heroína contemporánea, cuyo culmen de su viaje es dar a luz en una patera. La rabia que sentía en el estómago leyendo y escuchando a los medios de comunicación españoles me impidió hacerlo.

En España habían elegido a su héroe y evidentemente no podía ser una mujer africana. Para periódicos y radios un hombre vestido de verde, un guardia civil, era el protagonista de esta historia.

No es que quite el mérito de dar calor a un recién nacido, pero la vida de esa niña no dependía de ese hombre y él sólo estaba cumpliendo con su deber, haciendo su trabajo.

No digo que no debamos entrevistarle en todos los medios, pero ese espacio de tiempo debería haber estado dedicado a esas mujeres, a todas las que son mamás como la madre de Hapiness.

Tiempo para saber de dónde vienen, por qué vienen, a dónde van, qué pasará con ellas y para reconocerles esas ganas de salir adelante y buscar un futuro donde no lo hay.

Pero es que ese parto tiene algo de revolucionario que no queremos reconocer, que nos cuesta. El nacimiento de Hapiness es una gran victoria sobre un sistema injusto y lleno de desigualdades.

Nos encontramos más cómodos ensalzando los elementos propios de nuestra construcción social, pero por mucho que nuestros medios escenifiquen los hechos con mecanismos de nuestro control, con color verde militar, la realidad es muy diferente.

Lo cierto es que Hapiness y su madre son negras, como el oscuro mar de Alborán por la noche, y son ellas las que lo arriesgaron todo y son ellas las que dieron vida en medio de la oscuridad.

Este parto es la capacidad de la mujer por sobrevivir, el derecho al movimiento y la supervivencia en plena efervescencia.

No hemos querido desde nuestros medios darle el protagonismo que merecían sus historias porque no nos interesa que nos cuestionen desde dentro.

Muchas de esas mujeres vienen a Europa para sufrir explotación sexual y lo hacen porque nuestro sistema social la demanda, las quiere cada vez más jóvenes y llenan las calles de muchos polígonos industriales. Salieron de Nigeria, de Edo State, donde la pobreza se mitiga con la trata de sus mujeres y niñas.

Entregaron su cuerpo y su alma a una red que les prometió llevarlas a Europa. Saben algunas que el final será la prostitución pero tienen interiorizado que es la única salida que les queda, la única respuesta ofrecida por un sistema de oferta y demanda donde el origen, tránsito y destino migratorio juegan un rol en la destrucción de las mujeres como personas.

Así, durante todo el camino los derechos fundamentales de las mujeres y niñas son pisoteados, no sólo por las redes de trata, sino también por los estados, donde las víctimas no son reconocidas como tales y son perseguidas como delincuentes.

Si escuchásemos a las mujeres nos contarían las violaciones constantes, la violencia física y psicológica sufrida durante meses o años, las deportaciones en plena noche acompañadas de bebés llorando de miedo, tiritando de frío y muriendo de hambre. Tal vez nos contasen también, cómo otras niñas, otras Hapiness, han nacido en el bosque, en el desierto, o en un ghetto de ramas y plásticos.

Supongo que nos costaría aceptar que pocas serán reconocidas por nuestro estado como víctimas de trata. Aún a  pesar de nuestras flamantes leyes, serán tratadas como inmigrantes irregulares y volverán a sufrir vulneración de sus derechos.

Algunas, liberadas con expediente de expulsión, pasarán a poblar nuestras calles ofreciendo sus servicios sexuales.

Otras, deportadas a Nigeria por nuestro estado, volverán a ser recuperadas a pie de avión por las redes e iniciarán un segundo viaje donde estarán mucho más endeudadas y  volverán a ser explotadas.

Paradójicamente, la militarización de fronteras ha conseguido reforzar las redes de trata con fines de explotación en unos espacios permeables para las mercancías.

Esto sucede, porque en realidad, estas mujeres y niñas son una mercadería más, demandada por nuestra sociedad, que se convierte en otro de los negocios del espacio fronterizo.

Y dicho todo esto, sigo pensando que me hubiese gustado que las protagonistas indiscutibles de la noticia hubiesen sido Happiness, su mamá y sus historias de vida.


“Los argumentos son una falacia y, además, dejan en grave riesgo la presencia de mis colegas en el país, contra los que pueden de manera arbitraria y en cualquier momento volver a utilizarlos”, así lo anunciaba Luis de Vega en la última entrada de su blog desde Marruecos. Había sido desposeído de su acreditación como periodista y no podía seguir ejerciendo la corresponsalía en este país vecino y amigo de la democracia española.

