Pandoras Invisibles

  • Francófonos y anglófonos juntos en una patera que iba sobrecargada.
  • 24 adultos y dos niñas de uno y tres años, son los desaparecidos en una patera que se encontró hundiéndose a dos millas al sur de la costa española.
  • 30 supervivientes, entre ellos tres mujeres. Dos de ellas posibles madres de los bebés muertos.

Salieron de las costas marroquíes la madrugada del jueves cinco de mayo. La zódiac, que era de las pequeñas, llevaba demasiada carga.

“La gente está desesperada, la situación en África es muy difícil y en los países árabes también. La desesperación les lleva a aceptar un viaje en condiciones de riesgo mayores. Hoy es un día complicado, me siento triste por todo lo que ha pasado, por la gente perdida pero también enfadado, no se puede enviar a la gente a la muerte de esa forma, no se puede sobrecargar las barcas. Entiendo que los pasadores marroquíes no den valor a la muerte de nuestros hermanos porque casi siempre nos ven como animales, pero nosotros tenemos que controlar”, declara un refugiado costamarfileño.

Doce horas después de la salida de la zódiac nadie había logrado contactar con ellos y las informaciones contradictorias empezaron a circular en Oujda y Rabat.

“Se esconden cuando deciden pasar a Europa, no se lo dicen a nadie, dicen que están de viaje. Nunca sabes realmente si tu compañero de casa se ha movido para irse o no, es la ley del silencio. Totalmente normal y comprensible, pero después de un accidente es mucho más difícil saber quién realmente iba en la embarcación”. Fode sospecha que un compañero burquinabe estaba  en esa patera.

La mañana del viernes seis de mayo se despertó con la noticia y de madrugada la información corría como la pólvora por todas las ciudades de Marruecos.

“Dicen que han muerto 39. He viajado dos veces para ir a Almería, las dos veces nos interceptó la policía marroquí y me enviaron a la frontera deportada. El riesgo del viaje es muy grande, pero muchas de nosotras tenemos que ir porque tenemos una deuda, esa deuda hay que pagarla y no decidimos sobre el viaje. He dicho que no viajaría de nuevo, sobre todo después de enterarme de la noticia”, declara Beauty, nigeriana.

La resaca de la información durará varias semanas. Algunas de las familias en origen lograrán ser informadas de lo que ha pasado y otras nunca lo sabrán.

Amina vino a buscar a su marido del que no sabía nada desde hacía cinco meses.

Hace una semana se enteró que se embarcó en una zódiac pequeña de remos junto con otros cinco senegaleses. Su objetivo era llegar a Algeciras. No se ha sabido nada de ninguno de los seis.

Amina dice que volverá a Senegal con la certeza de que el mar se tragó a su marido, aunque reconoce tener un poso de esperanza y que él la llame algún día desde España, pidiéndole perdón por haber pasado tanto tiempo sin dar noticias.


Oujda y Víctor

Oujda es la capital de la Región Oriental de Marruecos. A catorce kilómetros de Argelia en su punto más corto respecto a la frontera.

Una meseta semidesértica, con inviernos donde se dan muertes por frío y veranos calurosísimos.

Viven del contrabando con Argelia, todo es objeto de mercado en esa frontera. El contrabando es bien visto, es riqueza  e incluso algunos lamentan que los productos chinos que son tan baratos puedan ser el final de los intercambios con el vecino argelino.

Y es que, a pesar de los conflictos entre los dos países, los oujdíes apoyarán a Argelia en este mundial y para ello el gobernador les ha prometido una pantalla gigante en una de las nuevas y modernas plazas de la ciudad.

La mayoría en España conocemos Oujda por ser el lugar mayoritario de entrada de migrantes subsaharianos en Marruecos y también por ser la zona donde las autoridades alaouitas efectúan la mayoría de sus deportaciones.

Los “africanos” no sólo viven en el campus universitario de Oujda, también están dispersos en diversos asentamientos en la frontera que ellos llaman tranquilos, algunos estables y otros móviles. Los migrantes dicen que en el campus están protegidos por la solidaridad de los estudiantes de la universidad  y cuentan historias, entre realidad y leyenda urbana, de cómo en medio de las redadas los universitarios vuelcan furgonetas de la policía para defender a sus hermanos migrantes.

