Pandoras Invisibles

Imagina que la historia de una mujer africana ha dado la vuelta al mundo.
Imagina que la escuchaste en la radio, la leíste en un blog o la colgaste en facebook.
Sabes que te emocionó, te hirió, te llenó de rabia.
A mí, autora de ese escrito, me ha conmocionado la difusión dada al mismo. Mensajes desde Argentina, Alemania, Chile, Irlanda, España y Argelia, además de traducciones del texto al inglés, francés y alemán han sido la respuesta de miles de personas solidarizándose y denunciando el sufrimiento de Freedom.
Freedom, libertad, es el nombre ficticio elegido por ella para relatar el final de aquel capítulo de su vida.

Tánger diecisiete de febrero de 2010
Recuperamos a Freedom y a su niña en uno de los barrios de Tánger. La noche anterior la habíamos llevado a la improvisada iglesia que los inmigrantes tienen en la zona. Allí había encontrado consuelo en las lágrimas de sus amigas y en los cánticos de un pastor evangélico.
La policía había advertido que la madre debía presentarse en el Tribunal de Primera Instancia para ser llevada junto a su marido ante el Procurador del rey.
A las nueve y media estábamos en el Tribunal.
Freedom tenía la opción de no presentarse, arriesgaba su salud en ello. Durante el trayecto en coche decía que no podía abandonar a su pareja y que no había hecho nada malo. Esperaba sólo que el Tribunal le diese un documento para enterrar a su hijo y liberase a su compañero. Así ella podría recibir asistencia médica adecuada y tener el necesario reposo.
Nos pareció valiente su decisión y decidimos acompañarla y apoyarla.
Cerca de las once de la mañana vimos a su pareja entrar por la puerta del Tribunal. Venía esposado junto a otros hombres acusados de violación y robo. Lo enviaron a los calabozos.
La policía nos decía que no había por qué preocuparse, era un simple trámite para conseguir los papeles y enterrar al bebé muerto.
Esperamos toda la mañana hasta que sobre las tres de la tarde la policía se acercó a buscarla. Ella y la niña fueron conducidas también a los calabozos.
Allí, con violencia, nos impidieron seguir con Freedom.
La enviaron junto a las mujeres marroquíes detenidas y volvió a mirarnos con la misma angustia del día anterior. Estaba agotada, seguía sangrando.
Nos despedimos de ella viendo como la niña jugaba con las rastas de su padre a través de los barrotes de la celda.
La policía se mofaba de nosotros gritándonos que serían expulsados al desierto y que además los expulsaban porque así lo quería el gobierno español, hermano de Marruecos.
Buscamos rápidamente la asistencia de un abogado y esperamos en la sala. Tras cuatro juicios, el letrado se acercó al juez para pedirle resolver cuanto antes el dossier amparándose en el estado de salud de la mujer.
Vimos al juez sonreír y al abogado salir de la sala, con asombro nos informaba que ya habían sido juzgados.
No entendíamos nada, ¿juzgados dónde?,¿juzgados cuándo?.
Esperamos una hora más y vimos salir a Freedom, su pareja y su hija escoltados por un policía. Eran sobre las seis de la tarde.
Nos abrazamos. No habían entendido qué había pasado porque nadie les había traducido, pero creían que estaban libres.
El policía se encargó de decirles que no era así, que serían conducidos a comisaría, a la brigada de extranjería para ser deportados al desierto.
Freedom pedía el documento para enterrar a su hijo.
Forcejeando logramos entrar a la comisaría. Allí uno de los responsables de extranjería nos enseñaba un papel en árabe firmado por el juzgado que, según él, les obligaba a la deportación. A la vez este funcionario de policía, gritaba hablando de leyes de extranjería, de políticas españolas para deportar a los africanos, nos amenazaba y sentíamos una violencia desmedida en sus palabras.
Freedom pedía clemencia, estaba agotada, se la veía derrumbada. Todo esto para ni siquiera poder enterrar a su hijo.
Pedimos pagar la asistencia médica de ella y la comida para la familia. Se negaron, decían que ellos valorarían lo que necesitaban aquellos negros que habían cometido el delito de ser ilegales.
La discusión subió de tono y acabamos empujados fuera de la sala.
La rabia se convirtió en lágrimas de Freedom, de su pareja, mías y de mi compañero.
El miedo se convirtió en gritos de aquella niña de dos años que ha aprendido que su particular hombre del saco usa uniforme y es blanco.
Volvimos con el sabor amargo de la derrota, con la frustración del sin sentido.
Movíamos todos los contactos para continuar luchando al día siguiente cuando sonó el teléfono. Era Freedom, se encontraba muy mal físicamente pero contenta. La policía había tenido miedo de su estado de salud, de su entereza y los había liberado hacía cinco minutos.
La alegría se convirtió en lágrimas de Freedom, de su pareja, mías y de mi compañero.
Fueron al hospital.
El doctor nos dijo que estaba destrozada por el parto, que necesitaba reposo, tranquilidad, bajar la infección, cortar la hemorragia y mucho, mucho apoyo moral.
Freedom se ha recuperado físicamente aunque aún no ha podido enterrar a su hijo.