Luis ha sido siempre uno de los buenos corresponsales que tiene nuestro país y uno de los mejores periodistas especializados en migraciones.

El único pecado que podríamos achacar a Luis es trabajar en una empresa como el ABC. Y digo ABC como podría decir PRISA o el MUNDO, o qué contar de nuestras televisiones.

La mayoría de los periodistas se encuentran presos en estructuras empresariales de comunicación que perdieron la visión de que la información es un derecho y no un negocio o un aparato de propaganda del sistema.

En varios comunicados el gobierno marroquí cargaba contra los medios españoles y utilizaban para justificarse algunas medias verdades, no en lo referente al trabajo de los corresponsales claro está, pero sí en la deriva de nuestros medios.

Demasiadas “vacas sagradas” escribiendo desde Madrid sin estar en el terreno o demasiados recortes para que periodistas profesionales puedan ejercer con dignidad desde allí donde sucede la noticia. Y muchos errores, demasiados, en la veracidad de los mensajes.

Luís ha pagado por la falta de libertad de información pero también ha sido uno de los chivos expiatorios de los errores de nuestras empresas y de la complicidad del gobierno español.

Soportó una campaña de descrédito orquestada desde los medios de comunicación marroquíes que le habían señalado como antiguo soldado en Irak y Comandante Supremo del Comando formado por los periodistas españoles que trabajan en Marruecos.

Así se ha venido trasladando a la población marroquí la idea de que los periodistas son sólo una pieza más del engranaje de un conflicto, la parte propagandística del enfrentamiento de dos pueblos.

El sentimiento anti-periodistas españoles, se extiende despacio pero eficaz, camuflado por el patriotismo marroquí, Ceuta, Melilla y el Sáhara.

Así, mientras nosotros, los ciudadanos de ambos países, perdemos el tiempo en intentar odiarnos, nuestros gobiernos se aman y tienen orgasmos, y dan sus frutos en forma de empresas conjuntas o de casas de ex presidentes españoles en playas tangerinas.

Entramado de intereses incluso en los proyectos de cooperación bilaterales sin ejecución desde hace años y de los que nuestros gobiernos regionales aprueban segundas fases, sin pedir cuentas de los millones de euros desembolsados con anterioridad.

Un engranaje de codicias que necesita para su sustento matar al mensajero que ya no es una gran empresa de comunicación que, a su manera, también mantiene el sistema.

Como  enemigo se señala a los periodistas, aquellos que ejercen, los pocos a los que les dejan ejercer o que al menos lo intentan.

Porque ellos en realidad son el reflejo de la libertad de información que ya no defienden las grandes empresas.

Construir ciudadanía a través del derecho a la información debe ser una obligación para el informador, ya sea en España o en otros países.

Los mensajes no pueden estar al servicio del neocolonialismo, ni de los intereses de los grandes medios, ni jugar al juego de gobiernos corruptos, aunque esto suponga para muchos periodistas amenazas, expulsiones e incluso, jugarse la vida en el intento.

Gracias a Luís y a otros muchas/os por su trabajo.


Casadas en plena niñez por el rito tradicional de la Fatiha, miles de niñas marroquíes se enfrentan a matrimonios forzados y precoces, maternidad en plena adolescencia, servidumbre laboral y una larga lista de violaciones de sus derechos fundamentales.

Algunas de estas bodas esconden tras ellas la prostitución y la pedofilia y las niñas son repudiadas al poco tiempo de la ceremonia.

“Me casaron con diez años, apenas había tenido la regla. En la ceremonia estaba el Adoul que leyó el texto y nos dio su bendición. No había nada escrito claro está, estaba la dote que el señor pagó por mí a mi padre. El señor aquel era muy mayor, era como mi padre. Había venido en vacaciones al pueblo porque vivía en Europa. Pasé el mes con él en el pueblo, me enseñó lo que le tenía que hacer con él, ya sabes, todas las cosas sexuales y después volvió a Europa. Trabajé en la casa de su familia como una esclava, día y noche, lavando, limpiando, hasta que un día me devolvieron a casa de mi familia porque el señor había dicho que me repudiaba. De ahí, mi padre me envió a una familia en Casablanca para trabajar, decía que ahora era difícil casarme de nuevo y trabajé y trabajé. El señor de la casa abusó de mí y acabé en la calle. Allí empecé a prostituirme por dinero y un día decidí venir a Tánger donde sigo prostituyéndome. No tengo hijos y no quiero tenerlos, sobre todo no quiero tener una hija, no quiero tener una hija en este país”, declara Fatima.

