Pandoras Invisibles

Inmigrante (Arturo Rodríguez / AP)

Una de las lectoras de Periodismo Humano, publicaba en Facebook el siguiente comentario “se me acaba de parar el corazón”. Lo que le había hecho expresar tan maravillosamente un sentimiento de rechazo había sido esta información que había ido contando durante el día:

Hoy una patera con muchas embarazadas e hijos pasó horas a la deriva en el Estrecho de Gibraltar. Finalmente fueron localizados por el servicio de rescate español en aguas marroquíes. Estas son las últimas noticias conocemos de mano de nuestra compañera Helena Maleno: “Todos/as los ciudadanos/as rescatados de la patera en el estrecho, incluídos mujeres embarazadas y bebés, están en manos de la policía esperando la deportación. En el puerto de Tánger las fuerzas de seguridad marroquíes usaron la fuerza para sacarles del barco español que les había rescatado, les pegaron, les pegaron… después siguieron pegando… hay que recordar una hora antes estaban a punto de morir ahogados y presentaban síntomas de hipotermia. Me dice una de ellas “Que dios te bendiga y que bendiga también a los que nos salvaron, pero yo estoy tan cansada”… Buenas noches.

Sentí que Beauty (nombre ficticio), una de las inmigrantes de la patera,  había conectado con una de nuestras lectoras y que me haría ilusión contárselo, si la veía después de ser deportada.

Recuerdo cuando vi a Beauty en su país de origen. Hacía un calor horroroso dentro y fuera del pequeño habitáculo donde se hacinaba con la familia. Le regalé unos zapatos de tacón de colores chillones y ella me ofreció una bebida, mientras hablábamos de su vida. Una familia estupenda, llena de niñas sonrientes. Beauty es una mujer muy fuerte y pensé que si sobrevivía en esa situación sería capaz de hacer cualquier cosa.

Recuerdo cuando vi a Beauty la última vez. Fue en otro pequeño habitáculo de Tánger, luciendo su embarazo y con la cara un poco apagada. Estaba enferma y con asma, aunque contaba, que probablemente daría a luz a una niña a la que aún no había puesto nombre.

Desde ayer a hoy he hablado mucho por teléfono con Beauty. Me llamó para decirme que ella también estaba en la patera que había salido de Tánger rumbo a Tarifa, que habían navegado poco porque el motor se había parado, que el mar estaba muy mal, que incluso había llovido.

Beauty y sus compañeros se alegraron mucho cuando vieron el helicóptero español que les estaba buscando, al que poco después se uniría el barco de salvamento marítimo de Tarifa, que les rescató de una muerte segura.

Hablé con ella cuando ya estaba en el barco español, me contó que le habían dicho que iría a Tarifa, que se había herido en una pierna y que había vomitado mucho. Inmediatamente le pregunté por sus ataques de asma y me pidió que le enseñase cómo se decía asmática en castellano.

Beauty y los demás no llegaron a Tarifa porque Marruecos decidió hacerse cargo de ellos, ya que habían sido rescatados en sus aguas territoriales. A mi mente vinieron los naufragios del veintinueve de noviembre y de diciembre, muertes producidas en aguas de Marruecos por una nula o mala intervención.

En el puerto de Tánger las fuerzas de seguridad marroquíes usaron la fuerza para sacarles del barco español que les había rescatado. Les pegaron, les pegaron y después les siguieron pegando para sacarles mientras los rescatados hacían resistencia pacífica al negarse a salir. Dicen que durante la entrega de los inmigrantes, en el puerto de Tánger, había un representante de la policía española desplazado desde el consulado. Entre los treinta pasajeros de la patera, había ocho mujeres embarazadas y seis mamás con bebés de edades comprendidas entre los cuatro meses y los seis años. Hay que recordar que una hora antes estaban a punto de morir ahogados y presentaban síntomas de hipotermia. Las mujeres embarazadas fueron trasladadas al hospital, dándoles el alta inmediatamente y puestas a disposición judicial. Anoche, Beauty me decía “Que dios te bendiga y que bendiga también a los que nos salvaron, pero yo estoy tan cansada”.

La noche ha sido larga para los inmigrantes. El shock postraumático del accidente lo han pasado en un centro de la policía, esperando ser deportados a la frontera con Argelia.