Víctor sobrevive en esa frontera, es congoleño y tiene nueve años. Su casa está en un tranquilo estable, es una chabola, un ghetto (como lo llaman ellos) de plástico y ramas en medio de un bosquejo de pinos.

Ahí está su madre que salió huyendo de la violencia en la región de Kivu y tres hermanos más pequeños que él. La última niña era gemela de otra, que murió durante el parto, porque la asistencia médica no pudo llegar a tiempo.

Los inmigrantes tienen miedo a acceder por si mismos al hospital público de Oujda y  cualquier caso tiene que ser enviado a través de ONGs que están desbordadas por la situación.

Tiene Víctor unos ojos tremendamente grandes, es delgado, no va al colegio y sus días transcurren entre las necesidades y la violencia.

No dejo de mirarle porque por primera vez tras el 2008 le pongo cara. Víctor pasó a nado a Ceuta y fue devuelto a Marruecos, perdiéndole la pista en la segunda deportación que sufrió a Argelia.

Queja interpuesta al defensor del pueblo (PDF) por hechos acaecidos el 14 de octubre de 2008.

Que el día martes a las 19 horas marroquíes (21 horas españa), sobre la hora de la llamada al rezo de ruptura del ramadán, … (varón mayor de edad, de nacionalidad congoleña) y … (congoleño de siete años) entraron en el mar en la zona marroquí de castillejo para alcanzar la costa de ceuta y su objetivo era pedir asilo en tierras españolas.

Un familiar del pequeño… me avisa por teléfono de esta situación. Inmediatamente y ante la corta edad del pequeño y la peligrosidad del mar me pongo en contacto con el 112 a través de mi teléfono español … y aviso de estos efectos. El primer 112 que recoge la llamada es andalucía y me pasan al 112 de ceuta. El 112 de ceuta avisa que va a poner en conocimiento los datos a la guardia civil.

Momentos después recibo una llamada de la guardia civil de ceuta desde un número que comienza por 956. El que se identifica como un agente de la guardia civil me hace una serie de preguntas y me identifico. El guardia civil me informa que por el momento no hay nadie en el agua porque las cámaras térmicas no detectan a nadie y que tienen un parte de sus compañeros de que han encontrado dos subsaharianos en el agua pero que éstos ya han sido devueltos a marruecos.

Al día siguiente, miércoles a la mañana, recibo otra llamada desde un número oculto a mi teléfono español. otro hombre que se identifica como agente de la guardia civil me dice que me llama para verificar la llamada que hice ayer y me pregunta por el estado de salud del menor, le informo que el menor está detenido en la comisaría de castillejo, me vuelve a insistir sobre su estado de salud y cuándo le digo que parece que el menor fue devuelto por la guardia civil me dice que él no está al tanto y que me agradece que les avise porque el agua es muy peligrosa.

A  las siete de la tarde hora marroquí de miércoles 24 recibo una llamada del adulto que acompañaba al menor y que se identifica como … Me confirma que están en comisaría en tetuán y que esperan un autobús que les enviará a oujda para ser deportados a la frontera de argelia. Le pregunto por el niño y me dice que está durmiendo, que se encuentra muy cansado.

Está nervioso le hago algunas preguntas y me dice de forma apresurada que pasaron dos horas en el barco de la guardia civil, que había un guardia civil que hablaba bien francés y que quería llevar al menor, que tenía un shock térmico, al hospital, pero que el jefe de este guardia civil no les dejó. Que incluso le dijeron que le deportarían a él pero que no al menor. En ese momento la conversación se corta.