Estos días, a seis años de la puesta en vigor del nuevo Código de la Familia marroquí y a las puertas de una reforma del Código Penal, algunos medios de comunicación del reino alaouita sacaban a la luz  cifras que revelaban una catástrofe en los derechos de la mujer, sobre todo en las zonas rurales de Marruecos. Un país cuya cara de desarrollo se circunscribe a algunas grandes ciudades y cuenta con inmensas zonas olvidadas.

La Moudawana o Código de Familia sufrió una importante reforma e hizo incrementar la edad del matrimonio de 15 a 18 años. Sin embargo, los matrimonios con menores son permitidos si los autoriza un juez, en principio mediando un informe social, médico y psicológico adecuado.

La realidad es que, según datos facilitados por el Ministerio de Justicia marroquí, las uniones legales con niñas menores de edad aumentaron de 2008 a 2009.

La pobreza, el analfabetismo, la falta de presencia administrativa en regiones alejadas y con dificultades de comunicación, son las principales causas que provocan la discriminación de las niñas.

Los matrimonios de menores continúan siendo un problema en algunas de las provincias más pobres como Beni Mellal, El Kelaa de Sraghna, Marrackech, Chichaoua, Errachidia y la zona del Rif.

Famoso fue en 2008 el matrimonio colectivo de casi 100 menores de entre seis y siete años que tuvo lugar en un pueblo del Medio-Atlas. Mediante la lectura de textos sagrados y con el consentimiento de los padres se establecía el compromiso de las niñas que irán a vivir con sus maridos cuando alcanzaran la pubertad, es decir, coincidiendo con su primera regla.

Las consecuencias son un alto número de niñas repudiadas, sometidas a explotación laboral en los domicilios de las familias de sus “maridos”, abandono escolar precoz e hijos nacidos de estas menores y que no tienen inscripción legal. Sin contar con todas las violaciones de los derechos sexuales y reproductivos, como la escasa o nula autonomía de decisión sobre su cuerpo, embarazos prematuros, alto nivel de abortos y aumento del riesgo de mortalidad materno-infantil.

La desprotección nos lleva a vislumbrar el crecimiento del fenómeno de “niñas de la calle”. Niñas en Casablanca que huyen de su trabajo como “petites bonnes” o lo que es lo mismo servidumbre laboral encubierta y justificada por la tradición. Una realidad en la que familias con poder adquisitivo tienen niñas trabajando internas desde temprana edad, niñas que muchas veces no recuerdan ni su hogar de origen.

Un problema que en Marruecos pocas organizaciones se atreven a identificar como trata con fines de explotación laboral. Y es que llamar a las cosas por su nombre da miedo pero nos hace visibilizar realidades y encontrar soluciones a la misma.

Otras menores acaban en el turismo sexual, cada vez más en auge en ciudades como Marrackech y Tánger,  paradójicamente en crecimiento ascendente con la presencia de los vuelos low-cost. Destino barato para los pedófilos.

Algunas inician un viaje en  redes de trata con fines de explotación sexual con destino sobre todo a Arabia Saudí, Qatar, Siria y Jordania.

Preguntarse porqué los matrimonios de corta duración bajo ritos tradicionales con menores pueden ser sospechosos de pedofilia, prostitución o explotación sexual puede llevarnos a enfocar las reformas legales necesarias para la protección de las menores. Romper tabúes para evitar llegar más lejos como sucede en otros países.

En Egipto forman parte de la normalidad bodas de un día de duración, en realidad una autoridad religiosa da un documento a la pareja y durante ése día los actos sexuales se hacen bajo el marco del matrimonio, con lo cual son legales. Al día siguiente la mujer es repudiada, y queda a la espera de su próxima “unión legal”.

El reto de una reforma adecuada del código penal es el que afronta el movimiento Printemps de la Dignité que agrupa a una veintena de organizaciones de mujeres y que apuestan por unas leyes basadas en la defensa de los derechos fundamentales en la línea de las Convenciones internacionales firmadas por Marruecos.

Esta “Primavera de la Dignidad” está dispuesta a luchar por el cambio de artículos penales relacionados con la violación, violación y violencia conyugal, aborto y la trata.