Hablo por teléfono con una de las inmigrantes que fue rescatada de la patera de ayer. Se encuentra detenida con su hijo. El niño llora tan fuerte que casi no la oigo al teléfono, sólo escucho que el niño grita “¡Mama hungry! (“Mamá, hambre, en español”). Seis niños/as, desde los seis años a los cuatro meses, necesitan comer y que les den ropa para cambiarse “porque han vomitado, se han cagado encima y tienen frío”, dice una de las mamás.

La policía ha prometido que esta mañana traerían algo de comer.

Beauty dice que le duele mucho la pierna, que no tiene ventolín para hacer frente a las crisis de asma y que ha pedido asistencia médica.

A pesar de todo, cuenta que está bien, su voz suena fuerte esta mañana. “Si nos van a deportar que lo hagan cuanto antes, aunque deberían dejar libres a las mujeres embarazadas y a los bebés”


  • José desapareció el día de Nochebuena cuando se decidió a cruzar el estrecho de Gibraltar.
  • Lo último que se supo de él quedó grabado en el contestador de un teléfono. Entre ruido de olas, José pedía que se llamase a la Cruz Roja.

Parecería una metáfora navideña pero es una triste realidad.

José y diecinueve personas más están desaparecidas desde el pasado 24 de diciembre, cuando intentaron cumplir su sueño de llegar a Europa.

Se habían reunido entre todos y cotizado para comprar los materiales. Nada de intermediarios, ni pasadores, una especie de cooperativa, cuyos socios decidieron que aquella noche era la mejor.

“El mar engaña mucho. Después de misa, recogieron algunas pertenencias, yo no lo veía, el estrecho es muy complicado… fue la última vez que les vi”, declara un compañero.

Archivo (Arturo Rodríguez /AP Photo)

Los rumores circulan incesantes entre las comunidades migrantes.

“Parece que los senegaleses llamaron por teléfono a unos compañeros en Rabat porque habían tenido problemas en la patera. Les decían que llamasen a los servicios de rescate en España. Parece que llamaron. Eso es lo que dicen”, responde C. de nacionalidad nigeriana.

Lo que sí es cierto es que se encontraban en peligro y que llamaron pidiendo auxilio.

Ahora les lloran por los barrios. “Ayer nos dijeron que seguramente habían muerto todos, pero ¿dónde están los cuerpos?”, se lamenta A. entre lágrimas.

“Había una chica entre ellas pero no la conocemos. Cuando estás en la “aventura” intentamos saber de dónde viene cada uno, así, al menos, cuando alguien desaparece podemos llamar al barrio, en el país de origen, dar la alerta, buscarles”, declara N. con visible impotencia.

La única opción que les queda es seguir buscando, mientras los días van agotando la esperanza de las personas que amaban a José y al resto de sus compañeros de viaje.


  • Francófonos y anglófonos juntos en una patera que iba sobrecargada.
  • 24 adultos y dos niñas de uno y tres años, son los desaparecidos en una patera que se encontró hundiéndose a dos millas al sur de la costa española.
  • 30 supervivientes, entre ellos tres mujeres. Dos de ellas posibles madres de los bebés muertos.

Salieron de las costas marroquíes la madrugada del jueves cinco de mayo. La zódiac, que era de las pequeñas, llevaba demasiada carga.

“La gente está desesperada, la situación en África es muy difícil y en los países árabes también. La desesperación les lleva a aceptar un viaje en condiciones de riesgo mayores. Hoy es un día complicado, me siento triste por todo lo que ha pasado, por la gente perdida pero también enfadado, no se puede enviar a la gente a la muerte de esa forma, no se puede sobrecargar las barcas. Entiendo que los pasadores marroquíes no den valor a la muerte de nuestros hermanos porque casi siempre nos ven como animales, pero nosotros tenemos que controlar”, declara un refugiado costamarfileño.

Doce horas después de la salida de la zódiac nadie había logrado contactar con ellos y las informaciones contradictorias empezaron a circular en Oujda y Rabat.

“Se esconden cuando deciden pasar a Europa, no se lo dicen a nadie, dicen que están de viaje. Nunca sabes realmente si tu compañero de casa se ha movido para irse o no, es la ley del silencio. Totalmente normal y comprensible, pero después de un accidente es mucho más difícil saber quién realmente iba en la embarcación”. Fode sospecha que un compañero burquinabe estaba  en esa patera.

La mañana del viernes seis de mayo se despertó con la noticia y de madrugada la información corría como la pólvora por todas las ciudades de Marruecos.