Imagina que Freedom ha superado otra batalla.
Imagina que le quedan muchas otras.
Imagina que la lucha de Freedom es tu lucha.


Tánger dieciséis de febrero 2010

Imagina que diste a luz el domingo pasado en un hospital público marroquí. Un niño precioso.

Imagina que te dieron el alta al día siguiente, lunes.

Imagina que volviste a casa, cansada, sangrando del post-parto, con dolores aún en un útero que lucha por volver a su sitio.

Imagina que en casa te está esperando tu niña de dos años y dos meses y tu pareja.

Imagina que esta mañana mientras bañabas al bebé comenzaste a ver que le costaba respirar.

Imagina que corriste al hospital público marroquí.

Imagina que te dijeron que no podían atenderte.

Imagina que fuíste dos veces.

Imagina que la tercera vez tu bebé dejó de respirar casi en la puerta del hospital.

Imagina que pediste auxilio por tu bebé muerto.

Imagina que se lo llevaron a la morgue del hospital.

Imagina que a ti, a tu niña de dos años y dos meses y a tu pareja os llevaron a comisaría.

Ahora imagínate retorciéndote de dolor en las entrañas, el dolor agrio de la muerte de tu hijo, el dolor de un útero que te recuerda recién parida, el dolor de una leche que sube a tus senos duros como piedras. Pero imagínate NEGRA, imagínate AFRICANA, imagínate POBRE, imagínate SIN PAPELES.

Estás sentada, doblada sobre tu vientre en aquel sucio despacho de policías que van y vienen y te hablan en una lengua que no entiendes. Allí te miro e intento traducirte las preguntas que me parecen estúpidas, crueles e inhumanas.

Quieren saber qué  haceis en su reino, cómo habeis entrado y cuánto tiempo llevais aquí. Quieren saber cómo os llamais, cómo se llaman vuestros padres y porqué habeis venido.

Tu pareja grita y pide piedad. Sabe que todas las preguntas van dirigidas a justificar una deportación al desierto. Tu pareja grita y te tranquiliza llamándote “honey”.

Tu niña sonríe, juega con su gorro y canta “haleluya”.

La policía busca un intérprete de árabe a inglés para hacer el parte y llevaros a Tribunal.

Me dices que si te deportan al desierto y allí te violan no crees que aguantarás el dolor, que aún estás recién parida.

Un policía se me acerca y me pregunta : ¿Por qué haceis ésto? ¿Por placer?. Este amable policía llama “esto” a acompañar a unos padres sumidos en el dolor, a comprar algo de comida para una niña que lleva todo el día sin probar bocado y a intentar traer un poco de humanidad o al menos de buen trato a esa puñetera comisaría.

Entonces le miro, me horroriza su frialdad, y le contesto, lo hacemos por amor. Veo en él a esos seres que comen, cagan y hacen de policía para poder seguir comiendo y cagando. Siento lástima.

Detienen a tu pareja en comisaría y me dicen que como caso humanitario te dejan dormir en casa. Mañana tienes que pasar el Tribunal junto a tu marido.

Te hundes. Es la primera vez que te veo enderezar ese vientre que te duele. Gritas y lloras hasta que un policía te manda callar.

No lo soporto, me puede la escena y le pido por favor que entienda que tu hijo ha muerto hoy, que estás recién parida, que te duelen las entrañas.

Me responde con desprecio que en este reino hay unas leyes, que aquí se hace lo que dice el procurador del rey y que tú eres una NEGRA CLANDESTINA.

Mañana iremos al Tribunal, mañana un hombre de este reino decidirá si te tiran a ti y a tu niña al desierto de madrugada. A partir de ahí la suerte decidirá  si serás violada, si tu hija será raptada o porqué no violada también.

Imagínate que todo eso te ha pasado hoy.

Imagínate que a todas nos duelen sus entrañas.

Imagínate que a todas nos duelen nuestras entrañas.