A unos días del final del Ramadán varios movimientos procedentes de la sociedad civil magrebí siguen reivindicando el derecho a no ayunar.

Bajo el paragüas del respeto a las libertades individuales y en nombre de la libertad de conciencia, el debate se ha extendido durante este mes liderado por MALI (Movimiento Alternativo por la Libertades Individuales) en Marruecos y por SOS LIBERTES en Argelia.

La lucha está encabezada por una juventud urbana que se mueve en facebook, apoyada por el discurso lúcido de algunos blogueros como Najib Chaouki.

Este último dice que hay que defender los derechos de aquellos que no quieren respetar el ayuno durante el Ramadán.

“Este grupo no hace un llamamiento a no ayunar durante el Ramadán, pero defiende los derechos de aquellos que no ayunan, como parte de la sociedad marroquí, teniendo el derecho a ejercer su libertad de no ayunar. ¿Porqué obligar a los que no ayunan a esconderse?. Queremos salir de la hipocresía social en la que vivimos”, declara Najib.

Su objetivo es poner en la palestra el artículo 222 del código penal marroquí que contempla penas de prisión para aquellos que rompen el ayuno de forma visible durante el mes sagrado. Critica esta legislación considerándola ambigua y que presupone que todo marroquí debe ser musulmán, excluyendo así a las minorías.

Los grupos más  conservadores de la sociedad marroquí no aceptan ni reconocen a los ateos y a los agnósticos. Algunas organizaciones de izquierdas de corte tradicional como la AMDH (Asociación Marroquí de Derechos Humanos),  la LADDH (Liga por la Defensa de Derechos del Hombre) y el MAK (Movimiento por la autonomía de la Kabilia), en ambos países del Magreb, han abierto también el debate sobre el laicismo y han dado apoyo a la defensa de la libertad de conciencia.

Pero las iniciativas de MALI y de los blogueros son diferentes, movimientos más frescos, intuitivos, movilizadores y participativos. Grupos de personas que no encuentran representación en las organizaciones tradicionales, que se perdieron en el resbaloso mundo de las subvenciones de cooperación al desarrollo.

Así, reinventándose asimismo, el MALI organizó el año pasado en Mohammedia una merienda al aire libre en pleno mes de Ramadán.

Internet es la base y la plataforma donde estos nuevos discursos  y convocatorias para la acción circulan libremente, puesto que los medios tradicionales se han dedicado difamar y atacar a los defensores de la libertad de conciencia.

Los discursos oficiales cuestionan el movimiento tildándolo de minoritario y acusándolo de ser sostenido por la “mano negra del extranjero”.

Ante las reacciones contrarias y conservadoras, en los medios marroquíes se publicaba un comunicado por las libertades individuales y cuyo resultado ha sido la adhesión de múltiples personas de la cultura y los medios de comunicación.

En el escrito  llaman la atención contra todos aquellos atentados a un principio fundamental y universal como es aquel de las Libertades Individuales y enmarcan la observación del culto como una opción personal.

SOS LIBERTES denunciaba que en Argelia en los últimos años decenas de personas habían sido detenidas y condenadas a penas de prisión por comer, incluso cuando lo hubiesen hecho de forma discreta o a escondidas.

El año pasado jóvenes argelinos que bebían agua fueron detenidos por la policía y acusados de actuar contra el orden público.

El artículo 144 bis 2 del código penal argelino condena los atentados a las normas del islam, “todo individuo que atente contra los preceptos del islam con escritos, dibujos o con cualquier otro medio es responsable de tres a cinco años de prisión”.

Así lo han sufrido durante este mes Hocine Hocini y Salem Fellak, dos obreros que fueron sorprendidos por la policía bebiendo agua durante el trabajo. Su encarcelamiento y su juicio previsto para el veintiuno de septiembre han generado una movilización internacional de solidaridad.

El proceso contra los “no-ayunadores” de Ouzellaguène se ha difundido también a nivel Europeo. La justicia argelina acusa al dueño de un local comercial junto a otras nueve personas de encontrarse comiendo en su establecimiento.

El juicio que debería haber tenido lugar el seis de septiembre ha sido pospuesto para el ocho de noviembre y los detenidos puestos en libertad provisional gracias al apoyo de numerosas organizaciones y de la sociedad.

La última detención de tres personas que comían en la calle se producía en Tebessa el martes pasado.

Las organizaciones argelinas exigen incluso que los cafés y restaurantes puedan abrir para aquellos que no ayunan durante el ramadán.