“Dicen que han muerto 39. He viajado dos veces para ir a Almería, las dos veces nos interceptó la policía marroquí y me enviaron a la frontera deportada. El riesgo del viaje es muy grande, pero muchas de nosotras tenemos que ir porque tenemos una deuda, esa deuda hay que pagarla y no decidimos sobre el viaje. He dicho que no viajaría de nuevo, sobre todo después de enterarme de la noticia”, declara Beauty, nigeriana.

La resaca de la información durará varias semanas. Algunas de las familias en origen lograrán ser informadas de lo que ha pasado y otras nunca lo sabrán.

Amina vino a buscar a su marido del que no sabía nada desde hacía cinco meses.

Hace una semana se enteró que se embarcó en una zódiac pequeña de remos junto con otros cinco senegaleses. Su objetivo era llegar a Algeciras. No se ha sabido nada de ninguno de los seis.

Amina dice que volverá a Senegal con la certeza de que el mar se tragó a su marido, aunque reconoce tener un poso de esperanza y que él la llame algún día desde España, pidiéndole perdón por haber pasado tanto tiempo sin dar noticias.


Me asquea, me molesta, me da rabia, me avergüenza,  la forma en que algunos medios han tratado las muertes de la última patera.

El insigne diario El País incluso se equivoca en los datos  y su artículo repite en varias ocasiones el calificativo de “sin papeles”, como si el no tener un documento de la maravillosa Europa hiciese a las personas muertas menos importantes.

Las víctimas han pasado como un dato más de la jornada, porque en el fondo lo que importa es la final del Mundial de Fútbol, la roja.

Un rojo, el de nuestra bandera, que para muchos medios es mucho más importante que el rojo de la sangre de mujeres y menores africanos.

Porque además no son nuestros muertos,  son los muertos de otros y además son “muertos sin papeles”.

Cuarenta y cinco personas salieron del tranquilo de Oujda, entre ellas diecisiete mujeres y cinco bebés. Rescataron a treinta siete, cinco cadáveres y treinta y dos personas aún con vida.

El trayecto fue difícil y la zodiac se fue desinflando por el camino, entre el peso y las altas temperaturas. Cuando el barco fue localizado por Salvamento Marítimo el agua ya había entrado y  algunas personas habían sido tragadas por el mar. Otras murieron cuando volcó la patera, al quedar atrapadas debajo de la misma.

Todo apunta a que las madres se ahogaron al intentar mantener con vida a sus hijos.

Trece muertos son el horroroso balance del accidente, tres bebés, nueve mujeres y un hombre.

En Granada queda una niña que ha perdido a su madre y su familia se encuentra al otro lado de la frontera.

Desde Oujda, Rabat, Libia y Nigeria se expande el dolor por lo que ha pasado.

Las llamadas no cesan preguntando nombres, datos sobre los menores, pidiendo explicaciones por lo sucedido.

Todo el mundo necesita saber si sus compañeras, sus amigas o sus familiares están vivos o muertos.

Pero todas las preguntas  tienen que esperar, esperar a que alguno de los supervivientes llame e informe.

Familiares que no pueden presentarse ante las autoridades españolas para obtener una información oficial, que no pueden reconocer a sus muertos porque son “sin papeles”.

Nunca me cansaré de repetirlo, detrás de esas mujeres y bebés muertos hay nombres, apellidos, familia, dolor, pobreza, violaciones de derechos humanos, sonrisas y esperanza. Detrás de las nueve muertas está la sombra de la trata con fines de explotación sexual, futuro casi seguro para las supervivientes.

La familia de Ousman desde Senegal y Francia le sigue buscando. Salió el siete de junio de la playa de Bel Younech en una pequeña zódiac junto a tres compañeros. Tres cuerpos se encontraron posteriormente, para la familia de Ousman está siendo una odisea poderle identificar.

También en el mes de junio, una zodiac rescatada en la isla de Alhouceimas por la Marina Real Marroquí había perdido a cinco de sus pasajeros. Horrible era escuchar los gritos desesperados a través de la línea telefónica, las súplicas de miedo mientras contaban que habían perdido a otro compañero.

Reivindico que todas las víctimas son también nuestros muertos, nuestras mujeres y que el rojo de su sangre que tiñe nuestros mares es un rojo mucho más importante que el de cualquier bandera.