Qsta mañana, jueves 26, sobre las nueve hora marroquí, he hecho una nueva llamada al teléfono con el que ayer comuniqué con … He podido hablar y tomar nota de su relato. He aquí lo que me ha contado:

“Entramos al agua sobre las siete hora marroquí, cuando el imán llama al rezo para la ruptura del ayuno. Hemos nadado sobre 30 minutos desde la playa de castillejo y he pasado la barrera que entra al agua. En este momento nos ha recuperado una lancha de la guardia civil con tres guardias a bordo. Uno de ellos hablaba bien francés y era muy cortés.Eel que hablaba francés dice que va a tomarnos unas fotos para mostrárselas a su jefe. Nos hace fotos con la cámara digital. Me declaro congoleño y pido asilo.El niño tiene mucho frío y el guardia que habla francés dice que va a llamar a su jefe para llevar al niño al hospital. Le llama por teléfono varias vece y discuten, yo entiendo algunas palabras de español y después él me traduce y me dice que su jefe no acepta llevar al niño al hospital y que nos tienen que devolver a marruecos. El agente discute con su jefe. Estamos al menos dos horas en el barco. Yo me siento preocupado por la salud del niño.

El barco se acerca a la zona marroquí y en principio la policía marroquí no quiere aceptar al niño. Les dice a los agentes que tienen que llevar al niño al médico, pero tras varias discusiones me empujan a la arena y me entregan al niño. Nos llevan a comisaría a castillejo y trasladan al niño al hospital. Ahora nos envían deportados a oujda. Pedí asilo en reiteradas ocasiones, también dije que se llevaran al niño, que yo no era su responsable y que tenía miedo por lo que le pudiese pasar en marruecos, pero el jefe de ceuta no lo aceptó”.

Hablo con el niño por teléfono y me dice que tiene miedo.

Contestación a la queja del defensor del Pueblo con fecha 17 de noviembre de 2008

Estimada señora:

De conformidad con lo previsto en el artículo 18.1 de la Ley Orgánica 3/1981, de 6 de abril, del Defensor del Pueblo, se ha recibido el preceptivo informe solicitado por esta Institución a la Comandancia de la Guardia Civil en Ceuta, en el que, entre otras, se contienen las siguientes precisiones:

“Con relación a la supuesta solicitud de asilo, por parte del adulto rescatado en las aguas marroquíes, hemos de afirmar categóricamente que es incierta, ya que no existió tal solicitud. No obstante, de haberse realizado, al estar en aguas jurisdiccionales de Marruecos, correspondería atender tal solicitud al Consulado español en dicho país, lugar donde según la Ley corresponde su presentación (la Guardia Civil se encontraba en aguas marroquíes a los efectos de realizar un salvamento -servicio humanitario-).

Con relación a las supuestas fotografías que afirman que se les hicieron, hemos de decirle que, en el caso que nos ocupa, no se realizaron; no obstante, hemos de suponer que si no existe negativa por parte de los interceptados, hecho del que no se hace referencia, y siempre con fines policiales (identificación posterior en su caso, comprobación de su estado físico, determinación del lugar de interceptación, etc.) en principio no parece contravenir norma alguna y mucho menos atentar contra los derechos de las personas; otro caso sería el uso que se hiciera de las mismas, en caso de existir.

Con independencia de lo anterior, le significo que, de la conversación mantenida por el patrón de la embarcación con el adulto interceptado, éste afirmó ser el padre de menor que le acompañaba, circunstancia que igualmente recoge el diario El Faro de Ceuta en su edición del 14 de octubre actual. No parece de recibo que un adulto ponga en grave riesgo la vida de su hijo, con independencia del fin que ambicione, y al no lograrlo, pretenda derivar su responsabilidad hacia unas Fuerzas de Seguridad, que sólo hacen cumplir con sus obligaciones”.

Por todo lo anterior, se ha resuelto dar traslado de los hechos a la Fiscalía General del Estado para su conocimiento, así como a otros organismos de la Administración, solicitando la remisión de informes complementarios, de cuyo resultado se le dará traslado.

Estos fueron los documentos de lo que pasó en 2008 y frente a mí está Víctor que habla poco.

Le digo: “En España eres muy conocido”.

Entonces me mira con una sonrisa tímida y sincera.

“Eres muy valiente”, vuelvo a decirle.

Entonces se pone completamente derecho para mostrar su orgullo de poder soportar todas esas situaciones.

“Pero no le hables de la guardia de Ceuta, porque no lo soporta”, dice su madre.

Entonces retira la mirada y comienza a molestar a unas hormigas que hay en el suelo.

Al marcharnos veo que no me pierde de vista, así que le digo: ¿Qué quieres?.

Víctor responde: Por favor quiero una bicicleta.