Entre los periodistas también hay voces que se han alzado defendiendo el derecho a no ayunar, como la del comunicador Akram Belkaïd del Diario de Orán.

Al mismo tiempo, varias asociaciones internacionales han recordado al gobierno argelino que su país ha ratificado los Tratados relativos a los Derechos Humanos y el Pacto Internacional relativo a los Derechos Civiles y Políticos.

No es una lucha contra el Islam sino por la libertad de conciencia, y además las sociedades magrebíes están preparadas para abrir un debate, reclaman miles de personas desde facebook.

Poner en lo público estos temas puede abrir el camino hacia la reivindicación de otros derechos individuales como la libertad individual de creencia, la libre determinación de los pueblos, la orientación sexual y otros que son aún tabú en las sociedades magrebíes.


El movimiento forma parte intrínseca del ser humano y  la libre circulación es uno de los derechos fundamentales nacidos del espíritu de supervivencia.

“Moverse es algo natural para nuestra etnia. Ni siquiera durante la colonización francesa dejamos de movernos buscando espacios mejores. Hemos recorrido desiertos una y otra vez. Buscábamos sal, agua, ganado. Después volvimos a movernos hacia el trabajo en las plantaciones. El movimiento forma parte de la costumbre. Mi sobrino viajaba buscando algo mejor, también decía que buscando libertad”, declara un familiar de uno de los desaparecidos en el Mar de Alborán.

El 29 de agosto sobre mediodía recibo una llamada. Al otro lado del teléfono una persona me informa que el 28 sobre las diez de la noche hora española,  una zódiac con 37 personas, entre ellas cuatro mujeres, había salido desde las costas próximas a Alhouceimas con destino a Andalucía.

Tres días después y con un dispositivo de rescate que ha buscado exhaustivamente en zona española y  marroquí, nada se sabe de los desaparecidos.

La mayoría de ellos procedían de Costa de Marfil y viajaban con su estatuto de refugiado envuelto en plástico para protegerlo del mar.

Otros provenían de Mali y Guinea. Uno de ellos era enfermero y dejaba su dossier de notas a buen recaudo con las instrucciones de enviárselo cuando estuviese en España.

Dos de las cuatro mujeres estaban embarazadas y harían dieciocho años en los próximos meses.

Un día antes, 57 inmigrantes subsaharianos y de Bangladesh estuvieron a punto de ahogarse cuando la zodiac había zozobrado. Fueron rescatados por dos barcos, que les encontraron sobre la embarcación que ya se había dado la vuelta. Algunos se hallaban con el agua al cuello y el resto comenzaban a sumergirse mientras la patera se hundía rápidamente. Ellos tuvieron suerte y su vida se salvó por minutos.

Del grupo, 10 fueron trasladados a Melilla y 47 a Alhuceimas, desde donde sufrieron inmediatamente una deportación al desierto.

El dolor y la incertidumbre son los efectos directos de la tragedia sobre los familiares y amigos.

El miedo y la pesadumbre son los efectos colaterales que se extienden a toda la comunidad migrante.

Al shock que se produce tras un drama como éste hay que unir el recrudecimiento de las medidas represivas tras la visita de Rubalcaba a territorio marroquí.

Veinticuatro personas fueron detenidas el  lunes 30 en los barrios de Mesnana y Aouama, en Tánger. La madrugada del martes 31 todo el grupo era trasladado  a Oujda para su deportación.

Lo más sangrante es que entre ellos se encuentran seis mujeres con sus bebés, una de ellas con gemelos de seis meses de edad y tres chicas embarazadas, dos de ellas menores.

Allí, en la ciudad fronteriza con Argelia, se reunirán con los detenidos de las redadas de esa misma fecha.

“Es la primera vez que algo así pasa en Oujda. La policía iba casa por casa buscando inmigrantes. Hasta ahora sólo los buscaban en la Facultad o bien en el campo. En mi casa han tocado a la puerta y mi casero les ha dicho que yo tenía los papeles en regla y que me dejasen tranquilo”, declara S. procedente de Costa de Marfil.

El domingo 29 más de cien inmigrantes habían sido detenidos en Ouja en una operación cuyo objetivo fue el campus universitario, los bosques colindantes a la ciudad y los refugios próximos a la frontera con Argelia.

