Pandoras Invisibles

“Los argumentos son una falacia y, además, dejan en grave riesgo la presencia de mis colegas en el país, contra los que pueden de manera arbitraria y en cualquier momento volver a utilizarlos”, así lo anunciaba Luis de Vega en la última entrada de su blog desde Marruecos. Había sido desposeído de su acreditación como periodista y no podía seguir ejerciendo la corresponsalía en este país vecino y amigo de la democracia española.

Luis ha sido siempre uno de los buenos corresponsales que tiene nuestro país y uno de los mejores periodistas especializados en migraciones.

El único pecado que podríamos achacar a Luis es trabajar en una empresa como el ABC. Y digo ABC como podría decir PRISA o el MUNDO, o qué contar de nuestras televisiones.

La mayoría de los periodistas se encuentran presos en estructuras empresariales de comunicación que perdieron la visión de que la información es un derecho y no un negocio o un aparato de propaganda del sistema.

En varios comunicados el gobierno marroquí cargaba contra los medios españoles y utilizaban para justificarse algunas medias verdades, no en lo referente al trabajo de los corresponsales claro está, pero sí en la deriva de nuestros medios.

Demasiadas “vacas sagradas” escribiendo desde Madrid sin estar en el terreno o demasiados recortes para que periodistas profesionales puedan ejercer con dignidad desde allí donde sucede la noticia. Y muchos errores, demasiados, en la veracidad de los mensajes.

Luís ha pagado por la falta de libertad de información pero también ha sido uno de los chivos expiatorios de los errores de nuestras empresas y de la complicidad del gobierno español.

Soportó una campaña de descrédito orquestada desde los medios de comunicación marroquíes que le habían señalado como antiguo soldado en Irak y Comandante Supremo del Comando formado por los periodistas españoles que trabajan en Marruecos.

Así se ha venido trasladando a la población marroquí la idea de que los periodistas son sólo una pieza más del engranaje de un conflicto, la parte propagandística del enfrentamiento de dos pueblos.

El sentimiento anti-periodistas españoles, se extiende despacio pero eficaz, camuflado por el patriotismo marroquí, Ceuta, Melilla y el Sáhara.

Así, mientras nosotros, los ciudadanos de ambos países, perdemos el tiempo en intentar odiarnos, nuestros gobiernos se aman y tienen orgasmos, y dan sus frutos en forma de empresas conjuntas o de casas de ex presidentes españoles en playas tangerinas.

Entramado de intereses incluso en los proyectos de cooperación bilaterales sin ejecución desde hace años y de los que nuestros gobiernos regionales aprueban segundas fases, sin pedir cuentas de los millones de euros desembolsados con anterioridad.

Un engranaje de codicias que necesita para su sustento matar al mensajero que ya no es una gran empresa de comunicación que, a su manera, también mantiene el sistema.

Como  enemigo se señala a los periodistas, aquellos que ejercen, los pocos a los que les dejan ejercer o que al menos lo intentan.

Porque ellos en realidad son el reflejo de la libertad de información que ya no defienden las grandes empresas.

Construir ciudadanía a través del derecho a la información debe ser una obligación para el informador, ya sea en España o en otros países.

Los mensajes no pueden estar al servicio del neocolonialismo, ni de los intereses de los grandes medios, ni jugar al juego de gobiernos corruptos, aunque esto suponga para muchos periodistas amenazas, expulsiones e incluso, jugarse la vida en el intento.

Gracias a Luís y a otros muchas/os por su trabajo.