“Los testimonios de los migrantes que han conseguido volver a Oujda el lunes después de un juego de ping-pong entre los militares marroquíes y argelinos, declaran haber sufrido una violencia y brutalidad desmesurada en su detención. Los testimonios hablan también de la utilización de perros policías, de cámaras y fotos para documentar la operación… las autoridades marroquíes han decidido, bajo mandato europeo, que las huellas digitales sean obligatorias y consten junto a la imagen de los inmigrantes… la base de datos Eurodac, que contendrá las huellas de los migrantes y será la prueba, si los migrantes desembarcan a Europa, para enviarlos automáticamente a Marruecos”, declara en un comunicado la organización marroquí ABCDS.

Asistimos de nuevo al mercadeo de la subcontratación del control fronterizo. Gadafi, con su habitual falta de pudor, sacaba los colores a nuestras cacareadas democracias y llamaba a las cosas por su nombre.

“Libia, con el apoyo de Italia, exige a Europa al menos 5.000 millones de euros anuales… Es en interés de Europa, porque si no, mañana, el avance de inmigrantes podría convertirla en África, en un nuevo continente negro”, dijo Gadafi.

Paguen religiosamente y haremos su trabajo sucio es, en resumen, lo que el líder libio declaró en Roma. Otros países del Norte de África no son tan expresivos pero juegan al mismo juego con Europa.

¿Es moral, legal y justo pagar cuando sabemos que con nuestro dinero se violan los derechos humanos?

El tráfico de armas, de drogas y la trata de personas son los tres grandes negocios que no dejan de transitar por nuestras fronteras. Los que más dinero dan y los que más se refuerzan día a día paradójicamente. La militarización y la externalización han fortalecido el poder de las redes de trata para explotación sexual.

Cuando nuestros estados hacen hincapié en frenar la libertad de circulación, en las avalanchas, en el miedo al mestizaje, los ciudadanos olvidamos que las fronteras no son más que un gran business del que se benefician los de siempre.

Cada cruce, cada movimiento migratorio, cada desaparecido es también una visibilización de un sistema injusto, torpe y asesino.

El sábado cinco de septiembre una patera era localizada casi en aguas argelinas. Eran los desaparecidos. Treinta y cuatro habían sobrevivido tras ocho días a la deriva. Tres habían muerto y sus cuerpos lanzados al mar. Al límite de sus fuerzas, sin comer ni beber agua, resistieron sostenidos de lejos por las solidaridad y las súplicas de familiares y amigos.


Querida niña:

Hace poco que tu vida ha cambiado sin que tú lo sepas.

Tu madre te llevaba en su regazo mientras cruzabais un mar que la dejó sin vida.

Ahora tú tienes un futuro diferente del que aún no eres consciente.

Quería hablarte de tu madre y tal vez estas letras sobrevivan al tiempo y un día puedas encontrarlas.

Naciste en Trípoli, Libia. Cumpliste seis meses en este mes de julio. Te pusieron la primera vacuna en Marruecos.

La primera vez que vi a tu madre te llevaba pegada a su espalda y tú estabas dormida.

Tu mami me pareció linda, con un cuerpo menudo, casi adolescente, que movía con una tremenda gracia.

Al principio me pareció que tenía una mirada triste pero no era cierto. Cuando comencé a hablar con ella una gran sonrisa se dibujó en su cara.

La noté presumida y llena de esperanza. Te mostraba orgullosa.

Me quedó clavada en la memoria la imagen de su espalda en la que se dibujaba tu silueta mientras atravesaba la puerta. Esa fue la última vez que os pude ver.

No eres la única niña que llegó sola al otro lado del Estrecho.

Pensando en ti estos días me han venido a la mente varios pequeños que atravesaron solos la valla de Ceuta y Melilla, que llegaron a Barajas con unas personas y unos pasaportes que no eran suyos o que fueron rescatados del mar como tú.

Con el paso del tiempo os preguntareis cosas, buscareis a vuestras familias.  Espero  incluso que os atreváis a denunciar a los estados por todos los desaparecidos que la injusticia social deja en el camino.

Serán otros tiempos de los que formáis parte como futuro.

Querida niña,  si llegas a saber cómo fueron los últimos años de vida de tu madre posiblemente te asustarás y no entenderás nada. No la culpes, no te culpes, busca respuesta en un sistema que destroza a los pobres del mundo.

Quédate con su búsqueda de futuro, quédate con su sueño de esperanza, quédate con su linda imagen de cuerpo menudo, casi adolescente, llevándote a la espalda.